Tantadel

mayo 03, 2015

Terror y sexo

El escritor italiano, Italo Calvino reunió en dos tomos una antología de literatura fantástica cuya lectura total define la delgada línea que existe entre ese género, incluido el de terror, y el erotismo

El éxito de la literatura fantástica (uso una terminología muy amplia, en rigor habría que delimitar los conceptos, precisar las diferencias y destacar su riqueza) radica en la intromisión de elementos sobrenaturales. Y aunque ésta siempre ha existido, es en el siglo XIX cuando se desarrolla y obtiene la madurez. Tal literatura encuentra su mejor vehículo en el cuento. En la novela es difícil mantener largo tiempo el terror o el suspenso.
Dentro de las innumerables antologías de literatura fantástica, la de Ítalo Calvino descuella, está en dos tomos editados por Siruela. Allí explica las razones de su selección, habla de sus gustos y teoriza brevemente sobre este tipo de arte. De la lectura total del autor italiano algo queda claro: en la literatura de terror o fantástica hay una liga estrecha entre sexo y miedo. Este fenómeno, harto interesante, ha sido analizado a través del vampiro: ¿qué más sensual y sexual que Drácula tomando en sus brazos impuros a una bella dama y bebiendo sangre de su cuello, un lugar clave para la excitación femenina? Es una forma de posesión aún más completa que el acto amatorio. Una forma de erotismo que se funde y confunde con la muerte. No en vano muchos escritores han señalado que el orgasmo es en momentos tan profundo que se parece a una bella muerte. Paradójicamente también es la vida. El vampiro seduce, domina a la mujer y la hace suya a través de la sangre. La víctima muere y no. Se convierte en un cadáver viviente, que a su vez busca hombres para poseerlos a través del mismo acto que antes padeció. La leyenda de la bella y la bestia tiene mil posibilidades. El vampirismo es una de ellas.  
En la antología de Calvino la selección es representativa de lo que digo (ignoro si es claramente a propósito). La Historia del endemoniado Pacheco, un fragmento de Juan Potocki, es un ejemplo. Las perversiones sexuales, magníficamente descritas, con refinamientos de Las mil y una noches, van mezcladas con el pavor. Hay erotismo y terror. Del mismo modo lo encontramos en cuentos como La muerte enamorada de Théophile Gautier (uno de mis favoritos) y La Venus de Ille de Prosper Mérimée, ambos incluidos en el tomo primero. Clarimonda, entre otras hermosas blasfemias, le reprocha a su amado el haber escuchado al sacerdote y de esta manera violar su tumba para descubrir los horrores de la muerte, cuando pudo alejarse de esas voces y gozar por el resto de su vida a la bellísima mujer que había regresado del más allá para contravenir lo natural y conseguir el amor.
Lo anterior es sin duda la lucha entre el Bien y el Mal que representan las religiones occidentales de manera muy obvia. El primero es por completo asexuado, el segundo es terriblemente sexual; en esta faceta las deidades son perversas y eróticas. La simbología está repleta de elementos fálicos. Las brujas y sus hechizos tienen con frecuencia como finalidad la seducción y un placer salvaje.
Me parece que ésta es una gran aportación de Calvino. Mientras las antologías de Borges-Bioy-Ocampo y de Roger Callois, que son memorables, se ciñen al campo del terror, aquél va más lejos y en las notas que preceden a cada relato, hay indicaciones y señalamientos para hacer este tipo de lectura: la erótica, capaz de ingresar cómodamente en la literatura fantástica.
Imagino que es difícil hacer una lectura amorosa dentro de relatos de terror, cuyo objetivo estético es provocar miedo, temblar ante lo desconocido, lo inexplicable. También es posible mirar ciertos textos bajo la lupa de lo erótico. Enriquece más. Como en los casos citados, en donde de escenas amorosas se pasa sin transición a las de pavor. La literatura fantástica ha sabido combinar lo macabro y lo sexual, la muerte y la vida. Pueden causar miedo y también deseos, quizás insanos, pero al fin deseos. La cinematografía en tal sentido ha sido más evidente al mostrarnos, desde hace muchos años, la relación entre el sexo y el terror, de posesiones bestiales o de seres monstruosos (no sólo por su físico sino por su maldad) que buscan amor-pasión y ofrecen resultados desconcertantes, de un “erotismo perturbador”, para utilizar la terminología del propio Calvino. Si la literatura es conflicto y lo anormal está presente en cada libro transcendental, si el amor que más nos interesa es aquél que aparece ante los ojos de la sociedad como prohibido, ¿por qué no ir más lejos y encontrarnos con una literatura asombrosa que viene del fondo de la historia a proponernos los enigmas del insólito amor morboso y nos introduce en un nuevo reino de horror, belleza, amor y lujuria, pasiones y sentimientos que son profundamente humanos y que en ocasiones las personas simples llaman pecados?

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