Tantadel

abril 24, 2015

Arte y comunismo en México 2/2

Otro problema de los intelectuales de la primera mitad del siglo XX, fueron las confusas relaciones con el PCUS y la figura dominante de Stalin. Si bien es cierto que la situación internacional obligaba a cierta coherencia en la guerra contra el fascismo, faltó el espíritu crítico y ello paralizó en más de un punto al comunismo mexicano. Más adelante, la izquierda histórica vivió agobiada por el asesinato de Trotski. Sus camaradas y herederos siempre mantuvieron una total discrepancia con Moscú, mientras que los comunistas, cuyo origen venía de la Tercera Internacional, se sometían con facilidad a los dictados soviéticos en una URSS que había sucumbido a la personalidad de un hombre brutal: Stalin.

No obstante las diferencias del caso, la presencia de León Trotski, y su relación con Diego Rivera y Frida Kahlo resulta de enorme significación para la cultura nacional a causa de las nuevas posibilidades que abre. Imposible dejar de lado en este recuento, el célebre manifiesto “Por un arte revolucionario independiente”, fechado en México, DF, el 25 de julio de 1938, firmado por André Breton y Diego Rivera y probablemente redactado por Trotski y el propio padre del surrealismo. Su repercusión fue significativa, sobre todo por sus aportaciones al análisis serio de una estética marxista derivada no de las aficiones personales de los dirigentes, sino del conjunto de la obra de Marx, de su método y sus grandes intenciones.

Es un hecho, que de todos los marxistas, fue Trotski quien más agudamente trató los problemas del arte y la cultura. Explicó, por ejemplo, la imposibilidad de hacer un arte proletario a causa del breve periodo histórico que le correspondería y por la aspiración a eliminar las clases sociales, o rescató figuras que el estalinismo había condenado, como Céline, al juzgarlo como el gran literato que fue y no por sus simpatías con Hitler.

Las preocupaciones políticas, la amenaza de guerra en el mundo, los éxitos de Hitler y Mussolini y la guerra de España, dejan de lado la idea de definir la política cultural mexicana y proyectarla como arma de lucha social. Otras eran las dificultades principales. El PCM quería, como es normal, un cambio en la estructura económica, pues lo demás, la transformación de la superestructura, viene de modo natural. Pese a todo, los comunistas, aunque algunos lo fueron de modo ocasional, jugaron un papel clave en el desarrollo cultural de México. Repasemos con rapidez algunas de sus grandes creaciones:

La célebre LEAR, Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, fue fundada en 1933 en la casa del artista plástico Leopoldo Méndez. Entre sus integrantes estaban Juan de la Cabada, Pablo O’Higgins, Luis Arenal, Xavier Guerrero, Ermilo Abreu Gómez, Alfredo Zalce, Fernando Gamboa, Santos Balmori, Clara Porcet, Julio Bracho, y muchos más. Como es posible observar, no todos eran comunistas o lo fueron por poco tiempo, pero el peso de quienes provenían de la izquierda marxista era decisivo y muchos escritores y pintores de reconocida militancia comunista internacional, como Rafael Alberti o Pablo Neruda y Nicolás Guillén, tuvieron relación con esta notable agrupación de artistas revolucionarios, del mismo modo que, poco antes, la figura de S. Eisenstein, impresiona a diversos grupos de cineastas mexicanos, mientras filma ¡Qué viva México!

Los primeros presidentes de la LEAR fueron Juan de la Cabada, Silvestre Revueltas y José Mancisidor. Su lucha contra el fascismo y el imperialismo fue larga e intensa y siempre se le dio a la actividad de los artistas militantes una función social que bien se aprecia en las creaciones de los muralistas. La LEAR tuvo como medios de difusión la Hoja Popular y Frente a Frente, otras dos publicaciones legendarias hechas por artistas e intelectuales comunistas.

La LEAR y otras organizaciones, como la Federación de Escritores y Artistas Proletarios, FEAP, y la Asociación de Trabajadores del Arte, ATA, estaban en manos de comunistas y, en consecuencia, el PCM jugaba un papel fundamental para que la cultura nacional avanzara. El trabajo político de todas estas organizaciones fue excepcional. También contribuyeron a la creación de brigadas culturales que buscaban elevar el nivel educativo y cultural del pueblo: hicieron talleres de arte, funciones de teatro y música; redactaron y editaron libros, volantes, revistas, folletos; celebraron mesas redondas y conferencias sobre diversos problemas de la cultura nacional.

El periodo de Lázaro Cárdenas, 1936-1940, le permite a los marxistas un mayor desarrollo, concediéndole uno de sus momentos de esplendor. En tal sentido, y mucho más adelante, en 1960, la abrupta aparición de la Revolución Cubana sacude al continente y a México le influye de manera notable, sobre todo a sus intelectuales y artistas más jóvenes. La Casa de las Américas y su defensa de una cultura comunista y antiimperialista ofrece una riqueza inusitada, el movimiento estudiantil de 1968 se alimenta de esta conducta, el comandante Ernesto Guevara se vuelve símbolo y mito. Las luchas juveniles y el trágico desenlace, la masacre del 2 de octubre, producen una nueva corriente literaria que algunos suelen denominar “literatura del 68”. Lo que los medios no consiguieron, maniatados como estaban por el Estado, la literatura lo logró.

El Partido Comunista, pese a sus vaivenes y pugnas internas o a su dependencia del PCUS, qué duda cabe, supo darle grandeza a la cultura nacional. Hoy, a muchos años de distancia, ya sin la existencia del socialismo real y con la extinción de los partidos comunistas, los tiempos parecen haber cambiado.

Los abuelos del PRI trabajaron de modo natural por la cultura y de muchas maneras consolidaron la tradición luminosa de un Estado promotor de la cultura. Gracias a eso, para bien y para mal, hoy México cuenta con una enorme estructura cultural, con frecuencia caótica, sin una política clara, que ha utilizado una y otra vez para cooptar intelectuales y artistas y no tanto para desarrollar de forma armónica la cultura y las artes. Esto es poco, acorde con las exigencias de adelgazar al Estado. El sistema en conjunto se aleja con celeridad del arte y la cultura, sobre todo con auténticos trogloditas que se reparten el poder.

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