Tantadel

marzo 29, 2015

Antes que al amor, amé la fantasía

Imposible considerar al cuento como hermano pequeño de la novela

En los orígenes del arte, el cuento fue la primera forma de expresión literaria. Es el género primigenio: anterior a la invención del alfabeto y en consecuencia la escritura. No es difícil imaginar a un grupo de hombres y mujeres en torno a un vivac, luego de una cacería o de la recolección de frutos, escuchar el relato de una hazaña o de una historia que trata de explicar un fenómeno natural. Nadie contaba una historia larga y fatigante y la continuaba noche tras noche. El cuento nació oral y breve, y esta tradición pasa de un lugar a otro en un mundo sin fronteras y sin propiedad privada. Menéndez Pidal califica al cuento como género literario emigrante por excelencia. Los mismos temas —el amor, la virtud, la maldad, el odio...— aparecen en las más antiguas civilizaciones asiáticas y en las del Medio Oriente, en Europa y más adelante en América. Va, pues, de Oriente a Occidente y viceversa.
Durante sus inicios, el cuento —oral o escrito— tenía fines religiosos o morales, servía para exaltar grandes tareas místicas o bélicas. Estaba impregnado de una épica que ha marcado a toda la literatura, incluso a aquella que se resiste. Luego de la Edad Media, los aspectos didácticos pierden fuerza y valor y aparecen elementos estéticos y el interés estilístico, a la par que adquiere la personalidad del autor. “El cuento moderno —dice el citado Menéndez Pidal— es un arte absolutamente personal. Es un género literario lo mismo que otro cualquiera. Cada cuento pertenece exclusivamente a su autor, como le pertenece la novela, el drama o el soneto que haya escrito. Estas producciones individuales reniegan del pasado; no quieren tener más antecedentes que su único inventor, quieren que en él comience su historia y en él acabe: ‘mi ingenio las engendró y las parió mi pluma’”, concluye citando a Cervantes.
Imposible considerar al cuento como género menor o hermano pequeño de la novela. Nació original y adquiere la mayoría de edad en el siglo XIX, en tanto que la novela moderna parte, según especialistas, de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha en 1605. “Se ha dicho —precisaJulio Cortázar— que el periodo entre 1829 y 1832 ve surgir el cuento como género autónomo. En Francia aparecenMerimée y Balzac y en EU Hawthorne y Poe”. Este último, traducido al francés por Baudelaire, le otorga sus principales características, las que marcan a todos sus descendientes hasta hoy. Lo diré con palabras de Juan Valera, quien explicaba en 1907, en el prólogo a susCuentos completos, lo siguiente: “Habiendo sido todo el cuento al empezar las literaturas y empezando el ingenio por componer cuentos, bien puede afirmarse que el cuento fue el último género literario que vino a inscribirse. Hubo libros religiosos, códigos, poesías líricas, epopeyas, anales y crónicas, y hasta obras de filosofía y de ciencias experimentales, antes de que aparecieran libros de cuentos”.
Lo interesante de su existencia es justo la brevedad, la que le permitió ser oral por largo tiempo, ir de boca en boca sin necesidad de escribirlo; ello retrasó su desarrollo. Sin embargo, no olvidemos los relatos memorables que la inventiva árabe nos dio en Las mil y una noches o que
Chaucer (Cuentos de Canterbury) y Boccaccio (El Decameron) escribieron historias de cáustico erotismo mucho antes de los años citados por Cortázar y lo hicieron con características de literatura moderna.

En una época sin televisión, los primeros textos de literatura que mi madre puso en mis manos eran fantásticos, cuentos infantiles, historias de brujas y hadas, princesas encantadas, caballeros de bruñidas armaduras, audaces piratas… VerneSalgariPerraultAndersen, los hermanos GrimLafontaineWildeSwift eran mi pan diario. La mitología griega, Homero a la cabeza, me marcó profundamente. Leí, bajo la influencia de mis abuelos maternos, la Biblia, como texto literario fantástico, no como obra sagrada y muchas partes me dejaron insatisfecho.
Para mí, por ejemplo, David era filisteo, Judas un héroe, Caín tenía que ser castigado con severidad y diariamente asesinaría a Abel, Noé un descuidado a causa de la bebida… De tal modo fue naciendo mi propia imaginería. Al fin tuve oportunidad de reunir mis cuentos en un tomo:Fantasías en carrusel, en 1979. Adelante, el Fondo de Cultura Económica hizo una nueva edición, más voluminosa y finalmente Nueva Imagen editó mis Obras completas que incluyeron los cuentos amorosos por un lado (Todo el amor) y los fantásticos por el otro: Fantasías en carrusel. La editorial los organizó en cuatro tomos debido a su extensión y ordenó los temas y los autores que mayor fascinación han ejercido sobre mi trabajo literario.
Nací cuentista, me formé escribiendo y leyendo cuentos. Soy un cuentista que se ha visto obligado a escribir novelas.

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