Tantadel

febrero 06, 2015

¿Tendremos elecciones reñidas o sucias?

No es fácil vaticinar cómo serán los dos procesos electorales que vienen. Me refiero a quiénes y cómo obtendrán la victoria. Hablo de los combates que veremos, como si se trataran de vergonzosas películas que se repiten y repiten y cada vez empeoran por tediosas. Como van las cosas, será una tormenta de lodo. La política se ha convertido en parte distinguida de la nota roja. Basta con leer los diarios, escuchar radio o ver los noticiarios televisivos para comprobarlo. Las paredes muestran lemas mentirosos y los autobuses recorren las calles con publicidad plagada de falsedades. Habla uno con los vecinos, con el que viaja en Metro o con el que hace fila en el banco (esas modernas tiendas de raya que esquilman al ciudadano sin piedad y “legalmente”) y todos muestran su asco por los partidos políticos, su indignación.

Sin embargo la farsa debe continuar, el sistema así lo demanda. Votemos o no votemos, con unos cuantos fieles de cualquiera de los partidos o aspirantes a un cargo de elección popular basta, para que llegue una persona corrupta o en vías de serlo y el rito cívico se cumpla.

La falsa democracia nacional es pagada con dinero de la sociedad. A cambio son magros los resultados, lo que recibe el ciudadano. No hay izquierda o al menos no está en ninguno de los partidos que la pregonan. El abanico nacional es limitado y extraño: va del centro a la derecha. Que alguien se califique de izquierda, como lo han hecho Monreal o Ebrard, no significa que lo sea. Es parte de una búsqueda de votos para conseguir parte del poder. La sociedad mexicana está curiosamente aletargada. Se percata de los males que padece, pero no hace gran cosa para llevar a cabo un cambio profundo y serio. Le basta con quejarse entre sí.

La situación económica y política es intolerable, cualquiera la siente y resiente, pero son unos cuantos los que se manifiestan y ni siquiera están seguros de lo que el país requiere. Ahora hasta cursillos de anarquismo ofrecen algunos charlatanes, sin percatarse de la realidad nacional e internacional. Es decir, el rumbo es incierto.

Los partidos pelean entre sí con rudeza, intercambian acusaciones e insultos. En lo esencial están de acuerdo. Cada gobernante que padecemos es un simulador. La mentira, la demagogia y la ruindad han triunfado. Entonces, ¿qué esperamos de las elecciones que se aproximan? Con todo rigor, nada. A lo sumo un intercambio de políticos perversos, incapaces y con fines claramente corruptos. Han envenado y envilecido al país. Alguna vez tuvimos prestigio internacional. Hoy es un mal ejemplo, un punto donde existen la inseguridad, el crimen organizado, el narcotráfico y una miseria atroz, el país gobernado de manera lamentable. Escándalos como el que envuelve a Marcelo Ebrard y Mario Delgado, crímenes como el de los jóvenes guerrerenses cometidos por perredistas, nos convierten en un país fallido, con una economía precaria.

La política en México no es el arte de servir a la sociedad sino la necesidad de explotarla con habilidad y de modo impío. Por tal razón, yo, al menos, nada espero de las siguientes elecciones, salvo ver más degradada a la nación. Serán sí muy reñidas porque todos esperan, lo vemos con nitidez, un cargo para mejorar su hacienda personal. Cada uno de los políticos y funcionarios aguardan su parte del pastel. El partido en el poder no tiene rumbo, los opositores menos, a no ser palabrería hueca y promesas indignas, ridículas. Razones para hacer una revolución como la que ocurrió hace más de cien años, las tenemos. Sólo que las condiciones locales e internacionales, nos ofrecen la vía electoral para solucionar nuestros problemas, como en Grecia.

Entonces busquemos la forma inteligente de hacer que nuestro sistema político funcione, ya lejos de hombres y mujeres que sólo buscan enriquecerse. Vivimos distantes de los ejemplos brindados por Juárez, Villa, Zapata o el general Cárdenas.

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