Tantadel

mayo 11, 2015

Izquierda real e izquierda de mentiritas

La actual campaña electoral es un magnífico ejemplo de estupidez y estulticia. Basta escuchar a la clase política (que en rigor no es una clase sino una mafia) para probarlo. Nadie se salva: están felices en un torneo de bajezas, simplezas, frases hechas, ofensas. A ninguno se la ha ocurrido decir algo medianamente inteligente. Es el vacío, la nada. O, si se quiere, la total pobreza intelectual. El político mexicano ha conquistado un lugar distinguido en lo que Borges llama historia universal de la infamia. Si viviera Dante, hubiera un círculo para que pagaran su infinita ignominia, su facilidad para mentir y enriquecerse.

Quienes me leen saben que descreo de los  partidos. Sin embargo, milité en uno: en el Partido Comunista, desde mi juventud hasta que se suicidó y formó un enfermizo coctel que ha terminado en ridículas y perversas parodias que muchos ven con ingenuidad y otros más con objeto de sacar provecho: son siglas huecas: PRD, PT, MC y Morena. Quiero suponer que algunos jóvenes están allí porque no ven otra posibilidad para modificar al país. Pues allí seguirá todo igual o peor. Ya lo verán. Cuestión de matices, y la derecha, PRI, PAN, Verde Ecologista son, en lo fundamental, afines en ese mundo de indignidades.

En México se actúa políticamente no pensando sino por extrañas razones sentimentales.  El jueves me topé en mi universidad con alguien que me saludó con timidez. Se identificó como compañero de trabajo que había hecho el bachillerato en la Prepa 7, como yo, donde me formé como incipiente marxista. Con más valor, reconoció que me odiaba por mis críticas al PRD. Lo interrumpí y le expliqué que ésas las alternaba con reprobaciones hacia el PAN y el PRI. Que los partidos eran odiosos, sin ideología ni ética. No, respondió, también los he leído en La Crónica. Lo que trato de decirle es que usted tenía razón, ahora lo veo claramente. Andrés Manuel, Ebrard, Monreal, Rosario Robles, Bejarano y demás me han convencido de que no buscan el poder más que para disfrutarlo y enriquecerse. A usted ahora lo descubro coherente. No tanto, le dije cerrando la breve conversación. Sólo le digo que el ex priismo dañó mortalmente a la izquierda histórica, la que, equivocada o no, dio una dolorosa batalla por instrumentar el socialismo marxista-leninista y una sociedad más justa.

Esa fugaz plática con un lector de mis artículos, me dejó pensativo, tanto que ahora escribo sobre ello. He padecido odios y desprecios, algún idiota perredista me dijo que yo había sido parte de la resistencia y ahora estaba con el sistema. Cuando escucho la palabra resistencia pienso en los franceses, griegos o españoles que lucharon contra el fascismo. Ahora la utilizan con ligereza, como parte de un vocabulario pseudo revolucionario, light. Estamos en una transición entre lo que la historia le jugó una mala pasada, el pensamiento marxista en todas sus variantes y algo ignoto que debemos edificar. No se parte de cero cuando poseemos una rica experiencia teórica y una cierta práctica revolucionaria. Todavía hay quienes creen que las escasas frases que logra balbucear López Obrador constituyen un proyecto de nación distinto realmente. Pero el caudillo tabasqueño no es Lenin ni Trotsky, es un hombre mediocre, formado en el peor PRI, que ama pasionalmente el poder. ¿Por qué justificar su tenaz peregrinar en busca de la destrucción de “la mafia del poder”, si él, bien vistas las cosas, forma parte de ella? De lo contrario, estaría con el EZLN o conformando no un grupo de pillos sino un partido con un ideario revolucionario. 

El PRI y el PAN, el Verde Ecologista y demás morralla están en lo suyo, tratando de obtener cargos y recursos para impulsar el país un poco más adentro de la globalización capitalista. La izquierda real debe reconstruirse con paciencia y un proyecto ideológico distinto, limpio y modernizado por la participación colectiva. Imposible retomar conceptos como la “dictadura del proletariado” o la toma violenta del poder. La tarea no es fácil, pero si se quiere modificar a México, habrá al menos que intentarlo. Con meras frases ramplonas no iremos a ningún sitio, salvo a apoyar lo que ahora priistas, panistas, perredistas y miembros de Morena llevan a cabo: mantener vigente un injusto sistema lleno de corrupción y contradicciones, coordinada por personas inescrupulosas y sin ninguna tabla axiológica positiva.

Mi tarea no ha sido fácil, me pueden acusar de estar atrapado en un gran bloque de hielo, el marxismo-leninismo, pero jamás de haberle hecho el juego a los actuales partidos políticos, menos a quienes trataron de engañar al país afirmando que son de izquierda. ¿Tipejos como Ebrard, Monreal, Dante Delgado, Manuel Camacho, Muñoz Ledo, López Obrador y una lista infinita de ex priistas, pueden ser calificados como de izquierda? Incluso, militantes del comunismo como Amalia García y Pablo Gómez no han contribuido al cambio, a buscar una sociedad mejor, sólo se han enriquecido soportando caudillos de origen priista.

Cuando hace muchos años, Adolfo Gilly me dijo que a Cuauhtémoc Cárdenas le interesaba que yo participara en la creación del PRD, decliné respetuosamente. En realidad imaginé a esa fuerza política naciente como un coctel que mal acabaría sus días. Ahora agoniza en todos sus frentes. Entre el origen y el final, la mayoría de los “izquierdistas” hicieron dinero, compraron propiedades, invirtieron en la bolsa, viajaron, pero nunca transformaron a la nación, al contrario, la envilecieron porque sus métodos venían directos del PRI, no de la vieja izquierda histórica. Bien analizado el problema y los orígenes de la violencia, ¿cuál es la diferencia entre Tlatelolco y Ayotzinapa?

No hay comentarios.: