Tantadel

febrero 16, 2015

El espiritismo de Madero 1/2

En Madero siempre he visto al héroe revolucionario, al que hizo posible la salida del tirano Porfirio Díaz, y aún así lo vi menor ante la talla de aquellos que lo seguirían en la tarea de darle libertad a México. Ante hombres duros y decididos, sólo guiados por un feroz sentimiento de justicia e igualdad, como Zapata y Villa, Carranza y el Obregón de primera época, Madero me pareció, como su físico, de poca estatura intelectual y política. Lo percibí, pues, como una figura modesta entre los héroes que me mostró la historia patria, enseñada por viejos maestros de primaria y secundaria, en las épocas en que estudiar en escuelas oficiales era un orgullo.

Mi primer encuentro con el otro Madero, el de los espíritus, fue a través del libro de Ignacio Solares: justamente Madero, el otro. Como se ve, mi amigo, para mí, es un médium literario. La lectura del segundo libro, La revolución espiritual de Madero, de inmediato me hizo pensar en el espiritismo y en su época de mayor éxito.

En 1848 Estados Unidos acababa de engullirse medio México, su expansionismo brutal arrancó con mayor firmeza, dando rienda suelta al Destino Manifiesto, cuando la potencia comenzaba a surgir y los cambios tecnológicos se acentuaban en la sociedad industrial. En tal momento en que muchas iglesias aparecían y desaparecían, surgieron dos hermanas de apellido Fox. Ambas afirmaban, y sus padres lo proclamaban a la curiosidad pública, comunicarse con espíritus, a través de ruidos extraños. De inmediato se desató el interés no sólo a escala local, sino nacional.

Curiosamente aquello no floreció entre las capas más pobres o desprotegidas de la sociedad sino entre personas progresistas y de ciertos recursos. Intelectuales, políticos, académicos, luchadores sociales, en fin. Era la oportunidad de preguntarles a los espíritus cómo era el más allá, las cosas después de la muerte, si existía otra vida y si ésta era mejor o simplemente igual de angustiosa.

Es obvio que todos han pensado que es mucho mejor la muerte que la vida, porque atrás de ella está el edén prometido, un sitio junto a Dios, aunque es obvio que todos se defienden lo más posible antes de iniciar la ruta hacia el Paraíso o el Purgatorio. Los primeros espiritistas preguntaban, por ejemplo, si en el otro mundo los negros eran iguales a los blancos o si las mujeres gozaban de los mismos derechos que los hombres. Las feministas encontraron, al fin, una filosofía que las defendiera y les permitiera dejar las tareas domésticas, para lanzarse a las luchas de corte social y en pos de sus derechos más elementales.

El espiritismo era ciertamente una cuestión subversiva y contestataria que se oponía a los aspectos más retrógrados de la vida en Estados Unidos. Era un desafío. La existencia de muchas iglesias, en su mayoría protestantes, facilitó las cosas; además, mientras que ellas prometían castigos y penas severas, el espiritismo mostraba un aspecto más positivo y menos degradante.

Los y las médiums comenzaron a aparecer, pero las mujeres parecían ser más sensibles y adecuadas para comunicarse con el más allá. Pronto el espiritismo se hizo floreciente y muchos lograban establecer contacto con los muertos y desaparecidos, con más frecuencia buenas personas que malas. O personas que en vida fueron malas pero que en la muerte se aprestaban a avanzar por los distintos círculos del espiritismo para llegar al centro donde está la bondad pura.

No hubo quien no hiciera algún intento para comunicarse con los espíritus y el espiritismo encontró defensores y críticos. Todos, efectivamente, se acercaron a un médium, Thomas Paine y Abraham Lincoln entre ellos. Este último deseaba saber de sus hijos muertos prematuramente. Muchos vieron en el espiritismo una revolución, se trataba de una religión científica. Como tal, era posible probar su existencia. ¿Cómo? A través de la fotografía. De tal modo que pronto aparecieron los fotógrafos capaces de retratar espíritus y aunque a la larga descubrieron que se trataba de un truco, en el enjambre de personas que deseaban establecer contacto con sus seres queridos, no hubo mucha mella.

Un buen día, las hermanas Fox confesaron que todo se trató de un fraude (y esto me confirma que eran tías-abuelas del presidente Fox), que los sonidos que parecían provenir de los espíritus eran chasquidos hechos con los dedos de los pies. Pese a ello, el éxito del espiritismo se prolongó hasta muy avanzado el siglo XX. Quizá su mejor época fueron los años posteriores a la guerra de Secesión, cuando miles y miles de norteamericanos de ambos bandos deseaban comunicarse con sus muertos más queridos.

Ya en las primeras décadas del XX comenzó la decadencia. El gran escapista Houdini buscó a un médium capaz de comunicarse con su adorada madre, en el camino fue desenmascarando a docenas de charlatanes. Él mismo, al morir, dejó abierta la esperanza de un contacto con su esposa. Nunca se logró nada y al fin, los familiares y amigos del prodigioso mago, apagaron la vela.

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