Tantadel

enero 12, 2015

¿Quién es capaz de conocer el futuro?

Uno de los grandes sueños o ambiciones de la humanidad es el de ver el futuro. La obsesión que tienen los grandes estadistas, los artistas e intelectuales, hasta aquellos charlatanes que se ganan la vida “adivinando” el porvenir. El escritor Salman Rushdie, ahora radicado en Nueva York, acaba de publicar una novela al parecer notable: Furia. Como es normal, los primeros críticos de la obra hurgan en el contexto social y político. Está visto que los méritos estéticos cuentan menos. De allí, por ejemplo, que las librerías se hayan poblado de éxitos de valor discutible, obras vergonzosas.

En una entrevista dada a conocer por nuestro diario, Rushdie explica que el escritor puede describir el ambiente, el medio en que se mueven sus personajes, pero jamás predecir el futuro. La idea es atractiva, pero no tan exacta. Aunque no sea el propósito hay escritores que han logrado vislumbrar los sucesos que se acercan. George Orwell lo hizo (y éste es un lugar común) con dos libros ejemplares: 1984 y Animal farm. Este espléndido narrador inglés fue, asimismo, un tenaz combatiente por la libertad, militaba en el anarquismo y sus guerras y obras escritas le permitieron formarse un cúmulo de conocimientos para advertirnos que la Unión Soviética era una pesadilla y terminaría por derrumbarse, justo en los momentos en que el bloque socialista parecía más fortalecido que nunca.

¿Qué hizo Orwell? Analizar el pasado y el presente y de tal manera darse cuenta del rumbo que llevaba aquella deformación de revolucionarios legítimos que fueron modificando monstruosamente el marxismo-leninismo para hacer el estalinismo. No se requiere ser un adivinador profesional, sino poseer la sensibilidad de comprender, mediante el bagaje cultural, lo que está por suceder. En este caso, los grandes escritores, a veces sin proponérselo, logran anticipar el porvenir. Mariano Azuela inició la llamada Novela de la Revolución, lo hizo con un bello libro, Los de abajo. El grandioso movimiento arrancaba sin saber su destino, violentamente, impulsado por el sufrimiento y el rencor de campesinos pobres. No obstante, en su personaje principal: Demetrio Macías, deja una idea clara del triste futuro del movimiento social que buscaba justicia, honestidad, libertad y democracia. Nada de eso se ha conseguido ampliamente. Son puras simulaciones que el actual sistema nos muestra.

Lo que el buen escritor desea es narrar historias intensas y hermosas, profundas. No se preocupa por el futuro y a veces tampoco por el presente. El pasado le brinda temas. Unos saben aprovecharlas, como entre nosotros Fernando del Paso, otros, la mayoría, hace novela-histórica de gran mediocridad, obras fáciles que dan rápida y efímera notoriedad.

El que tiene, en todo caso, obligación de conocer el futuro es el político notable, el estadista. Para ello hay herramientas, no se requiere adivinar como mago de feria, sino analizar la historia, estudiar detalladamente el presente y es posible llegar al futuro. De tal forma trabajaron Marx, Engels y Lenin. Fatigaron bibliotecas, exploraron en la historia y en el arte, en la sociología, la economía y la política, vieron los estallidos sociales como La Comuna de París y pudieron darnos una idea aproximada del rumbo y destino de la humanidad. No fueron predicciones exactas. Es verdad, pero en esto debemos considerar que los afectados, los enemigos de lo avanzado, también hacen su trabajo. Napoleón llevó por Europa los restos de la Revolución Francesa, pero no cumplió sus propósitos porque él mismo cambió y sus adversarios fueron muchos y muy poderosos.

El socialismo nace de los libros, de las utopías, principalmente de las del Renacimiento, las que sin duda consideraron las ideas de la Grecia clásica. Siguen siendo un vaticinio. El mundo tal como lo vemos es de una imperfección escandalosa. Tarde o temprano sus predicciones se harán realidad y entonces veremos (o verán) que muchos escritores han sido capaces de vislumbrar un mejor futuro.

Finalmente, son los estadistas quienes deben hacer el esfuerzo por visualizar el futuro. No los artistas.

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