Tantadel

febrero 11, 2015

¿Escándalo en puerta?

¿Quiénes serán los asesores y consejeros del presidente Enrique Peña Nieto? Al ver las pifias de su gobierno y más de una personal, podríamos decir que carece de ellos. Con ese equipo para qué quiere enemigos. Pero ningún ser humano hoy en día puede ser dueño de la totalidad del conocimiento universal. Imposible. De tal suerte que es obligación del estadista rodearse de personas duchas en los temas más frecuentes, los que afectan a la nación y al orbe. Más todavía, como López Mateos, conversar con literatos y artistas plásticos para tener una idea de cómo anda la cultura. Un mandatario, desde que obtiene el triunfo o aún antes, debe mirar con sumo detenimiento a quienes lo rodean para que, a su lado, estén los mejores y más sabios mexicanos.

Fácilmente pudo evitarse, en su visita a la Universidad Iberoamericana, el interrogatorio público al candidato Peña Nieto sobre sus preferencias literarias. O que sus colaboradores no caigan en la tentación de presumir una propiedad o de ser ostentosos. En un país como México, lastimado por la miseria y la inseguridad, esos son temas irritantes. Dudo que Videgaray viaje en transporte público, pero podría mandar a un colaborador a escuchar los sentimientos de los ciudadanos que no tienen automóvil ni casa de descanso millonaria. Por último, es posible recurrir a los medios, por dudosos que puedan resultarle a la sociedad, y pulsarlos.

Desde el domingo apareció la advertencia, la leí en este medio: suscrita por Pepe Grillo, una columna rigurosa, unas cuantas líneas: “Un nuevo escándalo toca la puerta. La figura central será José Murat. El ex gobernador de Oaxaca es ahora un coloso de los bienes raíces en Manhattan, según nota del New York Times. ¿Será verdad?” Ahora ya la nota, con mayor información, aumenta la atención y de nuevo algo recae y mancha a Peña Nieto, pues un hijo de Murat le es cercano colaborador desde que era gobernador.

Mal momento, su prestigio ha disminuido y su equipo es incapaz de contener la avalancha de críticas de la oposición y de los medios leales a eso que llaman “izquierda”. El mejor ejemplo está en el caso de Ayotzinapa. El monstruoso crimen fue cometido visiblemente por perredistas guerrerenses ligados al narcotráfico y que se han hecho fotografiar con López Obrador. En muy poco tiempo, para la voz popular, el asesinato o desaparición fue provocada por el gobierno federal. Para qué hablar de las cámaras legislativas, menudean las agresiones contra el mandatario y a tribuna suben priistas de baja estatura y pocas posibilidades de éxito. Todo ha terminado con la tediosa frase “Que se vaya Peña Nieto”.

¿Alguien del PRI o de su gabinete puede poner las cosas en su sitio? Si hoy el IPN o algunas universidades públicas tienen problemas, se debe al ridículo estilo que Osorio Chong impuso al salir a “dialogar” en mangas de camisa, muy echado para adelante, jovial y torpe, con jóvenes iracundos. A todos les pareció una moda espléndida. Ahora los conflictos en los cuales se exige que aparezcan los principales titulares de cada universidad, de cada dependencia son el pan de cada día.

Si Peña Nieto y el PRI desean mantenerse en el poder, es indispensable modificar su actuación, replantearse con espíritu crítico su conducta. Deben entender que todo lo que hagan será usado en su contra, está todo su equipo bajo un microscopio, máxime en época de elecciones. Deben actuar con inteligencia y conocimiento de los asuntos críticos y bien acompañados por una comunicación eficiente y novedosa. De lo contrario, el fantasma de López Obrador, hoy el único candidato visible, quien aprovecha perfectamente todos los errores del gobierno, hará sonar sus pasos rumbo a Los Pinos. ¿Quién más? ¿Madero, Moreno Valle por el PAN, alguien del PRD? ¿Videgaray, Osorio Chong o Erubiel Ávila por el PRI? Por favor. No hay más. Todos están estancados siguiendo reglas que funcionaron hace décadas, no hoy en día. Sin proyecto de nación y carentes de motivos ideológicos no van a llegar a ningún lado.

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