Tantadel

mayo 06, 2015

El Museo del Escritor, RIP

Cuando con un grupo de literatos reconocidos intenté darle forma a una propuesta que tuve a bien inventar hace unos doce años, no imaginé la clase de nación que México es hoy, degradado y en crisis. La propuesta era sencilla: darle al país un Museo del Escritor. La idea es noble y no muy complicada de llevar a cabo. Partíamos de la base de mi propia biblioteca, unos 30 mil volúmenes, cuadros y fotografías de literatos, unas dos mil primeras ediciones firmadas por escritores de alto rango, una aceptable colección de objetos personales de poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas y muebles y documentos que habían pertenecido a personalidades de las letras.

Con Rosario Casco Montoya, Jorge Ruiz Dueñas, Rubén Bonifaz Nuño, Dionicio Morales, Alberto Dallal, Martha Fernández, María Luisa la China Mendoza, Bernardo Ruiz y muchos más intelectuales y académicos hicimos la petición, primero a Vicente Fox. Nada. Enseguida a Calderón. Puertas cerradas. A dos presidentes de Conaculta, a Sergio Vela y a la inaudita Consuelo Sáizar. El actual confesó no tener recursos para más infraestructura. Hablamos con tres jefes de gobierno capitalino: de López Obrador a Mancera. Nadie dijo no, pero tampoco sí. Acudimos ingenuamente a una llamada de un alto empleado de Telmex, quien dijo hablar de parte del hombre más rico del mundo: Carlos Slim. Su célebre altruismo nos ayudaría. Recibió el proyecto, que incluía talleres de cuento y poesía, becas para jóvenes, presentaciones de libros, cursos de literatura, mesas redondas y conferencias, homenajes a los más distinguidos hombres y mujeres de letras…, era por añadidura, un museo interactivo. No nos recibió a pesar de que él había solicitado conocer la idea. A Calderón le llegamos a proponer que lo hiciera suyo y lo inaugurara con una exposición: “200 años de Literatura en México”, con motivo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. A través de otro burócrata nos dijo que prefería una “Estela de luz”. A Peña Nieto le hicimos llegar la petición, nos envió con un funcionario que dijo no.

Los buenos amigos hicieron donaciones de libros y objetos personales y la colección aumentó. No así el interés de una clase política patética. Recibimos llamadas de gobernadores y empresarios que deseaban ver de qué se trataba y a todos los atendimos inútilmente.

La lista de personas que vimos es impresionante, rectores, funcionarios, políticos, líderes sindicales poderosos. Cuando un reportero me pregunta a quién le he propuesto el Museo del Escritor, respondo diciéndole mejor pregunte a quién no hemos visto. Queda constancia en un blog detallado.

Demetrio Sodi de la Tijera, convertido en delegado de Miguel Hidalgo, nos ofreció un piso de un edificio situado en Parque Lira 94. Pequeño, pero era un buen comienzo. Lo inauguramos con una muestra representativa de lo coleccionado y de pronto nos vimos abrumados por una multitud de personas, jóvenes principalmente, que lo querían. Las palabras inaugurales estuvieron a cargo del Rector de la UAM-X, Salvador Vega y León. El logotipo es diseño del escultor Sebastián. Para ello firmamos un comodato por cinco años con el delegado.

Al salir Demetrio Sodi, la delegación quedó en manos del perredista Víctor Hugo Romo, un siniestro personaje. Más demagogo que hombre de cultura, ofreció un espacio “muy amplio” en lo que fuera el cine Cosmos. No le creímos y a pesar de que publicó su promesa en Facebook, dijimos al diario Excélsior, que sólo esperaríamos la terminación del comodato para retirar el fallido museo del lugar en Parque Lira.

Ya se cumplió el plazo. Me parece un desatino ampliarlo: ni a perredistas ni a panistas les interesa la cultura, es obvio. Puedo apostar que el candidato del PRD, David Razú, que promete llevar la cultura a toda la delegación, ni siquiera conoce el Museo del Escritor que está en el territorio que aspira gobernar. Tuvo que ir al Museo Jumex para mostrar un interés publicitario por la cultura, pura demagogia. Para qué hablar de Xóchitl Gálvez, pues en el Museo está Aura, la novela de Carlos Fuentes que Carlos Abascal prohibió leer a su familia; imposible olvidar que su amigo Fox nunca pudo pronunciar el nombre de Jorge Luis Borges. Tampoco a los priistas, en caso de que consiguieran el milagro de recuperar la delegación: Peña Nieto no supo mencionar el nombre de tres títulos leídos. Lo sensato es recoger libros, documentos y fotografías, y guardarlos como prueba del nivel educativo y cultural de una pésima época para el país. El sol ha deteriorado libros y cuadros y alguna mano misteriosa desapareció un original de Pellicer y una fotografía de Gabriela Mistral, situada donde están los premios Nobel de Literatura.

No sé qué haremos con todo ese material acumulado. ¿Donarlo para obras pías o venderlo a una universidad norteamericana? En lo personal y pese a la insistencia de intelectuales amigos y militantes de las redes sociales, me rindo. He sido derrotado. Volverán a estar en un local que tengo para el efecto y lo más querido permanecerá conmigo hasta mi muerte, algunos cuadros de escritores admirados y libros que mucho he amado.

Fue un error lamentable pensar que podría contribuir al desarrollo cultural de México. Para ser altruista o se es multimillonario o amigo del presidente en turno y ninguna de ambas cosas soy. Pensar que en el gobierno actual exista alguna sensibilidad cultural, es una completa locura.

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