Tantadel

enero 05, 2015

Propósitos de año nuevo

Como es usual, cada fin de año aparecen los balances políticos; asimismo, al inicio del nuevo todos se apresuran a escribir sus cartas de buenos propósitos y tareas para los 365 días que siguen a sabiendas que no se llevará a cabo nada de lo prometido. Los mexicanos no lo ignoran y por eso cuando piden o desean alguna mejoría en el nivel de vida, en los ingresos, en la disminución de las diferencias sociales, les dicen “cartas a los Reyes Magos o a Santa Claus”, si la globalización los penetró por completo. Jamás he escrito una misiva semejante, en principio, no sabría a quién dirigirla. Unos le piden a Dios, a la Virgen de Guadalupe o invocan el santo de sus preferencias o al que esté menos demandado; otros, de plano, más realistas, le piden al Presidente en turno olvidando que ni siquiera cuando existía el absolutismo priista había respuesta, salvo el ruidoso silencio de los políticos.

Tampoco he escrito propósitos nuevos. Más aún, ni siquiera pienso en el año transcurrido, ya pasó. Punto. Los balances son para los comerciantes o para las personas que tratan de organizar su vida. Recuerdo una frase maravillosa y adecuada a la idiosincrasia del nacional, me parece que le pertenece a Rius: Uno es el arquitecto de su propio destino, pero muy seguido se lo tiran. Así que prefiero dejar que la vida me lleve por donde le dé la gana. Fui a la universidad porque mi madre lo decidió, hice estudios de posgrado porque tenía que seguir a Rosario, quien iba a doctorarse, me hice profesor de Ciencias Políticas de la UNAM porque allí había estudiado y alguien me propuso una plaza, a la UAM-X llegué por sugerencia de un amigo entrañable y así el resto de mi vida. Jamás, en consecuencia, he dicho mi meta es ser diputado o senador o quiero ser rector. Las cosas en mi vida aparecen sin ser llamadas o muy deseadas. Menos he sido amigo de hombres y mujeres poderosos que me ayuden con o sin interés. Quien diga lo contrario miente. La literatura es lo único que tengo en mente. El periodismo es un complemento adecuado. En La Crónica me siento, como dice Rafael Cardona, en casa.

Ahora las cosas han ido más lejos y leo, veo y escucho que en los medios piden, exigen o simplemente nos señalan sus deseos para 2015. Políticamente son resultado de sus fobias o de manías insanas o perversiones. Muchos repiten con aterrador simplismo: Que se vaya Peña Nieto. ¿Y? ¿Qué sigue? ¿Ponemos a López Obrador? Es fácil pedir que se vaya un presidente sólo porque me es antipático. Por mí que se vaya, jamás he votado por el PRI y si he acudido a las urnas ha sido para sufragar por Valentín Campa, cuando existía la izquierda, y varias veces por Cuauhtémoc Cárdenas hasta que no pude más. Pero si uno medita seriamente en lo que ello significa, dudo que mantenga su petición. Me parece que las cosas están mal, indudable. Ahora, imagino que la sociedad tiene que buscar formas de pedir o exigir, de organizarse en lugar de utilizar estribillos fáciles. Si tienen sentido, y los partidos las apoyan y las instituciones más severas (como las fuerzas armadas) están de acuerdo, es posible que un mandatario se vaya. Con sinceridad, no veo cómo lo conseguirán. En fin. Cada quien sus propias ideas de país.

En general todos los políticos nos prometen cosas que no han hecho jamás: ser honestos, trabajar para la sociedad, no mentir, no ser corruptos, en fin, una larga lista que no firman. Mi idea era no acudir más a las urnas. Ningún partido ha dado resultados positivos. Sin embargo, considerando la zona donde vivo, Tlalpan, y padeciendo problemas sinfín, una vez que he leído el artículo pasado de mi colega David Gutiérrez Fuentes en estas mismas páginas, escribiré un deseo, el mismo que él formuló: Que se vaya el PRD del DF, al menos que pierda Tlalpan. Quiero vivir tranquilamente.

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