Tantadel

marzo 01, 2015

¿Generación Taller, sin Rafael Solana?

Con sus novelas nos descubrió más de un aspecto de la Ciudad de México

En memoria del excepcional barítono Roberto Bañuelas.

En 1966 en una librería desaparecida de la calle Hidalgo, justo en Libros Escogidos, del inolvidable Polo Duarte, encontré una obra de pastas blancas: El oficleido y otros cuentos, de Rafael Solana. De inmediato escribí una nota sobre el volumen y la publiqué en El Día, donde me inicié periodísticamente. Solana era un autor familiar: había leído El sol de octubre y La casa de la santísima, y en el teatro presenciado Debiera haber obispas. Sin embargo, jamás pensé en la posibilidad de conocerlo en persona. Una tarde llegó a casa carta del autor. Fue, por cierto, la primera misiva de un escritor famoso que recibía agradeciéndome el “comentario tan favorable para mi vena de narrador”.
Hasta hoy las críticas literarias en México suelen ser más producto de la irreflexión y la rabia que de la serenidad y la objetividad. Si Solana en vida fue respetado por su trabajo periodístico y literario, muerto ha quedado fuera de las listas oficiales a pesar de que fue parte fundamental deTaller, generación que cumplió el centenario en 2014 y la que merced al luminoso sol (Paz) en un país de sombras, brilló con excepción de Rafael, quien nació, desventuradamente en 1915. Ahora es lugar común citar un criterio de Gustavo Sainz, que hice mío hace 30 años:Fuentes (La región más transparente), Spota (Casi el paraíso) y Solana (El sol de octubre) consolidan la literatura urbana de México y así aparece en plenitud un fértil terreno para las generaciones que seguíamos y en las que muy pocos provenían de pequeños poblados.
Los miembros de Taller son muy diferentes entre sí; autores que poco tienen en común. Rafael Solana supo escribir intensamente, de modo pasional, y combinar un gran número de actividades: dramaturgia, prosa narrativa, ensayo, periodismo, particularmente la crónica, con la actividad pública, como secretario particular de Jaime Torres Bodet. Trabajé con él y supe de su cultura y sentido del humor. Solana era también un notable conversador. Después me correspondió en el Fondo de Cultura Económica ayudar en la aparición de su libro Musas latinasque agrupa tres magníficos ensayos: LotiQueiroz y Verdi. Estuvimos juntos en mesas redondas literarias y tuve el honor de recibir comentarios suyos.
Rafael Solana era un autor infatigable. No sé cuántas cuartillas escribía semanalmente, pero imagino que debieron ser muchísimas. Impartía conferencias, asistía a conciertos y era asiduo a la ópera y, en términos generales, desarrollaba una intensa actividad. Me parece que serán las generaciones futuras las que analizarán su obra, ya sin la pasión y la subjetividad que concede la distancia. Es decir,Solana tendrá que ser valorado en su extensa producción literaria, del mismo modo que ahora, por ejemplo, empieza a serlo Luis Spota. El problema es, en México, la presencia de un grupo o grupos que se han arrogado el derecho de decidir quién vale y quién no, y a la torpeza de muchos críticos extranjeros que se exhiben al continuar esa lamentable tradición nacional. Hoy tenemos a escritores como Elena GarroJuan de la CabadaErmilo Abreu GómezFrancisco Monterde, el propio Solana, que sufren injusticias en una nación que carece de crítica profesional que ahonde en la obra y sea capaz de darle, tanto al escritor como al lector los elementos necesarios para conformar opiniones y criterios de valor. No se trata de reconocer méritos inexistentes; se trata, por lo contrario, de aceptar el peso de obras que han influido fuertemente en las letras nacionales. Es muy posible que en Fuentes o enSolana haya libros que no nos gusten, lo cual no debe ser obstáculo para señalar la importancia que tienen. El libro de Mario SaavedraRafael Solana: escribir o morir, editado por la Universidad Veracruzana, es hasta ahora lo mejor que se ha escrito sobre él.
Erudito y de elegante escritura, Rafael Solana, en sus días finales, mostraba satisfacción a pesar de los dolores. Su vida al servicio del teatro, del periodismo, de la literatura, de la música, fue rica y fructífera. Supo crear un universo maravilloso. Con sus novelas nos descubrió más de un aspecto de la Ciudad de México, y con sus cuentos y obras de teatro el valor del sentido del humor. El Solana satírico es brillante, algo que en México carece de grandes antecedentes. La antología del severo Emmanuel CarballoEl cuento mexicano del siglo XX, por cierto, incluye un gracioso cuento de SolanaEl oficleido.

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