Tantadel

mayo 20, 2015

Política mexicana: la farsa crece

A falta de proyectos serios y planteamientos ideológicos, todos los candidatos a cargos de elección se concretan a mentir, a falsear la verdad, a insultar a sus rivales. El actual proceso nos distingue como una nación de políticos demagogos y sin interés real en el futuro de México. Buscan los cargos para hacer fortuna a costillas de una nación desesperada. A toda la larga lista de bajezas y pillerías, ahora hemos descubierto que las esposas de los políticos son multimillonarias, mientras que sus esposos, senadores, delegados, diputados, gobernadores, apenas cuentan con algo de dinero para sus gastos, que siempre son mínimos a pesar de las numerosas propiedades y cuentas bancarias que disfrutan.

El diario Excélsior publicó algunos datos asombrosos. De acuerdo a las declaraciones patrimoniales (de quienes las han dado a conocer, unos cuantos), los políticos apenas tienen algún dinero para sobrevivir, ahí está el caso de Ebrard. En cambio, las cuentas y el número de propiedades de sus esposas son elevadas. Por ejemplo, la esposa de Javier Gándara, candidato panista al gobierno de Sonora, no tiene ingresos y se dedica al “altruismo”. Es, en cambio, dueña de un avión y posee casas en Estados Unidos. La esposa de Ricardo Monreal, uno de los baluartes de Morena, partido que lucha contra la corrupción, percibe de modo enigmático 25 mil pesos al mes y declara tener diez propiedades. Otro caso es el del priista Héctor Astudillo, quien busca el gobierno de Guerrero. Dijo percibir 885 mil pesos anuales y no tiene ninguna propiedad. Claro que no, todas aparecen a nombre de su esposa, quien percibe casi 300 mil pesos mensuales y reporta 12 propiedades. Y así por el estilo en una lista cínica e inmoral.

Sólo pensar que estamos en manos de todos ellos, cuya riqueza siempre está puesta a nombre de las esposas, provoca estremecimientos. Hay, dice la nota periodística, políticos pobres, de escasos ingresos, pero sus cónyuges e hijos cuentan con fortunas inauditas. En Sonora, el gobernador ha sido encontrado dueño de cabellerizas que hubieran humillado a un zar ruso o a un monarca español. Posee cabelleriza con caballos pura sangre con un valor de hasta 60 mil dólares y viven como privilegiados en cuadra maravillosa y que tiene aire acondicionado.

Ahora resulta que los políticos, a pesar de los altos salarios que perciben, de los negocios que al amparo del poder pueden llevar a cabo, carecen de bienes, si acaso sueldos modestos, mientras que sus más cercanos familiares poseen riquezas increíbles. Para qué hablar de los funcionarios del gobierno federal. Nadie vive en la razonable medianía, son todos para colmo ostentosos. Autos de lujo, escoltas, aviones propios, yates, viajes de primera clase, casas lujosas y propiedades extravagantes en EU. Ya sabemos que la familia de un ex gobernador oaxaqueño de apellido Murat cuenta con escandalosas propiedades en Nueva York. Han aparecido datos precisos y la mayoría siguen sus carreras en ascenso. Ello no significa que las complicidades son perfectas y que no hay políticos decentes, van tras el dinero bajo un lenguaje de palabras huecas que siempre hablan de justicia social y de lucha a la corrupción. En otras ocasiones se han mencionado las propiedades de AMLO, cuyo lema es la “honestidad valiente”, y nadie sabe de qué vive. No hay estado donde la corrupción y el autoritarismo no florezca y hasta aquellos que como Graco Ramírez parecían esperanzadores, ahora los vemos manejándose dentro de la más sórdida escuela priista, en la que todos sin excepción se han formado.

El otro despilfarro es la campaña electoral. Millones y millones literalmente tirados al basurero, sin que medie una idea, una postura más o menos razonable o inteligente. Sólo palabrería patética y en este grave contexto, de pillerías y robos a la sociedad, quieren que vayamos a votar. Al parecer no tenemos otra alternativa. Por ello es recomendable asistir a las urnas correspondientes y mostrar nuestro desprecio tachando todas las boletas. Fuimos a votar, pero no lo hicimos por nadie, porque nadie vale la pena.


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