Tantadel

enero 16, 2015

¿Por qué y para quién escribo?

En 1977 Emmanuel Carballo llevó a cabo una encuesta entre la totalidad (o casi) de los escritores mexicanos con alguna reputación. Fuimos 124 los que respondimos tres preguntas: ¿Por qué, para qué y cómo escribo? Tengo la impresión de que aquel trabajo, de apariencia frívola, es un documento interesante para conocer las motivaciones y necesidades de un alto número de literatos nacionales. Con el tiempo, he modificado un poco las respuestas, en consecuencia, las vuelvo a publicar.

¿Por qué escribo? A esta pregunta le he dado varias respuestas a lo largo de muchas entrevistas, según el caso. A distancia, todas me parecen razonables. Repaso. Escribo por una necesidad imperiosa; no puedo dejar pasar muchas semanas sin hacerlo. En el principio redactaba un cuento sólo ocasionalmente. Ahora es una manía o necesidad de crear un mundo distinto, a mi gusto. Decir que tengo cosas muy importantes que transmitir resulta una soberana pedantería. Explicar que uno, como literato, posee una forma de ver las cosas, una forma artística distinta. Mis libros son hijos que andan por allí, en espera de una valoración, de un juicio, que me permita saber si sobrevivirán o serán enterrados conmigo. También puedo decir que escribo a causa de mi posición ideológica. Se trata de acusar históricamente a una sociedad enferma, dividida en clases, llena de injusticias, sin libertad, donde un sistema lamentable nos ha hecho crecer con graves deformaciones. En todos mis libros hay siempre críticas al capitalismo. A veces obvias, a veces veladas, discretas. En tal sentido, inalterablemente mis historias y mi estilo se han guiado por la pasión. Al escribir, como dijo un crítico literario, lo hago lleno de amores y de odios. Debo añadir que quizá me hice escritor estimulado por mi madre y por tantos libros que puso a mi alcance desde que yo era muy niño.

¿Para quién escribo? Para nadie en especial. Uno quisiera escribir para todo el mundo. Pero esto es absurdo, especialmente en un país de escasos lectores y de valores reñidos con el arte. Es rigurosamente demagogia pura. Posiblemente hayan aumentado por las redes sociales, algo que dudo. En todo caso, leen el artículo que subo, si es atractivo políticamente. Mis lectores son unos cuantos. Cuando escribo literatura (el periodismo tiene otras reglas) no pienso en ningún lector; estoy absorto ante la máquina, los personajes, la trama, la estructura del libro. Los lectores nuestros optan, en el mejor de los casos, por best-sellers o por obras ligeras, pésimas novelas históricas, libros de autoayuda o de truculencias políticas.

¿Cómo escribo? Realmente debería contestar que como puedo. Cuando logro la idea, es decir, la historia que deseo narrar (puede llegar como estímulo externo o como algo incubado en mi propia cabeza), la maduro de prisa y en ocasiones tomo algunas notas. En seguida, una vez que el asunto está concebido de principio a fin, le otorgo un género, una extensión: cuento o novela (debo advertir que para mí éstos son términos bien amplios y que de ninguna manera encajan dentro de una definición académica); por último, antes de lanzarme a la redacción, medito sobre la estructura de la obra, el andamiaje que la sostendrá. Juan José Arreola escribió que toda belleza es formal y es verdad, sobre todo cuando el contenido es valioso, añado yo. En mi literatura, siempre hay elementos sociales y políticos, aun en los cuentos fantásticos y en las novelas de amor. Mi estilo es directo y claro, un tanto burlón, carente de metáforas, pero en el discurso hay grandes alegorías, sátiras, parábolas, elementos que utilizan los humoristas en su afán de zaherir a la sociedad.

Me parece que entre aquello que publicó Emmanuel Carballo y lo que ahora ajusto, no hay grandes diferencias.

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