Tantadel

marzo 02, 2015

Roberto Bañuelas, una voz excepcional

El viernes me fue comunicado por Hortensia Cervantes, soprano deliciosa de magnífica y larga carrera en Europa, que su esposo, el barítono Roberto Bañuelas acababa de fallecer víctima de cáncer. De inmediato fui al sitio donde lo velaban. Era una escena poco común. Sus muchos amigos, alumnos, colegas y admiradores llenaban una sala donde mi querido amigo reposaba y alrededor del féretro una asombrosa cantidad de flores blancas. De una grabadora surgía la voz notable del cantante: algunas eran arias clásicas, otras piezas de autores que le gustaban en especial y las más eran composiciones y arreglos poéticos suyos.

Al día siguiente los diarios daban la triste noticia, en la mayoría estaba la foto del cantante de ópera que hizo la parte fundamental de su carrera (seis décadas) en distintos países europeos, principalmente en Alemania, donde tuvo un gran éxito y alternó con las mejores voces de su tiempo: Pavarotti, Plácido Domingo, Birgit Nilsson y Montserrat Caballé, dentro de una larga lista de celebridades internacionales. Tenía en la memoria las partituras de las óperas más notables. Cantó en las mayores ciudades de Europa y Estados Unidos, bajo la dirección, entre otros, de Karajan y Zeffirelli. Era dueño de una voz privilegiada, la que dominaba a la perfección, merced a sus propias técnicas, y que dio a conocer a los jóvenes a través de libros especializados y de sus clases, sobre todo en la Escuela Nacional de Música de la UNAM.

Pero Roberto Bañuelas iba más allá del canto y la composición, escribía infatigablemente novelas y mini ficciones de gran calidad literaria y además pintaba, poseía una inmensa cultura y la edad no le impidió cantar hasta prácticamente el final. No estaba lejos de una figura del Renacimiento. Era, por último, un nombre de extraña generosidad, que jamás tuvo palabras duras para sus colegas, al contrario, solía ser de críticas positivas, incluso con aquellas figuras que en Europa le provocaron dificultades.

Nuestra amistad nació hace varios lustros y por fortuna nació sólida, perfecta: únicamente su muerte interrumpió los largos encuentros donde escucharlo hablar con inteligencia y cultura me convertían en un discípulo más, en especial tomando en cuenta que desde siempre he amado la ópera y la música sinfónica. Roberto dio una larga y aguerrida lucha contra el cáncer. La palidez en su rostro y su debilitamiento físico no eran gran cosa con la cantidad de proyectos que tenía: novelas, reorganizar sus valiosos archivos, su biblioteca, pintar cuadros asombrosos, componer hermosas canciones y darle parte de su tiempo a los jóvenes que lo buscaban para saber cómo educar la voz. Siempre al lado de su hermosa esposa, una pareja perfecta, como lo fueron Luis Herrera de la Fuente y Victoria Andrade, con quienes, por cierto, solíamos reunirnos con regularidad.

Desde hace unos dos años he visto que mi mundo se derrumba. Me pregunto quién sigue. Mi adorada amiga María Luisa La China Mendoza me dijo no hace mucho tiempo, cuando hicimos un recuento doloroso de amigos idos: “Sí, ya sé que todos estamos formados ante la muerte, pero por favor, no empujen”. El fallecimiento de mi amigo Roberto Bañuelas es para mí menos atroz porque conservo discos, libros y cuadros suyos. Me ayudarán a tolerar la pena.

Roberto Bañuelas recibió infinidad de premios y reconocimientos, tales como la Medalla Mozart y la Medalla Bellas Artes. Algunos de los títulos de libros escritos por él son Los inquilinos de la torre de Babel, Memorias del exilio interior, El templo iluminado de la soledad y Trashumancia del amor.

En Twitter, Rafael Tovar y de Teresa escribió: “Lamento el deceso del barítono mexicano Roberto Bañuelas, cuya  voz vibró en los grandes escenarios del mundo. Mi pésame a sus deudos.” Falta el homenaje de Bellas Artes a un músico inigualable, a un artista impecable.

Yo, por mi parte, de nueva cuenta y ahora por escrito, le digo a su viuda Hortensia Cervantes y a sus hijos, Juan Carlos y Marcela, que jamás olvidaré los altos méritos artísticos de Roberto, su lúcida bondad y su infinito sentido de la amistad.

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