Tantadel

enero 30, 2015

Votar o no votar

Cuando el PRI reinaba de forma absoluta y la oposición apenas existía, me dediqué a invitar a lectores y alumnos a votar en blanco. No ir a las urnas era una falta cívica grave porque de varias maneras avalaba al partido en el gobierno. Insistí una y otra vez en que la gente fuera a las urnas y echara a perder su voto o dejara el mensaje de sus desacuerdos con la ausencia de una democracia verdadera. Sólo voté una vez y fue por Valentín Campa, candidato del Partido Comunista, quien enfrentaba con penurias y entusiasmo, a la arrogante maquinaria oficial con López Portillo al frente. Las veces restantes he votado tachando las siglas de todos los partidos, salvo cuando sufragué por Cárdenas.

Hoy estoy en semejante situación: invito a los ciudadanos a mostrar su repudio en cada proceso electoral. Según veo en las redes sociales, a las que me he convertido en adicto (se respira la libertad que no es frecuente encontrar en los medios, especialmente en los electrónicos), muchas personas llaman a no votar. Una mujer, rabiosa, escribió: “¡Todos los partidos son un asco!”. Es difícil no coincidir con esa aguerrida postura. Pero yo volvería a mis añosas tesis. Tomarse la molestia de sufragar por nadie.

Sin embargo, viendo las interminables filas de chapulines, es posible aventurar otra posibilidad. Votar luego de analizar detenidamente el programa y el currículum de cada aspirante a diputado, delegado o gobernador. En Tlalpan o en Cuauhtémoc, digamos, ya aparecen candidatos impresentables. Allí ya está lista Claudia Sheinbaum, a quien de sobra conocemos los tlalpenses, mientras que  en la segunda, Ricardo Monreal ha agotado los partidos aferrado al poder. Pero por la delegación Magdalena Contreras, una joven busca la titularidad con las siglas de Morena. Según he leído en algunos diarios, esta naciente organización, hecha más por el capricho de una persona que por necesidades realmente serias y profundas, no tiene grandes posibilidades en una ciudad gobernada por el PRD casi íntegramente. Salvo Cuajimalpa y Benito Juárez, las restantes están en manos perredistas. La joven tiene 27 años de edad, estudió la licenciatura en la UAM-X y es hija de dos distinguidos académicos de la misma institución. Patricia Ortiz Couturier, a quien vi crecer desde que llegaba con sus padres a la universidad, hasta que participó activamente en la invitación a México a la dirigente chilena, militante comunista, Camila. Tiene la licenciatura en Política y Gestión Social y desde muy chica ha trabajado políticamente. En su propaganda dice: “Conóceme y construyamos juntos un gobierno popular y joven”. Pese a su juventud, tiene armas ideológicas positivas y trabajo social. Vive en esa delegación y la conoce bien.

Me parece que este tipo de aspirantes a cargos políticos es sana, pues se trata de personas ajenas a la corrupción, con nuevas ideas y tomando en cuenta  a los habitantes. Sin duda merecen una oportunidad. Del mismo modo que la merecen otras candidaturas que son más producto de la sociedad que de los partidos políticos que no han acabado de convencernos. Hasta hoy las candidaturas en verdad ciudadanas son una mala broma. Es prácticamente imposible acceder a ellas, por eso hay que conseguir un partido por polémico que sea. Ya Jorge Castañeda aspiró a la presidencia de México sin el apoyo de partidos y no pudo avanzar a pesar de su peso intelectual. Pero hay que iniciar otros caminos, otras búsquedas y una de ella puede ser la de apoyar a personas honorables que piensan en que un partido, cualquiera, puede ser una plataforma adecuada para llevar a cabo una política limpia y distante de la corrupción y los vicios que hasta hoy practican la totalidad de los partidos y las agrupaciones que luchan por el poder o al menos una porción de él.

Lo que trato de señalar es que no desdeñemos el uso de las urnas, no hay más camino que el electoral, las utopías guerrilleras, las caóticas marchas y acciones vandálicas son eso. Si queremos cambiar al país, y vaya que lo requiere, necesitamos remodelar a la sociedad con nuevos políticos, sanos intelectualmente y ajenos a la corrupción. Lo demás no existe.

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