Tantadel

mayo 29, 2015

Los peligros de la libertad de expresión

La actual campaña electoral ha puesto en evidencia la bajeza del sistema político nacional, ha mostrado el verdadero rostro de aquellos que buscan gobernar a México, legislar. Basta verlos en televisión, escucharlos en radio y toparnos con ellos en la desmesurada propaganda que infesta las calles para darnos cuenta de que se trata, en prácticamente todos los casos, de hombres y mujeres sin ética ni preparación sólida. Son charlatanes que buscan llegar a las cumbres para medrar con los dineros de la nación. Los vimos pobres o de escasa fortuna y ahora son ricos. Mienten con facilidad, se calumnian y ofenden entre unos y otros y al final podemos notar asombrados que no hay un programa social, político o cultural, y menos una mínima dosis ideológica. Nos ofrecen cuentas de vidrio, espejitos, basura. Nos han envilecido y en esto los medios de comunicación en su mayoría no han jugado el mejor de los papeles.

La Crónica, mi casa de trabajo, hace un periodismo serio, de investigación. No es un arma disparando a mansalva contra la multitud. Cumple decorosamente con su papel de informar y tiene entre sus colaboradores personas de todos los partidos que se expresan con libertad. En lo personal, quienes me leen lo saben, no simpatizo con ningún partido y en términos generales tengo aversión por la sucia tarea. Trato de mostrarle a los lectores que hemos sido envilecidos por la llamada clase política. Que nos ha degradado de manera infame. Somos una sociedad víctima de un sistema opresor. Como profesor universitario que he sido toda mi vida, suelo hablar de ética y estética en el diarismo. La primera materia sirve para no mentir, para ser responsable y útil a la sociedad. La segunda es para expresarse de la mejor manera posible.

La información que me sirve de base para mis artículos de fondo, la busco en los medios que considero más responsables. Procuro basarme en datos duros, en hechos comprobados. No es una tarea fácil, y en ocasiones irrita a los políticos. Y algo más grave: ofende a los simpatizantes de líderes charlatanes o funcionarios inescrupulosos que usan el poder para sustraer recursos o hacer negocios. Cuentan para ello con la impunidad. Es obvio, en el fondo se protegen unos a otros, en un país que ha tocado fondo en materia de moral y decencia. A diario, dejando de lado todos los problemas que nos hacen ver, ante las miradas severas de otros países, como Estado fallido, vemos las pillerías de funcionarios y políticos. He denunciado a Ebrard, por ejemplo, cuando parecía un hombre ejemplar. Ahora sabemos que es un personaje siniestro, que daña al país, como un alto porcentaje de sus colegas. Pero sin duda los medios se tardaron en “descubrir” su capacidad para mentir y chantajear, su desmesurada capacidad para engañar. Por ello recibí críticas. El tiempo siempre pone las cosas en su lugar.

Todo esto viene a cuento por la alarmante misiva del candidato a la alcaldía de Guadalajara por Movimiento Ciudadano, un partido de dudosa honorabilidad política, Enrique Alfaro, donde “de hombre a hombre” amenaza a La Crónica y anticipa que “si la ley no le da la razón y ustedes no cesan sus ataques, iré personalmente a hacer las aclaraciones pertinentes para que me den la cara”. No es una amenaza velada, al contrario, es aguerrida y con una prosa lamentable. Escribió su carta molesto porque el diario ha publicado con pruebas contundentes algunas de sus evidentes fechorías. Que ello entorpece su carrera política, debió haberlo pensado al momento de hacer negocios turbios. Sin duda hubiera sido más inteligente presentar documentos que muestren lo contrario, que es un hombre honesto, cuya fortuna no proviene de fraudes y engaños. Si eso lo llevó a cabo en Tlajomulco, qué no haría en un municipio rico como Guadalajara.

Sin duda, Enrique Alfaro es, además de poderoso, inestable emocionalmente y violento. Pareciera personaje sacado de un pésimo filme de charros muy machos que a la menor provocación sacan la pistola. Las quejas de los engañados y robados están comprobadas, no son acusaciones falsas, están respaldadas por un responsable trabajo de investigación. Para colmo del ridículo, el político jalisciense concluye su misiva apelando a que en esta casa editorial seamos “hombrecitos” y no se hagan públicas sus amenazas, porque “tendremos consecuencias que ni siquiera imagina”. Político elemental, del tipo que imaginábamos desaparecido, ahora cree que con sus ruidosas palabras temblaremos. Lo dudo. Lo que ha hecho este “político” es mostrar su brutalidad y ha puesto en evidencia su capacidad para vivir insanamente de la política.

Sus palabras caen en una sociedad que busca cambiar, que está harta de los excesos y abusos de los políticos. No son dioses, sino simples mortales con una notable capacidad para enriquecerse al amparo del poder. Allá él y su violencia personal, amparada por familiares, amigos y un partido, como lo es Movimiento Ciudadano, en total desprestigio, el que con el caso Marcelo Ebrard se acabó de hundir en el fango. Me parece que eligió el peor camino para enfrentar a sus críticos. Sin duda, no le han llegado las noticias de un México que despierta de su marasmo y enfrenta con decisión a sus peores enemigos: los políticos.



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