Tantadel

mayo 04, 2015

¡Al fin, desaparece Ebrard, buen comienzo!

La izquierda mexicana actualmente es, por decir lo menos, un amasijo, un pésimo coctel de personajes en busca de empleo, donde campea la mentira, la ignorancia, las complicidades y la demagogia. Los partidos que se dicen de izquierda son, en el mejor de los casos, clones del PRI en sus mejores momentos, si es que los tuvo.

El año pasado, un grupo de antiguos militantes del Partido Comunista fuimos a la FIL de Minería, a la presentación de un libro sobre lo que podríamos llamar la izquierda histórica. Una reunión de nostalgias y vejez, de sueños perdidos y de ignorancia sobre el futuro. Enrique Semo, quien fuera mi maestro, militamos juntos y es mi amigo, me dijo que la izquierda se desmoronó al contacto con los ex priistas, argumento que he sostenido en estas mismas páginas. Las actuales campañas llamadas intermedias son la mejor prueba de ello. Diez partidos sin ideología, sin programa, sin capacidades intelectuales y sin ninguna dignidad, compiten de modo vulgar y agresivo por dominar al país. Fingen tener diferencias abismales entre ellos; no, coinciden en lo esencial: juntos son la dictadura perfecta que viera Vargas Llosa en México.

Pero lentamente la situación para la sociedad mejora. La basura es evidente y padece rechazos tanto en los medios como en la sociedad. Marcelo Ebrard, por ejemplo. Se formó con Salinas de Gortari, bajo su amparo arrancó impetuosamente, orgulloso de su militancia priista. La decisión del presidente de poner como sucesor a Luis Donaldo Colosio en lugar de Manuel Camacho, cambió a México. Mientras el EZLN surgía aguerrido para mostrar sus desacuerdos con el poder, “el mal gobierno” decía Marcos, el enérgico grupo de Camacho y Ebrard hacía una rabieta descomunal, rompían con su protector, Carlos Salinas, y enturbiaban el de por sí sucio panorama político mexicano. En más de un aspecto, ello contribuyó al asesinato de Colosio.

Comenzó el recorrido perverso de la caravana. Primero formaron un partido de centro y les fue mal. Pero observaron que la nueva “izquierda” se fortalecía con desprendimientos del PRI, empezando por Cárdenas y el entonces apenas conocido López Obrador y con cautela pasaron a ese polémico mazacote, es decir, al PRD. Allí la situación mejoró: eran tuertos en tierra de ciegos. Las habilidades del pequeño grupo fueron una llave para llegar a los grandes cargos dentro de la ciudad capital. Con Marcelo como jefe de gobierno, esperaban conquistar la presidencia, sin pensar que ya estaba desatado un Frankenstein demencial, AMLO, quien sería el sepulturero del partido organizado por personas que veían en él algo esperanzador.

La gestión del ex priista Ebrard fue turbia, majadera, arrogante, tal como lo fuera la de su maestro Manuel Camacho en la época en que Salinas lo hizo regente del DF. La llegada de Mancera y las disputas con Andrés Manuel, sin embargo, fueron minando la base del poderío de un grupo en verdad siniestro, aunque reconozco que no carece de habilidades. La mejor prueba es su sobrevivencia. Pero el caso de la Línea 12 del Metro estalló y apareció tanto lodo, tanto abuso y corrupción que al fin los medios y la sociedad comprendieron que se trataba de arribistas sin afanes sociales, sólo en busca de poder y dinero, como lo son la mayoría de los que gritan ser de “izquierda” en México.

Ante el temor de ser detenido por las pillerías visibles de Marcelo, en tanto jefe de gobierno, buscó una diputación para defenderse con el fuero que el cargo significa. Ya fue rechazado por las autoridades electorales: no es posible candidatearse por dos partidos, como él lo intentó. Tanto Camacho como Marcelo siguen vivos políticamente, pero en una caída libre sin red. Tendrá que irse a escribir sus memorias y rumiar sus odios. Lo entiendo. Tuvieron una enorme cuota de poder con Salinas y hoy están a punto de ser nada. Un mal recuerdo dentro de un sistema político abominable y prostituido, convertido en un circo, sin ética ni principios. Se visten de payasos, hablan con total frivolidad, no ocultan sus historiales negros ni sus biografías plenas de corrupción, saltan de un partido a otro. Algo degradante que llamamos democracia, pluralidad, transparencia y que se ha hecho detestable a los ojos de la nación. Somos simples marionetas al servicio de la clase política dominante. No somos personas sino votos. Nos idiotizan con sus simulacros de campañas.

La sanción impuesta a Ebrard es un buen principio, una base, para sentir alguna esperanza de llegar a creer en la política mexicana.

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