Tantadel

enero 21, 2015

El avanzado cinismo del PRD

En masa, los catorce delegados del PRD optaron por “pedir licencia” para buscar diputaciones. Si fracasan en su cínico intento por permanecer dentro del erario, regresarán a buscar de otra forma mantenerse dentro de la inaudita política mexicana. Los habitantes de la ciudad capital están desconcertados, pero ya están mayoritariamente cooptados por tal organismo que heredó los vicios del PRI de un modo asombroso y perfecto, pues han superado al maestro en materia de corrupción. Según algunas encuestas, dicho partido sigue dominando al DF, aunque Morena parece, según afirma el eterno Mesías, obtendrá más de una delegación. Para los medios se trata de una lucha entre las “izquierdas”, cuando en realidad es una pugna por el poder sin ninguna decencia ni dignidad.

Bien vistas las cosas, y si México fuera una nación de leyes y decoro político, los “chapulines” que ahora están a punto de saltar de un hueso a otro, sumarían muchos años de cárcel. Pero el PRD y Morena son formaciones insertas en un sistema político tortuoso que parece más bien un mercado de trabajo.

El más antiguo de los partidos, el Revolucionario Institucional, por más que afirme que dará la lucha por el DF, carece de elementos humanos e ideológicos para encauzar la batalla por la capital. Su prestigio es nulo, al contrario, sus siglas son parte de las ironías y ofensas comunes dentro de la chusma política. Y al interior de los partidos jóvenes, recién nacidos, los que ya también han recibido fortunas y se aprestan a participar del enorme pastel, por carecer de cuadros experimentados, dicen con toda desfachatez, tal es el caso del Partido Humanista, que recibirán a toda clase de políticos, sin preocuparse por sus principios. Afirman los voceros de este partido recién nacido, pero igualmente ya desprestigiado, que sus puertas están abiertas a todos aquellos profesionales de la política que no encuentren posibilidades de mantenerse en la carrera, sea provenientes del PRI, del PAN o del PRD. Ésta es la catadura ética de los partidos que han comenzado a decirnos que son ciudadanos y ahora quieren tener en sus filas a tránsfugas de los partidos mayores.

Claro, ponen “candados” ¿Cuáles? Probar su honestidad y declarar el origen de sus fortunas y acaso comprobar que no son parte del narcotráfico. ¿Y para ello, el gobierno federal les concede inmensas sumas de dinero? ¿Para mantener vivo el juego de las patrañas, para alimentar y promover ladrones y estafadores políticos?

Pero como suele ocurrir, cuando no hay ideales ni proyectos seriamente trabajados, ya los partidos pequeños disputan internamente por los dineros.

Ni remedio, en México eso que llamamos democracia, pluripartidismo para que todos estemos representados, es una buena broma o una manera discreta de distribuir el ingreso nacional. La Iglesia Católica, que no se caracteriza por su buena conducta, que ha vivido siempre en lucha con el poder civil a veces es dura, otras discreta, fiel a su necesidad de entrometerse en los asuntos terrenales, ha declarado, refiriéndose a los políticos “chapulines” que ahora vemos sin pena ni asombro, que urgen políticas y “reforma legales que impidan el oportunismo de los políticos chapulines que brincan de un puesto a otro sin rendición de cuentas”. Y no deja de tener razón: ningún delegado cumplió con sus promesas de campaña y ya dejaron botadas las delegaciones para asegurar un puesto legislativo para tener fuero y desde allí no trabajar por la ciudad sino mantenerse en una eterna carrera política, que les permita recibir dinero. La lista se multiplica y para llevar a cabo su tarea demoledora, son legisladores, delegados, secretarios del GDF o de algún gobierno estatal como Guerrero. Tal es el caso de El Pino y está por serlo el de Amalia García, como lo ha sido Pablo Gómez, quien lleva multitud de encargos en las cámaras y en la Asamblea Legislativa del DF. Sólo es para eternizarse y cobrar. Sus resultados no han sido los mejores.

Los pobres priistas y los patéticos panistas se mueren de envidia al ver la asombrosa movilidad de los perredistas y de lo que aquí llaman sin rubor “las izquierdas”.

El jefe de Gobierno Mancera sigue orgulloso de ser “apartidista”, “ciudadano”, pero por ahora está feliz: sin delegados en el DF, puede al fin ser un pequeño dictador a la manera en que lo eran los jefes de gobierno priistas.

No hay comentarios.: