Tantadel

marzo 30, 2015

El complejo escenario político

Entre la incapacidad del gobierno federal y la turbiedad de los partidos políticos, entre la pobreza de los medios de comunicación y la confusión en las redes sociales, la nación en su conjunto debate qué hacer, cuál es el siguiente paso para democratizarla y hacerla avanzar, cómo salimos del enorme hoyo en que años de perversiones la han sumido.

Entre los debates recurrentes, ha vuelto el de acudir o no a las urnas. Las argumentaciones de ambas posturas dan puntos de vista en apariencia convincentes. Sin embargo, algo es evidente: no son las tediosas elecciones llamadas intermedias, en las que pocos acuden a las urnas porque no está en juego la presidencia de la República y la mayoría de las gubernaturas. De un lado, están quienes llaman a no votar, del otro lucha la posición contraria: ir a las urnas. En este último caso, la gente que la mantiene señala que si se desea cambiar al país no hay otra ruta que la electoral, lo que es cierto. Pensar en una guerra de guerrillas es una locura en plena globalización y con los sonoros fracasos de la izquierda a escala internacional, como en Francia o en Brasil. El camino electoral es por ahora la única posibilidad de acabar con los partidos políticos tal como los vemos y los conocemos, salvo que uno padezca demencia o de plano sea fanático de algunos de ellos.
Aquellos que califican a una amplia franja de la sociedad, en especial capitalina, acusan a quienes piden no acudir a las urnas, como “antisistémicos”. No estoy tan seguro del término. Yo veo a miles de mexicanos que piden un total abstencionismo, pero no desean cambiar radicalmente la forma de sistema. A mí no me ha gustado jamás el capitalismo, lo veo como una aberración, pero he llamado en artículos a votar, a intentar que la vía electoral tenga un sentido, como la tuvo en Chile, cuando Salvador Allende triunfó e inició cambios que traidores militares impidieron, con la muerte del político socialista.

Hace años, cuando el Partido Comunista era clandestino y existía “la dictadura perfecta”, pues el PRI ganaba por abrumadora mayoría y el país estaba a su merced, pedí que se votara en blanco. Nunca, pues, he pensado en el abstencionismo como una solución  para México. Dudo que el país quiera pagar de nuevo una cuota de sangre tan alta como la que pagó en 1910-1917. Ahora, no creo que haya más ruta que la de ir a las urnas. Así lo piensa Peña Nieto y lo piensa López Obrador, para sólo citar dos casos extremos. Los demás piensan igual. Todos.

Ahora, ¿por qué ir a votar? Hay una razón poderosa aunque sea parcial, es un buen inicio. Si vamos a votar el poder de los partidos disminuirá, se fragmentará. Por ejemplo, el PRI perderá peso a escala nacional, mientras que el PRD dejará de ser una fuerza opresora en la ciudad capital. Es posible que crezcan los partidos chatarra, pero es de imaginar que el poder de cada partido disminuirá y en esa medida es posible que aprovechemos el momento para que, como sociedad, tengamos mayor presencia en las decisiones del país.

Es ahora cuando México puede distinguir entre los distintos candidatos. Se tiene que votar de manera informada y coherente. Es necesario analizarlos bien: de dónde provienen, cuál ha sido su desempeño en otros puestos legislativos, qué han propuesto, quiénes los promueven, son “chapulines”, etcétera. Existe una gran cantidad de legisladores que sólo han corrompido la tarea de crear leyes y una vez que ganan no vuelven a aparecerse por sus circunscripciones y jamás cumplen con sus propuestas de campaña. En manos de la ciudadanía está el refrendarles su voto o elegir a otra persona, menos corrupta o más capaz.   ¿Cómo votar por un ignorante, que ni siquiera tiene primaria completa ni ha hecho labor comunitaria?

Por ello, en la ciudadanía, más que nunca, está el destino del país, el cambiar el rumbo actual para mejorar, no para seguir soportando corruptelas ni infiltración del narco. Basta de utilizar la política para enriquecerse y enfangar a México.

No hay comentarios.: