Tantadel

febrero 22, 2015

La encantadora ninfa llamada Lolita

El tacto es uno de los elementos del amor. El principio del erotismo.

La maravillosa novela erótica de Vladimir NabokovLolita, fue elogiada por Denis de Rougemont y Graham Greene, y sacudió a muchos lectores del orbe. En México, donde no cabía la literatura de amor-pasión, fue recibida como una obra revolucionaria. Las descripciones de la hermosura, gracia de la jovencita y su delicada piel son perturbadoras. La adolescente es una joven atrevida, perversa y poco común, que resucita la pasión de su padrastro. Al principio fue acusada de pornográfica. Fue un escándalo y ha sido llevada dos veces a la pantalla, la primera con James Mason en el papel de Humbert-Humbert, y la segunda con Jeremy Irons. La mejor Lolita fue sin duda Sue Lyon y ninguna otra como Shelley Winters para el papel de la madre. Sin embargo, ambos filmes fueron fallidos debido a la mojigatería de la época. La novela es un clásico de la literatura universal y, como tal, se anticipó a su tiempo. Criticada y censurada, hoy es estudiada y analizada no sólo por su atractivo tema, un triángulo poco frecuente aun en nuestra época, sino también porque muchos la consideran un monumento al idioma inglés. Ahora, cada vez que alguien se topa con una niña precoz en cuestiones amorosas es calificada, con ironía o precisión, como unaLolita.
El tacto es uno de los elementos del amor. El principio del erotismo. Acariciando la piel comienza en lo profundo a gestarse el orgasmo. Un beso (lo sabían los antiguos griegos y los latinos, más recientemente Klimt y Rodin)
desata una explosión que el corazón apenas nota y el cerebro tarda en digerir. La literatura amorosa lo ha propagado y la realidad es todavía más explícita. En todo gran poema o novela de amor, aparecen alusiones a la piel. Imposible concebir la pasión sin pasar por ella. Tersa, suave, morena, bruñida, rubia, negra, blanca, delicada, nacarada, son calificativos frecuentes. ClelandSade,ShakespeareNerudaD. H. LawrenceBukowskiAnaïs NinHenry Miller, son algunos que le han dado forma a los sueños y fantasías eróticas de los lectores. Nabokov fue claro en sus descripciones femeninas: nos presentó a una criatura angelical, de belleza perfecta, con un espíritu renovador y agresivo, un tanto cruel y desde luego lujurioso. Lolita será siempre más avanzada que cualquier niña faunesa o ninfeta. No obstante, el final desconcierta: Lolita convertida en Dolores encuentra el amor en un hombre común y la felicidad en la familia convencional. El gran perdedor es Humbert-Humbert, el hombre que fue subyugado por la niña y luego abandonado. Destacan en la novela las descripciones sensuales y sexuales, acaso lo que mayor escándalo produjo y que, hoy, ante los excesos de la cinematografía y la televisión, palidecen de asombro.

En una parte, Nabokov escribe: “Humbert-Humbert arrebató la manzana. Dámela, suplicó mostrando las palmas de mármol. Le tendí la deliciosa fruta. Lolita la tomó y la mordió. Mi corazón fue como nieve bajo esa piel carmesí…”. Enseguida hace una excitante y hermosa descripción del cuerpo de la joven. En otro momento, el narrador señala: “H-H: era un monstruo pentápodo, pero la quería. Era despreciable y brutal y depravado y cuanto pueda imaginarse, pero ¡la quería! Con cuánto anhelo deseó acariciar su piel brillante bajo la luz neón del anuncio de un deslustrado hotel. Con cuánta ternura se hinchó su pecho al imaginarse sorbiendo sus lágrimas, gimiendo en su pelo, explorando el más diminuto rincón de su frágil cuerpo hasta quedar transido de azul éxtasis”.
La piel juega un papel destacado en los textos literarios amorosos, a veces el principal: la belleza femenina comienza por dos sentidos básicos: la vista y el tacto. Humbert-Humbert, al perder a Lolita, va enloquecido en su busca, añora la piel marmórea de la jovencita. Cuando al fin la encuentra, es otra mujer: ha cambiado: la metamorfosis es degradante y así la describe: “…y allí estaba mi Lo, con su belleza estropeada, sus manos adultas y venosas, sus brazos de piel de gallina, sus orejas chatas”. Todo está perdido para el amor-pasión: Lolita ha dejado su deslumbrante y pícaro pasado para convertirse en hacendosa ama de casa.
Lolita es una novela que ha probado sus valores estéticos y la niña pecaminosa capaz de provocarnos pasiones encontradas. Humbert-Humbert, tras esa experiencia, vivirá eternamente deslumbrado por el pubis blanco y pecoso de Lolita. No importa que su futuro sea el de un hombre lastimoso y nostálgico. La literatura se ha hecho más audaz, allí está Philip Roth con El animal moribundo, donde un viejo profesor universitario es capaz de conquistar a sus alumnas y correr amores ardientes. Pero para muchos quedará el recuerdo imborrable de Lolita, la niña que ha inquietado a millones de lectores.

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