Tantadel

marzo 09, 2015

Votar o no

La democracia mexicana está en pañales y no parece avanzar, superar sus taras, sino al contrario, estancarse. Si antes, con palabras de Mario Vargas Llosa, era la dictadura perfecta, bajo la tutela casi divina del presidente en turno, siempre del PRI, ahora, luego del ruidoso fracaso del PAN en Los Pinos, hemos llegado a ver al país realmente controlado por una tiranía perfecta: el sistema de partidos grotescos que en nada se parecen a los que estudiaron Duverger y más adelante Bobbio.

No hay mucho que señalar: allí están, los vemos actuar y todos están plagados de vicios y defectos, parecen luchas entre sí, pero lo hacen bajo la misma lógica perversa, obtener el poder y utilizarlo para enriquecerse. Todos dicen buscar algo nuevo y tener en sus filas personas no contaminadas. Las listas de sus candidatos “ciudadanos” muestran lo contrario y más perversión de la que imaginamos. Del más viejo, el PRI, al más joven, Morena, van en pos del poder con mentiras y turbias ambiciones, rodeados de políticos profesionales gastados y con un discurso barato que miente incesantemente. Nadie tiene las manos limpias.

En este torneo de falsedades, es difícil saber qué partido es el peor. Me parece que todos comparten el primer lugar. Sin embargo, el dilema y la discusión persisten y está en la mesa de los ciudadanos: deben votar o de plano ignorar a los partidos que sirven para dilapidar el erario. Unas voces dicen que no, que es perder el tiempo, otras piensan que se debe votar para no dejar que uno u otro obtengan el triunfo. Como sea, alguien ganará y ese alguien estará manejando buena parte de la población mexicana, aunque no esté en juego la presidencia de la república. En consecuencia debemos reflexionar cuál es la mejor línea a seguir.

Votar, dicen muchos jóvenes, significa hacerle el juego a la dictadura de los partidos, los que siempre se ponen de acuerdo en lo sustancial que es su fortaleza y con ello la repartición del dinero, primero en la lucha electoral y luego ya con los cargos en las manos, los ilimitados recursos que el poder político concede al facilitar no sólo enormes dietas sino la posibilidad de llevar a cabo negocios con el gobierno. Votar en todos los casos es darle al partido de su elección, las posibilidades de llevarse todo o buena parte del paquete económico. Nadie del mundo político quiere cambios reales, desean modificar, en el mejor de los casos, la fachada. ¿Qué proponen? ¿Cuál es la ideología de cada partido? Todos tienen ocurrencias, mucha demagogia, alguna oferta incompleta, malas bromas, tomaduras de pelo. El caso es que ni del PRI ni del PAN o del PRD y menos del Verde o de Morena o de Movimiento Ciudadano hay propuestas serias. Con sólo ver los candidatos, analizar sus historiales, escucharlos, es suficiente para no votar por ninguno.

Sin embargo hay que hacerlo. No tenemos por ahora ninguna otra posibilidad por más que los jóvenes la imaginen. Lo que debemos hacer es concentrarnos en fortalecer a la sociedad, ése es el único partido que puede enderezar el rumbo. El problema es que tenemos una sociedad que apenas despierta y lo hace con pereza y falta de posturas críticas y algo más, no tiene proyecto ni dirección. Es decir, habría que empezar por desnudar a los partidos existentes. La pregunta es cómo. ¿Votar acaso por los candidatos menos malos, los que han robado “poquito” o no han utilizado mucho el cargo para hacer negocios? Es una posibilidad en lugar de hacerlo por partidos. El problema es que a la larga los partidos se beneficiarán de tales sufragios. Ver el historial con lupa de cada aspirante a cargos populares es una solución. Pero en eso también han mentido: allí está el inaudito Marcelo Ebrard que jura ser pobre, carecer de auto y vivir en un departamento rentado, cuando defraudó con Mario Delgado al Metro.

En fin, la dictadura perfecta, encabezada por los partidos políticos ha logrado someternos, doblegarnos. ¿Cómo salir del gravísimo atolladero en que nos metió la democracia al estilo mexicano, tan corrupto como desvergonzado?

En lo personal votaré por candidatos, aunque sé que ello ya es un peligro para el país, pero eso sí, en Tlalpan no votaré por Sánchez Torres, ni por Higinio Chávez, ni por la Sheinbaum, porque ya sabemos la clase de corruptos que son. En cualquier circunstancia, no acudir a las urnas es posiblemente peor, hay que demostrar nuestro repudio con el voto de castigo. Ya hace tiempo que no hay condiciones para otras vías que no sean las electorales.

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