Tantadel

marzo 08, 2015

Entre la piel y el deseo amoroso

El amor es fundamental para el arte: están íntimamente ligados, abrazados

El amor ha poblado novelas, cuentos, dramas y poemas. Es el gran tema universal, resulta inagotable. Los escritores, de una u otra manera llegan al amor y a los sentimientos y pasiones que produce: enemistad, celos, encono, odio, ternura, masoquismo, sadismo. Los problemas de la pareja son múltiples, variados y complejos. Algunos escritores los tratan con pasión, otros por necesidad expresiva, pero no hay gran libro, aun en los de aventuras y policiacos, que no incluya una historia amorosa. Los excelsos, Homero,Shakespeare y Cervantes, son memorables y de matices infinitos.
Dentro de la literatura amorosa existen cumbres, cito un puñado al azar: Scott FitzgeraldEl gran GatsbyLeón TolstoiAnna KareninaGustave FlaubertMadame Bovary. Algunas se tornan plenamente eróticas: Geoffrey Chaucer,Cuentos de CanterburyJohn ClelandFanny HillDaniel DefoeLas aventuras amorosas de Moll FlandersD. H. LawrenceEl amante de lady ChatterleyHenry Miller,TrópicosRaymond RadiguetEl diablo en el cuerpoAnaïs NinPájaros de fuego.
En estas páginas célebres las descripciones eróticas juegan un papel importante. Son momentos en que el lector presta mayor atención. Lo curioso del fenómeno es que pocos suelen considerar las dificultades del escritor, quien estuvo ante un tema milenario, cuyas palabras descriptivas se han gastado a fuerza de repeticiones.
Ovidio y Longo trataron a profundidad el amor. La Biblia, tan plagada de amenazas, sangre y castigos, no logra sustraerse al tema y Las mil y una noches posee una fuerte carga erótica. ¿Tendríamos que citar el Kama-Sutra o a las inevitables obras del Marqués de Sade? El primero es un dulce y distinguido, tedioso, catálogo sexual, con la elegancia oriental, donde los baños y las sedosas telas, la gastronomía y la lujuria se mezclan para invitar a la pareja a sostener un eterno diálogo lúbrico. El segundo es un grandioso intento por encontrar la libertad a través de los mayores placeres eróticos, donde la violencia carnal le descubre al individuo la posibilidad de una vida nueva y más libre e insólita.
El amor es fundamental para el arte: están íntimamente ligados; abrazados, podría decirse. El amor es visual, pero con frecuencia comienza cuando la piel es rozada por una mano, en el momento en que los dedos recorren un brazo, un seno, las piernas. Durante ese primer contacto, la excitación arranca con fuerza y la pareja se sumerge en la pasión y al final en la ternura. Pero si la piel es parte distinguida del sexo, la lencería, las telas finas y las medias suponen un avanzado grado de sofisticación y fetichismo.
Uno de los libros más acosados por la censura fue sin dudaEl amante de lady Chatterley, una obra clásica que ha sido llevada varias veces al cine. El propio Lawrence —quien por cierto vivió un tiempo en México y aquí escribió una novela fascinante, La serpiente emplumada— tuvo que defenderse de las persecuciones que en Europa recibió su afamado libro. Sus defensas, hoy, son tan seductoras como la novela.

En las páginas de la polémica novela, Lawrence escribe, refiriéndose a uno de los primeros encuentros entre lady Chatterley y el guardabosque Clifford, que se convierte en su amante:
“Depositó cuidadosamente las mantas, y dobló una para la cabeza de ella. Luego se sentó un momento en el taburete, y la atrajo hacia él, abrazándola estrechamente con un brazo y tocándole el cuerpo con la otra. Ella notó su entrecortada respiración, su sorpresa de hallarla completamente desnuda, bajo la delgada falda.
“—Ah, qué delicia es tocarte— dijo él acariciándole la delicada, cálida y secreta piel de la cintura y las caderas. Acercó la cara y le frotó la mejilla contra su vientre y sus caderas una y otra vez.
“De nuevo le extrañó un poco aquella especie de arrobamiento de él. No comprendía la belleza que él hallaba en ella, ni el éxtasis que sentía. Es necesario la pasión para comprenderlo.”
Poco después, el guardabosque y la hermosa dama se entregan al amor. A juzgar por la delicada descripción de ese encuentro, la pasión arranca con el toque de la epidermis. Allí está el punto clave, el que con frecuencia en el arte y en la vida real desata furiosas pasiones amatorias. Algún siquiatra advertía: “mucho cuidado, la excitación y las inevitables relaciones sexuales comienzan por un simple roce de pieles”. Otro más, señaló que el beso, ese frotar de labios cautivante, prodigioso, es el primer canapé del banquete.

No hay comentarios.: