Tantadel

febrero 13, 2015

La cultura de la izquierda histórica

El Partido Comunista, pese a sus vaivenes y pugnas internas o a su dependencia del PCUS, supo darle grandeza a la cultura nacional. Hoy, a muchos años de distancia, ya sin la existencia del socialismo real y con la extinción de los partidos comunistas, los tiempos parecen haber cambiado.

El por años partido oficial, que fue testigo en el sexenio cardenista del máximo avance de la Revolución Mexicana, fue caminando hacia la derecha. A partir del momento en que Ávila Camacho, en 1940, elimina como principio constitucional el que la educación fuera, aparte de laica, gratuita, obligatoria, socialista, y se declara creyente, el rumbo se tuerce hacia el conservadurismo.

En 1939 nace el Partido Acción Nacional; es una respuesta al “comunismo” del general Cárdenas y en 2000 conquista la Presidencia de la República. El PRI contribuyó, sin duda bajo la presión de la izquierda comunista, a construir una inmensa estructura cultural, un Estado que fomentara las artes y la cultura, que por años vio en la educación pública el mejor puente hacia el desarrollo y que en años recientes se ha ido alejando de la cultura y sobre todo de las necesidades reales de la población masificada y llena de carencias materiales y espirituales.

Para 1988 se produce un divorcio entre los creadores y el sistema político. Las urnas se llenan con votos de escritores, académicos, artistas plásticos e intelectuales a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Con el triunfo priista conseguido por Carlos Salinas, da como primer paso una reorganización de la esfera cultural pública. Casi al mismo tiempo que adelgaza al Estado, crea mayor burocracia cultural. La tradición de un Estado promotor de las artes y la cultura se rompe para ver el lado de simple oportunismo político. Hay que conservar a los intelectuales y artistas del lado del aparato porque estos dan prestigio, tienen a su disposición medios de comunicación. Una maniobra que no da resultados.

El modelo que toma Salinas proviene de un Octavio Paz convencido neoliberal, que toleró que la distancia entre el príncipe y el poeta se reduzcan hasta quedar en un fraternal abrazo. Nadie más salinista que Paz, nadie más admirador de Paz que Salinas. Durante su primer informe presidencial, el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura parece obra del propio presidente de la República. Cuando el poeta y ensayista muere, el gobierno de Zedillo le da funerales de jefe de Estado.

La derrota de la República española trae a México a muchos y muy diversos socialistas, anarquistas y comunistas. Entre estos últimos llegan Adolfo Sánchez Vázquez y Juan Rejano. De este modo, la cultura nacional recibe una fuerte inyección de cultura que consolida las posturas de la izquierda y le da, sobre todo a los comunistas, una innegable presencia. Todo ello junto hace que la izquierda de origen marxista, sea comunista o trotsquista, influya poderosamente en la cultura nacional.

Al contrario, la derecha ha resultado incapaz de crear no únicamente un rumbo estético, sino tampoco figuras artísticas notables. Cuando el PAN es fundado, no establece un solo punto de corte cultural, pese a que entre sus fundadores está uno de los llamados siete sabios, Gómez Morín, un destacado (uso la terminología de Enrique Krauze) caudillo cultural. Acción Nacional recoge la herencia contrarrevolucionaria de México, la de los conservadores del siglo XIX y la de los enemigos de la Revolución.

No deja de ser interesante que de esa generación sea el marxista Vicente Lombardo Toledano, pese a sus errores, quien haya dejado acabadas creaciones culturales como La Universidad Obrera, mientras que a Gómez Morín sólo se le recuerda por la fundación del PAN, lo que, para la derecha, no debe ser poca cosa. Este partido hasta hoy ha sido incapaz de preocuparse por la cultura.

El PRI lo hizo de modo natural en sus inicios y de muchas maneras consolidó la tradición luminosa de un Estado promotor de la cultura. Gracias a eso, hoy México cuenta con una enorme estructura cultural, con frecuencia caótica, sin una política clara y no tanto para desarrollar de forma armónica la cultura y las artes.

Durante los doce años del PAN en el poder, esta línea poderosa cayó a sus peores niveles con Sari Bermúdez y Consuelo Sáizar. De alguna manera y sin entender claramente los procesos culturales y su relación con la sociedad, el PRD ha heredado alguna preocupación por las artes, lo hace más por obtener resultados políticos en las urnas que por verdadera vocación y, dentro de la cultura, opta por la parte populista. Si la izquierda histórica pensó en el gran arte, sus lamentables sucesores se inclinan por el espectáculo.

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