Tantadel

febrero 20, 2015

El polémico Marcelo

La llamada izquierda ha sabido encontrar un sitio adecuado, pensando en Borges, dentro de la Historia Universal de la Infamia. Muy pronto el grupo fundador se rodeó de escoria llegada a borbotones de todos los puntos del país, principalmente del DF. Las incorporaciones eran actos de ilusionismo y los magos provenían del PRI: desechos que dentro de esas tribus bárbaras, carente de ideología y dueños de una praxis de escasa ética, entre discrepancias y luchas por el poder, fueron acomodándose.

La salida de López Obrador del PRD marca un punto climático. La de Cárdenas es la mejor prueba de que las cosas no funcionan en esas “izquierdas”. El proceso electoral que se avecina y el “descubrimiento” del fraude de la Línea 12 del Metro comprueban que algunos de los últimos ex priistas que se califican de “izquierda” son capaces de llegar muy lejos en sus ansias de alcanzar los más altos cargos de la nación, tan corrupta como feliz, a pesar de la inseguridad y la crisis económica en que nos ha metido el gobierno federal.

No cabe duda que Marcelo Ebrard es un personaje dramático dentro de una farsa. Invita a escribir una novela sobre su vida. Formado en las filas del peor PRI, ligó su vida a la del entonces todopoderoso Manuel Camacho. Marcharon juntos hasta el total desprestigio, algo extraño porque ambos son inteligentes, experimentados y dueños de una cultura política amplia. Sin embargo su obsesión de llegar a la presidencia, que pensaban les había sido arrebatada por Colosio, lo hizo dar multitud de piruetas: de romper aparatosamente con el PRI, a crear un partido de centro, la posición donde en realidad se mueven todos los partidos, para finalmente, desesperados, autoproclamarse la única y legítima “izquierda”. El rechazo perredista, que intenta recuperar legitimidad, ha puesto a Ebrard en una situación incómoda que hace pensar que su carrera ya concluyó, al menos nunca será presidente de la República, Camacho menos.

Las más recientes intervenciones públicas de Marcelo han sido vistas no sólo como algo desmesurado y ridículo, sino que lo han llevado del poder que poseía a una extrema debilidad. Los medios de comunicación han sido severos con su altanería y arrogancia. Los resultados de sus gestiones no corresponden a las de un político serio, responsable, en busca de cumplir con las demandas ciudadanas, entre ellas, no más corrupción. Habrá que observar qué habilidad no le faltó, supo moverse exitosamente dentro del PRI y del PRD, en ambos casos, no aprovechó los resultados afortunados; es decir, buena suerte no le faltó tampoco.

Por ahora no se le ve a Ebrard un destino claro. Los analistas dudan que Morena lo acepte en sus filas, y de hacerlo no será para darle una posición destacada, algo así como una diputación para en apariencia ponerlo a salvo, no de la cárcel sino del desprestigio total. Sin duda sólo Dante Delgado, hombre inescrupuloso, lo recibirá.

Es lamentable que tengamos que padecer una clase política soez e incapaz de dar batallas dignas y distantes de ambiciones de escaso decoro. Por ahora no se ven figuras dignas que puedan llevar al país por mejores rumbos. Lo que sí parece evidente es que se acabaron las grandes estrellas priistas que saltaron a la “izquierda” en busca del poder que en su antigua casa les negaron. Es tiempo de buscar una legítima izquierda, dueña de una ideología seria y distante de un discurso hueco y falso. De este modo, la situación podría recomponerse y los partidos tendrían claridad programática. Dentro de tantas humoradas políticas sólo se esconden posturas conservadoras que, a lo sumo, quieren ponerle algo de pintura a la fachada.

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