Tantadel

febrero 27, 2015

Los llamados chapulines

Los mexicanos, o al menos buena parte de ellos, estamos sorprendidos ante los políticos llamados chapulines y su escandalosa facilidad para saltar de un partido a otro. Los políticos exitosos ahora han tenido que pasar, para llegar a los altos cargos, por una multitud de organismos. El primero que me viene a la mente es Porfirio Muñoz Ledo, quien llegó al extremo de formar parte de casi todos y que para cumplir sus objetivos destruyó a uno, al que solía denominar el Ferrocarril. Ahora, varios diarios han dado listas donde hacen recuentos de aquellos que van y vienen de partidos, sin importarles sus cargas ideológicas. Lo que les interesa es ocupar un alto cargo y seguir sus exitosas carreras de falta de ética. No dejemos de lado que antes el salto era de un PRI, sin orden ni concierto, incapaz de darles candidaturas a todos sus activistas. De allí pasaban al PRD y algunos al PAN. Ahora es igual, todos reciben desechos.

Algunos casos son alarmantes. El fenómeno zoológico, piensan investigadores serios: “debilita a la democracia”. La conclusión es correcta: no votar ni aceptar a personajes provenientes de otros institutos políticos. Y saberlo es muy sencillo: basta leer sus respectivos currículos. De otra manera estaremos contribuyendo al cinismo y la inmoralidad política.

Idea atractiva. Entre los tránsfugas está Zeferino Torreblanca, ex gobernador de Guerrero por el PRD y ahora competirá por el PAN para alcalde de Acapulco. La lista es larga y seguirá aumentando en un sistema perverso y complaciente. Ricardo Monreal fue priista, luego corrió al PRD y al PT y hoy va con el apoyo de Morena en pos de una delegación capitalina. José Ángel Córdova Villalobos, militante panista en el origen, ahora compite bajo los colores del PRI y el Verde. La lista es larga. Lo que llama principalmente la atención es que no hay ninguna razón ideológica, ninguna. Y que en la mayoría de los casos la llamada “izquierda” es el eje de los tránsfugas. Recordemos que Andrés Manuel López Obrador, Manuel Camacho y Marcelo Ebrard se formaron en el PRI. Manuel y Ebrard salieron del tricolor al no obtener para el primero la nominación presidencial. En sentido contrario, citemos un caso notable, Rosario Robles, viajó del PRD al PRI y nada mal le ha ido.

Hace unos días, apareció una nota periodística que de ser cierta es prueba de la inmoralidad más acabada: el gobernador de Puebla, Moreno Valle, quiere ser diputado suplente, buscando llevar a cabo una maniobra “audaz” para ser candidato presidencial por el PAN en 2018, su actual organismo, ya distante del padre político: el PRI. Ignoro exactamente qué pretende, por una razón: la política se ha hecho perversa. Su periodo como diputado suplente o titular, si va con un “Juanito”, concluye en el mismo momento en que termina su mandato como gobernador. ¿Estará mal de la cabeza, enfermo de poder o tiene cálculos sorprendentes que lo harán enfrentarse desde ahora al más audaz de los políticos actuales: López Obrador, el único que es candidato oficial o casi? Ahora, al contrario de la vieja fórmula de quien se mueve no sale en la foto, hay que moverse como loco para aparecer en la fotografía.

Este tipo de virajes políticos desorienta a la sociedad y sí daña a la democracia. Durante los años de la izquierda histórica, los cambios no eran tan dramáticos y la lucha estaba centrada en los debates ideológicos. Cierto, muchos comunistas se rindieron y terminaron en las filas del PRI o simplemente fueron engullidos por el sistema. Ahora no hay pretextos para cambiar de partido, únicamente prevalece la necesidad imperiosa de alcanzar un puesto cada vez más alto o al menos mantenerse dentro de la nómina oficial, donde hurtan y cometen atropellos de toda clase.

No estaría mal que se le pudiera poner un freno, incluso para evitar el ridículo panorama político que México le ofrece al mundo. No hay debate nacional, lo que discuten y buscan es una curul, una delegación, un estado qué gobernar y enriquecerse. Por fortuna, ya la sociedad reacciona y son millones los que están en contra de los partidos y sus prácticas, de tener “juanitos” o de votar por chapulines. Es sencillo ver la resistencia que en tal sentido comienza a manifestar el país en su conjunto. Lo que el país requiere son políticos honestos, con vocación definida y no simplemente los que aman el poder y los dineros oficiales.

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