Tantadel

enero 26, 2015

Estuve en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco

El doctor José Manuel Piña Gutiérrez, rector de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, gentilmente invitó, entre otras personas de la academia y la cultura, a dos escritores que han tenido el honor de recibir el Premio Malinalli, concedido anualmente por dicha institución: el poeta Dionicio Morales y yo. Se trató de la lectura de su tercer informe de actividades. Piña Gutiérrez hizo un recuento de los avances de la UJAT. El balance es impresionante. Mejoras en los planes académicos, más licenciaturas y posgrados, la creación de nueva infraestructura a lo largo del estado y una estrecha vinculación a universidades de México y del extranjero con el fin de intercambiar conocimientos y conquistas, las hazañas de sus profesores e investigadores y la creciente Feria del Libro cuyas sedes ya no están concentradas en Villahermosa, sino por diversos puntos del estado.

En el presídium estuvo acompañado por sus más cercanos colaboradores y por el gobernador Arturo Núñez. Fue una ceremonia grata en la que el doctor Piña Gutiérrez, sin vanidad, expuso los avances de su administración en todo los campos: la docencia, la investigación, la difusión de la cultura, mientras que entre quienes lo escuchábamos había embajadores, rectores de otras universidades hermanas y representantes de multitud de instituciones ligadas a la investigación científica. Cerca de mí, por ejemplo, estaba el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, doctor Humberto Veras Godoy, otra universidad ejemplar, bien conducida y altamente avanzada y progresista.

Sin duda lo más interesante, lo que me asombró, fue una suerte de epílogo, donde Piña Gutiérrez expuso la visión futurista de la UJAT. ¿Cómo será en el año 2028? Las pantallas reflejaron las maquetas y los cimientos de los nuevos edificios en los que se llevará a cabo la docencia y la investigación. Jamás en mi larga vida académica había visto algo semejante. Nos pareció una hazaña que la administración actual no sólo cumpliera cómodamente con lo relativo a las promesas para el 2014, sino que mirara hacia el futuro. En México, al menos, tal suceso es inexistente.

En su turno, el gobernador Arturo Núñez, quien a petición del Consejo Universitario dio por clausurada la ceremonia, habló con la brillantez y la cultura que le conocemos desde hace años. Recurrió a una serie de grandes pensadores y teóricos, de Platón a Popper, pasando por León Trotsky, para concluir qué requiere un país para ser gobernado con inteligencia: el conocimiento. Con elegante ironía se dirigió al representante de Emilio Chauyfett y le dijo que al titular de la SEP no se le olvidara que el aprecio a una institución educativa se refleja en la sana y generosa distribución del presupuesto.

Poco interés siento por este tipo de ceremonias, pero la verdad es que la correspondiente a Tabasco fue emotiva y particularmente inteligente y promisoria, no sólo para Tabasco, para el Sureste, sino para todo México. Es poner un proyecto educativo a la altura de los mejores del mundo, de un planeta que se achica y compite entre sí.

El trabajo del doctor José Manuel Piña Gutiérrez es en verdad ejemplar. Cumplió con sus metas y fue más allá, como pudimos escuchar una tarde-noche memorable para la academia mexicana. Vale la pena añadir que el informe completo nos fue entregado en un voluminoso libro, pleno de información de sus conquistas y en un disco compacto que vale la pena analizar: la UJAT es una inmensa vanguardia de la que poco conocemos en la arrogante capital.

En lo personal, quiero agradecer las atenciones personales que recibí del ingeniero Miguel Ángel Magdonel, titular de la Dirección Cultural y Extensión, que fue afectuoso y como siempre un funcionario eficiente.

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