Tantadel

marzo 06, 2015

Cuentos para encontrar a la mujer extraviada

En un país que ha sabido desarrollar de manera notable el cuento, con Rulfo, Arreola, Edmundo Valadés, Rojas González, Inés Arredondo, Elena Garro y una lista interminable, Jorge Arturo Abascal Andrade refirma su calidad con un nuevo volumen de relatos cortos de inmensa calidad literaria: Una mujer se ha perdido, cuentos para encontrarla, editado por la UAM-X. En la cuarta de forros, el poeta Javier Sicilia, explica con tino: “Jorge Abascal logra mostrarnos a la mujer y al eros como uno de esos raros enigmas que desquician la racionalidad y que nos abisman, por la fuerza de su misterio, en un mundo de infinitas posibilidades donde todo nos trasciende y nos deja perplejos.”

El volumen lo integran cinco relatos de gran poder e intensidad, trabajados con suma delicadeza, de orfebre: “Tatuajes”, “Ogresa”, “Fátima”, “Rapsodia en gris” y “Fin de cuento”. No es fácil discernir qué cuento es el mejor. Todos tienen su propio encanto y su indudable misterio. Para el citado Javier Sicilia, “la joya” es  la historia “Fátima”. En tal sentido, he escuchado opiniones diversas y afinidades distintas, pero que en algo están de acuerdo: no hay relato flojo o descuidado. Son delicadas piezas de orfebrería. Desde la que cuenta de Patricia que desea le tatúen gnomos en el vientre, hasta un enigmático “enderezador de cuentos” que va en busca de un escritor al que debe decirle que cese sus intentos creativos; pasando por la atroz ogresa, que tortura a un desventurado que ingresó en un mundo de erotismo sadomasoquista; la sufriente, dolorida y fantasmal Fátima y la correspondencia trágica de dos militares que aman a una misma mujer durante años de guerra.

“Fátima” es el relato más largo y acaso el más llamativo, lo que no disminuye la atención que provocan los demás. En lo personal me llaman la atención tanto los andamiajes de cada relato como las historias. Los primeros son fuertes y originales, mientras que las segundas son imaginativas y sugerentes, todos marcados por el misterio de la fantasía. No cabe duda que Abascal es un cuentista natural, que se incorpora con facilidad a todos aquellos que han cultivado el género con devoción. De párvulas bocas, cuentos de lolitas y Cuentos mágicos, por ejemplo, al que ahora menciono, hay una perfecta y armoniosa línea del escritor enamorado de las historias cortas y asimismo enamorado del amor, de la mujer y sin duda del erotismo más delicado y sugerente.

En un mundo donde el género rey es la novela, aquellos que escriben cuentos parecen, a través de los medios, figuras menores. Suponen que el relato breve es el hermano menor de la poderosa novela. Están equivocados: Poe y Borges, por ejemplo, jamás necesitaron de hacer fatigantes novelas-río para llegar al éxito y sin duda a la eternidad. Jorge Arturo Abascal ha optado hasta hoy por hacer del relato corto un reino de perfección luminosa. Podemos apreciar la belleza de cada historia en Una mujer se ha perdido. Existe en el volumen una unidad, no se trata de recurrir al facilismo de incluir diversos temas al azar. Están allí en un orden riguroso, en un mundo de afinidades adecuadas. El libro puede ser leído de manera fortuita, pero es del modo habitual, de principio a fin, como podemos encontrar sus valores más acabados: la belleza y la pulcritud literaria.

Si para un diccionario común el cuento es simplemente el arte de contar y concede dos sinónimos: narración y fábula, para críticos y creadores se trata de algo más complejo y en consecuencia más profundo. Según el español Julio Casares, en otra idea sencilla, “las acepciones de la palabra cuento son: relación de un suceso falso, fábula que se cuenta a los muchachos para divertirlos”. Miguel de Cervantes distinguía dos clases de cuentos: los que deleitan y los que deleitan y enseñan, es decir, la fábula y el apólogo, mientras que la característica de Edgar Allan Poe, maestro del cuento moderno, era englobar los tres sentidos de su creación: el suceso a relatar es lo que importa, el suceso es falso y el relato tiene una finalidad hedónica, según Julio Cortázar, teórico del cuento y a su vez también espléndido cuentista.

Estoy plenamente seguro que los cuentos de Arturo Abascal cumplen, en tal sentido, las reglas más severas de la cuentística universal.

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