Tantadel

mayo 08, 2015

Echo de menos a Rubén Bonifaz Nuño

Poco antes de morir, el INBA le hizo a Rubén Bonifaz Nuño un gran homenaje. Su fallecimiento, aunque lo esperábamos, me desconcertó. La vida no ha sido igual desde entonces. Dejó en las vidas de tantos un descomunal hueco. Nos queda su arte literario, su vocación de traductor erudito de literatura grecolatina. Yo lo echo de menos, por ello extraigo párrafos de mi discurso de esa noche. Para que siga junto a mí.

Rubén Bonifaz Nuño se concentró en hacer la obra preciosa, recluido en la UNAM, rodeado de libros, con ella obtuvo los premios y reconocimientos posibles. Su poesía es perfecta, cuidada, insuperable. Por tal razón le era posible decir: “Mi técnica, mi pleno dominio de la forma, es la que me autoriza a decir lo que quiero. No hay diferencia entre forma y fondo.” Nació poeta. El tiempo y las lecturas, el rigor y la pasión por los clásicos lo confirmaron. Si no la define luego de haber hecho la más hermosa, es porque la poesía no es para charlas ni temas de conversación, como explicaba T. S. Eliot, es en consecuencia algo muy íntimo, imposible de explicar satisfactoriamente porque el poeta estaría desnudándose el alma.

“La poesía —explica Johannes Pfeiffer— hace patente una actitud del hombre a través de su atemperada hondura esencial. Esto significa que la poesía ‘dice’ más de lo que ‘enuncia’. No importa el contenido que una poesía pueda ofrecernos, ni las ideas que exponga, ni la ideología que profese; lo que importa es su realización verbal.” Escribirla y leerla para disfrutarla. Explicarla es siempre un fallido intento por develar un misterio. Poetas y críticos han dado fórmulas ininteligibles o razones tan sencillas como las de Bécquer que igualmente nos dejan insatisfechos. Para qué hablar de ella o explicarla, hay que ponerla en el papel y luego recorrerla con la mirada, en silencio. Es todo y es mucho. Y Bonifaz Nuño se ha concentrado en hacerla; aunque a veces ha sido indiscreto al dejarnos pistas sobre cómo y por qué escribe.

Bonifaz Nuño se duele de sí mismo en sus versos, al hacerlo refleja el dolor humano, el de los solitarios y desamparados, el de los pobres y desposeídos… Su poesía despierta las más encontradas emociones según quien la lea: dolor, tristeza, amor, pasión, soledad... Dudo que en la poesía alguien haya podido reflejar a través de su propio sufrimiento, con tanta intensa claridad, el dolor de los demás, el amor de los otros. Creo que es una de las claves de su éxito.

Rubén no es un poeta fácil, sus versos encierran claves y enigmas; una secreta alquimia, cada verso tiene dos, tres lecturas; sin embargo sus lectores aumentan, sus admiradores entienden las enormes aportaciones. En Bonifaz Nuño he podido apreciar, lo leo desde hace unos cuarenta años, que su arte tiene adeptos. Decía el citado Eliot que los autores y sus obras “necesitan lectores para vivir”, ellos les dan el aire que necesitan para respirar. A Bonifaz Nuño le aumentan los admiradores, le dan bocanadas de oxígeno y ellos se enriquecen. Veo a los jóvenes con sus libros en las manos, en tanto que otros escritores que se apoyaron en la publicidad, en el antipoético e inmoral ruido de los medios, ahora se extinguen, mientras la poesía de Rubén se hace poderosa y permanente como una pirámide del Altiplano.

Rubén no es el único que ha hablado de la presencia de la muerte, pero es él quien lo ha hecho como legatario de otras artes y no sólo la del “arte que se manifiesta por la palabra”: Calacas hereda del grabador Posadas, asimismo, quizá, de Quevedo: ¡Cómo de entre mis manos te resbalas!/ ¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!/ ¡Qué mudos pasos traes, oh, muerte fría,/ pues con callado pie todo igualas!

Rousseau dejó sus Confesiones, Chateaubriand Memorias de Ultratumba, Neruda Confieso que he vivido, Torres Bodet Tiempo de arena. ¿Sólo nos interesan sus vidas? ¿Qué sabremos de Bonifaz, si apenas nos dio recientemente unas páginas autobiográficas? Ah, pero si la biografía del poeta son sus poemas, según dijo Evtushenko y lo confirmó de otra manera León Felipe, “Poesía es biografía”, Rubén Bonifaz Nuño ya la escribió en versos prodigiosos. La suya es una obra donde nos ha dicho de sus penas y aspiraciones, de sus tragedias y éxitos, de sus amores y desamores, que él mira modestos y que son sorprendentes. Incluso sus soberbias traducciones de clásicos griegos y latinos son parte de su vida, muestran que adora a Catulo, Propercio y Homero.

Como si fuera un albur de amor, Rubén puso todo su talento, misterioso, enigmático, al servicio de la poesía y la poesía al servicio de las mujeres y del amor. Dijo: “Mi poesía y las mujeres. Las mujeres son el universo, son las criaturas más perfectas, al menos en el universo que conocemos; en ellas se condensa toda la fuerza de la naturaleza y la fuerza del espíritu.” Los resultados asombran: Escribo amargo y fácil,/ y en el día resollante y monótono/ de no tener cabeza sobre el traje,/ ni traje que no apriete,/ ni mujer en que caerse muerto.



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