Tantadel

mayo 18, 2015

¿Lucha armada o vía electoral?

La semana pasada, ante un nutrido grupo de alumnos, profesores y ex combatientes de las distintas guerrillas mexicanas, nos reunimos en la UAM-X para discutir seriamente qué tipo de cambio queremos para México. ¿Cambio pacífico o vía armada? El sujeto de la discusión fue el notable libro de Hugo Esteve Díaz, Amargo lugar sin nombre. Crónica del movimiento armado socialista en México (1960-1990), de la editorial La Casa del Mago. La mesa no se convirtió en un ruidoso y vulgar mitin, sino que fue una inteligente reflexión sobre las experiencias de la guerra de guerrillas y si éstas son una alternativa para transformar el rostro de la nación.

Abrí yo señalando los orígenes de los movimientos guerrilleros. La cerrazón del gobierno absolutista en 1968, la ausencia de democracia y la brutal represión en todas sus posibilidades, no le dejaron a multitud de jóvenes otra idea que no fueran las armas. A la violencia del Estado correspondería la de los jóvenes en armas. La tarea no era sencilla. ¿Dónde entrenar y cómo, dónde obtener armas, cómo enfrentarse a un ejército profesional y con prácticas antiguerrilleras? El entrenamiento se obtuvo en donde se pudo y de igual manera se consiguieron armas. Algunos se prepararon en Corea del Norte, porque ni los cubanos ni los soviéticos dieron apoyo en tal sentido. No era fácil.

Los que arriesgaron la vida, los sobrevivientes, hicieron narraciones pormenorizadas de la violencia que padecieron los movimientos armados revolucionarios. No basta el ejemplo del Che Guevara ni la teoría del foco. Las obras de Giap, de Mao Tse-tung, del Che Guevara, de Taber, y otros manuales guerrilleros, eran insuficientes. A las fuerzas armadas del Estado se sumaban enemigos internos como la brutalidad de algunos dirigentes que con facilidad ejecutaban a guerrilleros porque eran sospechosos de “traición”. A este respecto, Gustavo Hirales, a quien visité varias veces en la prisión de Topo Chico en Nuevo León, donde estuvo varios años, narró la excesiva violencia dentro de los revolucionarios. Fueron momentos complejos, feroces, a causa del temor y de la falta de experiencia bélica.

Joel Ortega criticó a los partidos, semiclandestinos, como el Comunista que se sujetaba perrunamente a los dictados de la URSS. Hizo una exposición de la incongruencia de esa izquierda que, como diría José Revueltas, nunca tuvo vinculación con la clase obrera ni tampoco hizo un trabajo serio con los campesinos, movió sus fichas desde las ciudades. Es grato escucharlo: su ironía y sentido del humor le quita la solemnidad que este tipo de discusiones suele tener.

El eje sin duda, fue el autor de la extraordinaria obra que llena un hueco que va del nacimiento de las primeras guerrillas socialistas a la guerra sucia o de total exterminio por parte del Estado. Alguien que pudo tocar el tema, es Salvador Castañeda, quien como Rito Terán optó por no hablar, sino escuchar entre el público. Me refiero a Hugo Esteve Díaz, autor de la obra citada. El suyo fue un intenso recorrido por las guerrillas mexicanas, las analizó en sus pocos éxitos y en sus muchos fracasos. Su investigación es enorme, y minuciosa, podría decirse que exhaustiva, como prueba añadió una voluminosa bibliografía estudiada y entrevistas realizadas a los combatientes socialistas. Los datos y documentos usados y las fotografías dramáticas de los asesinados dentro de un archivo fotográfico que apoya sus investigaciones.

Al final y luego de las conclusiones, el moderador de la mesa le dio la palabra a los estudiantes que asombrados tomaban nota. No es lo mismo suponer que las guerrillas son un bonito filme a saber que la violencia cobra vidas valiosas con extrema facilidad. Dos jóvenes coincidieron en la pregunta: ¿Hoy son válidas las guerrillas dado que las condiciones siguen siendo difíciles y la pobreza y la corrupción es extrema? Tanto Hugo Esteve Díaz como Gustavo Hirales fueron tajantes: no hay condiciones para tomar las armas, ni internas ni externas. La lucha debe centrarse en la organización de la sociedad, en la crítica a los partidos políticos existentes.

En efecto, la vía armada no es posible en América Latina. Queda la vía electoral, la que ahora utilizan los partidos y dirigentes de izquierda. Sólo falta dotarlos de una ideología avanzada.

La sociedad no respondería, tampoco iría tras de un extraviado político a tomar Palacio Nacional o a asaltar un cuartel militar. Es, pues otro el camino que hoy nos mueve a buscar un cambio radical. Es muy posible que el dramático caso de Ernesto Guevara en Bolivia haya sido una advertencia para anticipar los sucesivos fracasos de los movimientos guerrilleros, fueran urbanos o campesinos.

Por ahora, los jóvenes inquietos, de pensamiento avanzado, deben leer la obra de Hugo Esteve Díaz, un libro impresionante, detallado y conmovedor, que alecciona y al fin nos informa de los muchos movimientos guerrilleros mexicanos, de su heroísmo, arrojo, grandeza y sus errores fatales.

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