Tantadel

abril 12, 2015

Paz, rey sol en país de sombras

El poeta debe mantener distancia con el príncipe

Hace unos días apareció un reportaje crítico sobre Octavio Paz, insólito en la historia reciente, donde el Premio Nobel ha sido ensalzado hasta la fatiga y con instrucciones de la estructura política mexicana, que de muchas formas encabeza Peña Nieto, sin reparar en gastos. El trabajo (publicado en Emeequis, suscrito por Jacinto Rodríguez Munguía) se refiere a su falsa dimisión del servicio diplomático, la que le abrió las puertas al héroe político, a quien combatió al comunismo de modo enfermizo, confundiendo marxismo con estalinismo. Sin embargo, las “izquierdas” contribuyeron a su glorificación, olvidando las incisivas críticas que Enrique Semo le hizo a Paz en Proceso.
En 1968 escribí por vez primera sobre Octavio Paz, señalé que no había renunciado al cargo diplomático, pidió ser puesto en disponibilidad. Díaz Ordaz, tirano rotundo, lo despidió con soberbia. Adelante, con Paz ya como teórico de Salinas, señalé algunas de sus contradicciones. “Octavio Paz hablaba de que la buena literatura debe ser (es) para la minoría. Pocos lectores son capaces de apreciar un buen texto poético. Imposible estar en desacuerdo. El arte es de élite. Lo que significa que únicamente un puñado entenderá cabalmente a PoundJoyce, y al propio Paz. Tal teoría no es novedosa. Antes de él muchos la han expuesto con largueza. Es difícil que un libro de KafkaProust o Durrell sea cabalmente comprendido por las mayorías, ni en los países socialistas que mejoraron sus niveles educativos. La élite fue mayor, pero el arte jamás ha sido plenamente para las masas.
“En contradicción consigo mismo, Paz se ha empeñado en buscar cada vez más amplios círculos de lectores. Aparece en televisión, es anunciado hasta la saciedad y sus libros están incluso en las tiendas de autoservicio, en cafeterías y restaurantes como Sanborns y hallamos publicidad de sus libros en las mesitas de los bares de esta cadena. Vive obsesionado con la publicidad y no es criticable: es la ambición de todo creador: ser conocido y respetado. Las editoriales que lo publican parecieran no tener más autor que él: impresionadas por su éxito internacional y su peso político en México, lo promueven con un bombardeo salvaje. Una prestigiada empresa anunció en 1994 como ‘novedad’ El laberinto de la soledad, obra de 1950 que mucho le debe al olvidado Samuel Ramos. Acusado de plagio por Edmundo O’Gorman y Emmanuel CarballoOctavio respondió lacónico: El lobo se alimenta de corderos. Cambió de opinión y ahora desea millones de lectores por más incapaces que sean de comprender su poética, a veces compleja. El intelectual dijo: el poeta debe mantener distancias con el príncipe. Lo hizo porque el poder no deseaba su cercanía. Cuando las cosas cambiaron y los sucesivos mandatarios lo atrajeron a fuerza de elogios, el poeta se dejó acariciar y terminó dándole su apoyo a un mandatario perverso: Salinas. No olvidemos que durante su primer informe presidencial mencionó la entrega del Premio Nobel como si fuera parte de su gestión administrativa. Octavio Paz ejerce el poder. Pocos le reprochan tal metamorfosis. Despedaza a sus críticos apoyado por un séquito servil; carece de amigos, tiene súbditos y le temen y aman, como a un brutal dictador. Sus corifeos aparecen lo mismo en medios oficialistas que en los progresistas. Cada cumpleaños, cada fecha que a Paz se le ocurre, es motivo de festejos populares. Esto se llama culto a la personalidad. ¡Pobre de aquel canal televisivo o suplemento cultural que no loe al poeta laureado, pobre del escritor que ponga en duda sus tesis políticas! Recibirá su furia. A este respecto, ver la polémica entre Paz y Jorge Hernández Campos y Ulalume González de León en el diario unomásuno. APaz no lo rodea el cariño y el respeto, lo protege el miedo. No existe otro símil que Stalin. Como el dictador rechaza las críticas, no acepta otras opiniones. Busca la adulación. Ante un puñado de críticos, es incapaz de un acto de humanidad, pleno de soberbia, los ironiza e intenta destruirlos (pienso enVíctor Flores Olea y Carlos Fuentes). ¡Qué pena que alguien tan colmado de honores no una a la inteligencia mexicana, la divida!”.
Murió como jefe de Estado: el presidente Zedillo dio la noticia y comenzó el duelo nacional acentuado al cumplirse cien años de su natalicio. He podido ver a las mayores figuras de la cultura fatigando libros en busca del Paz indigenista, del Paz politólogo, del Paz melómano… Las universidades públicas decretaron duelo nacional para venerar a un enemigo de aquellos que defienden los intereses políticos de las mismas. Somos un país sin espíritu crítico. Señalar errores y defectos de una persona no significa ser su enemigo, sino un enamorado de la verdad. Hallarlo perfecto es una idiotez: eso no existe, todos, en mayor o menor medida, somos de claroscuros.
El poeta debe mantener distancia con el príncipe y algo más: seguiré viendo a Paz como un brillante intelectual reaccionario y anticomunista.

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