Tantadel

marzo 04, 2015

En la corrupción todo es posible y natural

Este proceso electoral que recién ha comenzado tiene características peculiares: carecen de seriedad alguna y rayan en la burla cínica a la sociedad. Producen fatiga y desde luego estamos en el hartazgo. No es cuestión de risa sino de legítima indignación. Lo único que intentan los partidos políticos es alcanzar el mayor número de votos para mantener o aumentar sus cuotas de poder o, en el mejor de los casos, tener una dudosa legitimidad. Para ellos no hay escrúpulos: mienten, hacen demagogia del peor estilo, fingen poseer una ideología, luchan entre sí y para colmo pelean internamente para, al fin, ponerse de acuerdo en la manera de repartirse el botín. Nunca los partidos habían alcanzado tan bajos niveles. El desprestigio los rodea y sólo sus respectivos militantes logran mirarlos con falsa devoción. No tienen a qué aferrarse.

Sin embargo, hay casos que rebasan lo grotesco, como el del político Agustín Torres, orgullosamente de “izquierda”, quien salió del PRD porque no le habían dado una diputación plurinominal y se fue a Morena, donde ya estaba prometida. Pero tan pronto llegó al nuevo organismo recibió el telefonema salvador: ya era candidato perredista. Obviamente regresó a casa. Eso se llama dar el salto mortal, caer parado y tener tres años más en su carrera pública.

Lo anterior es una prueba de la dignidad y compromiso social de los políticos mexicanos, no importa a qué partido pertenezcan. Hemos tolerado la creación de un verdadero Frankenstein, imbatible. No hay fuerza capaz de frenarlo. ¿Son acaso los políticos que nos merecemos? Allí está el asunto del célebre alcalde que alcanzó la notoriedad y repetir en el cargo gracias a su cinismo: “Votan por mí porque yo robo poquito”. Ahora Hilario Ramírez, no sé si con su dinero o con el del erario, celebró su cumpleaños con una fiesta que le costó diez millones de pesos en alcohol, birria, música y cientos de invitados. En el jolgorio, el presidente municipal decidió mostrar su vulgaridad y bajeza y mientras bailaba con una mujer agraciada le levantó dos veces el vestido para que mostrara la ropa interior. Las fotografías lo muestran disfrazado de ranchero, sonriente, seguro de su personalidad política. Lo que llama la atención es que en el municipio de San Blas, Nayarit, la gente le haya dado su voto a un político de esa catadura moral.

Las listas de plurinominales ya están prácticamente listas y en todos los partidos surgen hombres y mujeres de escasos escrúpulos y muchos de ellos con antecedentes vergonzosos. PRI, PAN, PRD, Morena, Movimiento Ciudadano, Verde Ecologista y demás, son caricaturas de partidos. Qué pensar de un candidato plurinominal como Marcelo Ebrard, que ha estado prácticamente en todos los partidos y que defraudó al gobierno capitalino. Ahora lo tendremos en la Cámara de Diputados, fuera del alcance de las leyes en México, donde la justicia va más lenta que las tortugas o que de plano permanece inmóvil. En efecto ciega y ajena a lo que sucede en el país.

He leído muchas propuestas de los opositores al sistema político mexicano, como no ir a las urnas o votar en contra de equis partido por ser el de más elevada corrupción. Por ahora no parecen existir muchas opciones. Carecen de sentido porque de todas maneras saldrán ganadores. Queda la resistencia civil, presentar auténtica unidad y fuerza social para que no obtengan nuestro dinero y vivan con sus recursos propios. Presionar masivamente para que los partidos no reciban dinero del Estado. Mostrar nuestro malestar con manifestaciones de repudio bien organizadas en donde no haya vandalismo ni violencia. Recordar el éxito de Gandhi, por más diferentes que sean los respectivos contextos, no es descabellado. Lo es más pensar en estos momentos en una guerra de guerrillas en pleno mundo global y sin un ejemplo verdaderamente distinto al capitalismo y en el que las contradicciones internas y externas no son de ayuda. Como sea, hay que decirle ¡basta! al sistema político mexicano tal como está. Queremos algo bien diferente. Que permita un país distinto, sin vileza ni el desprestigio internacional que hemos conseguido.

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