Tantadel

enero 25, 2015

Entre Vladimir Nabokov y Philip Roth

Lolita produjo una revolución literaria que entró en el campo de lo prohibido.

He publicado trabajos sobre Vladimir Nabokov. También he escrito acerca de Philip Roth, mi candidato para el Premio Nobel. Al primero lo leí cuando publicó Lolita (1959), novela que me impresionó a pesar de haber estudiado con cuidado otras obras eróticas como Fanny Hill, atribuida a John Cleland, diversos libros de Sade y del inimitable Henry Miller, genio del erotismo, como lo calificó Norman Mailer. El divertido libro de Daniel DefoeLas aventuras amorosas de Moll Flanders, la delicada novela pasional de D. H. LawrenceEl amante de lady Chaterley, los cuentos enardecidos de Anaïs Nin, las páginas libertinas de Geoffrey ChaucerVoltaireBocaccio y una larga serie de obras de amor-pasión.
A ellas y muchas más, recurrí cuando en 1970 escribí mi primer libro amoroso: La lluvia no mata a las flores. Volví a este género, impulsado por El gran Gatsby de Fitzgerald y El túnel de Sabato, para escribirTantadel. En ese momento confesé que nada he inventado, mi literatura es producto de lecturas, aunque por allí flote la sospecha de que narro experiencias reales.
Esto es acaso más obvio en un libro que editó el Fondo de Cultura Económica: Cuentos de hadas amorosas. Añado un elemento personal: esos autores fueron mis maestros sexuales. Cada uno me brindó conocimientos teóricos que no fue complicado llevar a la praxis. Si elKama Sutra me parecía una suma de recetas bobas, no las valiosas escenas pobladas del erotismo de narradores occidentales.
Sin duda Nabokov con Lolita produjo una revolución literaria y amorosa que entró en el campo de lo prohibido. Un hombre mayor, Humbert Humbert se enamora apasionadamente de su hijastra. La elegancia de las escenas, el toque poético y audaz, una prosa juguetona y personajes maravillosamente logrados, la hizo una obra maestra. 
Semejante impresión me produjo El animal moribundo de Roth. Era la escritura amorosa de un hombre mayor leída por otro, yo. El personaje es un profesor universitario, David Kepesh, y acaso su último gran amor es una joven universitaria, Consuelo.
No me pareció, como a algunos críticos, provocadora, sino una historia de amor desigual, lo que suele producir resultados devastadores. En este caso, la mujer joven termina por aburrirse del viejo sin duda experimentado, sensible y con elevado coeficiente intelectual, pero con sus facultades amorosas mermadas por razones naturales. Lolita deja a Humbert Humbert para convertirse en ama de casa. El cambio es sin duda excesivo. El final de la audaz relación entre el viejo académico y la guapa muchacha de origen cubano es más compleja como apreciamos en El animal moribundo, e ingresa en el campo de la libertad amorosa, lo que me hizo escribir una línea: El matrimonio, según Roth, es una prisión de máxima seguridad.
El lenguaje de ambos es bello por razones distintas. Nabokov es dueño de una cultura multinacional, nace en San Petersburgo dentro de una familia aristocrática que se exilia en países occidentales: Inglaterra, Francia, Alemania, EU, Suiza, sitios que disfruta dando clases y viviendo principalmente en hoteles. Eso le concede una prosa rica en matices. Comenzó escribiendo en ruso, lo más destacado lo hizo en inglés. Era un distinguido cosmopolita.
Philip Roth es originario de New Jersey, también profesor de literatura inglesa. Cada una de sus novelas es una encantadora provocación que podemos apreciar desde los títulos: Me casé con un comunistaEl lamento de Portnoy (mi favorita), la trilogía Pastoral americana y La mancha urbana. Tiene multitud de premios, incluido el Pulitzer, considerado el Nobel del idioma inglés. Para algunos críticos y lectoresEl animal moribundo es autobiográfico. No importa. Es admirable la manera en que entiende y vive las relaciones amorosas con mujeres menores que él y lo buscan atraídas por su inteligencia y cultura.
La diferencia entre lo que leí y lo que he escrito es la creación de mujeres autosuficientes, seguras de sí, no son aquéllas que esperan tímidamente que el varón las provoque o les pida, ellas toman iniciativas audaces.
No dependen de los hombres ni económica ni intelectualmente, es decir, son independientes y saben decidir sin titubeos. Representan la libertad, como antes Frida KahloMaría FélixMachila ArmidaTina Modotti o Nahui Ollin decidieron hacer de sus vidas algo legendario y ejemplo de lo que debe ser una sociedad moderna, donde el sexismo no exista.


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