Tantadel

enero 09, 2015

La decadente izquierda mexicana (Segunda y última parte)

La revolución rusa es posterior a la mexicana, sin embargo, la primera posee una carga política e ideológica bien definida. La segunda es la violencia desatada por las injusticias y la miseria ancestrales. Madero no era Lenin. Pudo haber sido un bondadoso santón, mientras que el bolchevique sabía con exactitud lo que deseaba con su muy calculado movimiento. El nuestro fue una oleada de furia contra los explotadores. Había anarquistas como los Flores Magón, pero la inmensa mayoría carecía de proyecto ideológico. Fue llevada a cabo por campesinos y orientada por pequeño burgueses con aspiraciones democráticas. El economista Silva Herzog (I) la definió como una revolución democrático-burguesa. La lucha militar tuvo batallones obreros, sin una doctrina consistente en un país escasamente desarrollado y en consecuencia sin proletariado.

El Partido Comunista en México fue fundado en 1919 y comienza su penosa lucha por crecer y, sobre todo, por darle sentido a su versión del marxismo, criticado por los liberales juaristas. Su historia es de persecuciones, represiones, cárceles, asesinatos y divisiones. Los grandes militantes comunistas como Siqueiros y Revueltas sufren prisión. Finalmente, el PC consiguió que cesaran los golpes en su contra y fue reconocido como un partido legal. Su transcurrir es francamente controvertido, generoso, dramático. Fue, asimismo, apasionado, convulso y lleno de conflictos internos que, por otra parte, han seguido a todo movimiento de izquierda en el orbe.

El registro es obtenido con retraso, ya en Europa había aires de rebeldía contra la rigidez soviética. Cuba y Chile hacen concebir esperanzas, pero no hay buen final. La primera se hace una suerte de monarquía comunista, mientras que en la segunda los militares asesinan la intentona de llegar al poder por la vía electoral.

El comunismo mexicano, inquieto y en busca de un crecimiento, suma cúpulas distantes de los trabajadores y decide “suicidarse” luego de una serie de metamorfosis que dejan a la izquierda en manos de ex priistas resentidos. Hace un año Enrique Semo, maestro mío, camarada y amigo, en una mesa redonda sobre la izquierda mexicana en Minería dijo: Perdimos el rumbo cuando llegaron los priistas. Acaso esta breve frase sea capaz de encerrar el triste final de una izquierda que jamás dio con el rumbo. Los comunistas leyeron demasiado tarde a Revueltas. Si la Segunda Guerra permitió un inmenso crecimiento del comunismo internacional, la Guerra Fría y el derrumbe gradual del socialismo estimularon el debilitamiento del marxismo-leninismo mexicano. Perdió el objetivo buscando acercarse inútilmente a las masas.

La izquierda mexicana puede hoy en día ser vista de formas múltiples; está sujeta a las interpretaciones que un mundo nuevo, globalizado por el capitalismo y con un mal recuerdo de los vencidos, los comunistas, quienes suelen aparecer, sobre todo en la banal cinematografía norteamericana, tan perversos como los nazis. La globalización es el rotundo triunfo de la banalidad, de lo light. El capitalismo luce radiante y feliz. En Cuba la última etapa del comunismo es el turismo. Rusia es la nueva “tierra de oportunidades”. Con los viejos marxistas arrumbados, florecen los valores occidentales; no cabe duda: pasaron del comunismo al consumismo.

Lo que queda de la izquierda mexicana, personajes bizarros que vienen del viejo priismo y nuevos líderes sociales que llegan atraídos por el poder y el dinero, clama su falsa postura. No es exagerado decir que hoy ocupa el hueco que dejó López Mateos al calificarse de “izquierdista dentro de la Constitución”. Los académicos desconcertados miran hacia los Estados de bienestar, curiosamente donde predominan las monarquías. Es, pues, un desastre ideológico, donde persisten en distintos niveles las contradicciones y se lucha contra la miseria a base de dádivas y “teletones” de diversas índoles. Limosnas, no trabajo.

Para colmo, en países como México, donde con extraña frecuencia se habla de izquierda, se desconoce el pensamiento de anarquistas y marxistas, sus diferencias y afinidades. Basta ver a quienes se ostentan como izquierdistas para sufrir un intenso ataque de risa. Antes eran Ebrard y Camacho, hoy son los “ciudadanos” Mancera y algunos que deberían estar en la cárcel.

El PRI es la más poderosa maquinaria para destruir ideologías e imponer un sistema que ha probado su incapacidad. Por desgracia no veo más que priistas en el panorama de la real politik, rodeada de pequeñas islas de inconformidad desorganizada. Los panistas son la derecha, los perredistas y demás juegan el cómico papel de la izquierda, el PRI suele ponerse en el cómodo centro. Todos tienen sospechosas semejanzas y, lo que es peor, la izquierda organizada es inexistente, corrupta y abyecta. Un ruidoso tigre invisible.

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