Tantadel

junio 21, 2015

Del socialismo utópico al socialismo literario

La Comuna de París fracasó, Marx y Lenin la estudiaron; el segundo organizó una revolución encabezada por un partido proletario.

Utopía es un lugar ideal e inexistente. Moro lo hizo célebre al escribir en latínUtopía  en 1516. El mundo idílico, imposible, dentro de una humanidad imperfecta, suele ser calificado como tal. Es un estado imaginario donde todo funciona bien. Diseñar sitios de completa perfección no es una idea renacentista. En la Grecia clásica, Sócrates habló de ellos y Platón hizo lo mismo en la República, una soberbia obra que marcó a los siguientes grandes filósofos políticos. Por los años en que Moro escribió su hipotética nación,Tomaso Campanella y Francis Bacon prosiguieron con la tarea de crear lugares donde todo era perfecto, sin contradicciones sociales, bajo el predominio de la igualdad y sin tiranos. El primero escribió La imaginaria ciudad del sol; el segundo, Nueva Atlántida, obras imbuidas de un generoso cristianismo inicial. Moro alcanzó mayor notoriedad que otros pensadores utópicos. Todos esos libros están bellamente escritos: una vez que caen en nuestras manos es difícil abandonarlos. Maquiavelo dijo de las utopías: “Repúblicas que no se vieron ni existieron jamás”.
Si aceptamos que en el principio existió el comunismo primitivo, donde la propiedad privada no existía, sino hasta que el primer listo de la historia cercó un terreno o se apropió de una caverna para usos personales, por qué no aceptar la posibilidad de un socialismo utópico, una sociedad donde el bienestar se diera a plenitud y no prevalecieran las desigualdades e injusticias típicas del capitalismo. Novelistas de profesión siguieron esa ruta ante una sociedad intolerante con las propuestas que rompían el orden establecido. Un caso notable es la obra de SwiftLos viajes de Gulliver. Es más evidente en el recorrido de su héroe por el país de los Houyhnhnms, donde los equinos han sabido organizarse de manera ejemplar y diferente al modelo imperante en la Europa del siglo XVIII. Algunos han calificado esos viajes como antiutopías. Los personajes son caballos que carecen de manos prensiles, herramientas, cuando podrían ser monos, que sí las tienen. Swiftparecía intuir la osadía de Darwin, quien editaría El origen de las especies, 1859. El caballo, de gran utilidad a los humanos, es un animal hermoso. El chango, en el mejor de los casos, es gracioso. Difícil aceptar que descendemos de los primates.
Marx y Engels estudiaron las utopías y al descubrirlas admirables avanzaron en sus investigaciones. El segundo lo precisó en su libro Del socialismo utópico al socialismo científico. Aquí, el autor indica que Saint-SimonFourierOwen alcanzaron mayor claridad y fueron capaces de precisar, sobre todo este último, las características que debe tener un nuevo sistema sin clases ni contradicciones. Pero se siguen moviendo en el espíritu de las utopías. No será sino hasta la aparición de las obras de Marx y Engels que se dará el gran salto hacia el socialismo científico, mediante una serie de pasos concretos que harán surgir, de la mano de la clase obrera, una sociedad igualitaria, sin el Estado represor. Varios europeos pensaron que hubo utopías en la América que destruyeron: incas, mayas o aztecas.
Las utopías son variadas. El pedagogo estadunidense Burrhus Frederic Skinner, señala en Las utopías (Salvat, 1973): “Después de todo, el cielo cristiano es una especie de sueño utópico, pero interesa lo suficiente como para que la gente piense en él. San Agustín construyó su utopía (La ciudad de Dios) basándose en la idea del cielo. Cada vez son más las personas que se echan a andar por sí mismas e intentan iniciar un nuevo estilo de vida. Las comunidades hippies tienen, desde luego, ese carácter, pero no duran porque no tienen futuro…”. Sobre el atractivo tema también escribieron WellsUna utopía moderna, y Huxley en Un mundo feliz, pero eran proyectos dentro de una visión capitalista. Orwell destruyó las utopías más recientes al editarAnimal farm y 1984. El socialismo científico rompió con los socialistas utópicos (incluidos ProudhonOwen y Fourier), porque no expresaban en la práctica cómo combatir el capitalismo, aunque reconocieron la importancia del análisis crítico al libre mercado durante la Revolución Industrial.
Cuando llegó el momento de pasar de un socialismo a otro, comenzaron los problemas. La Comuna de París fracasó, Marx y Lenin la estudiaron y el segundo optó por organizar una magna revolución encabezada por un partido proletario. El proyecto triunfó en Rusia, pero lo modificaron tanto que nació imperfecto. No obstante, estuvo cercano al sueño de utópicos socialistas y anarquistas y que apreciamos en la novela Noticias de ninguna parte, de William Morris, 1891, donde aparece una versión de la utopía marxista. Cuando se derrumbó el socialismo soviético, quedaron expuestos los errores y equivocaciones del proceso.
Al ver el pensamiento de MarxEngels y Lenin, bajo el triunfo apabullante del capitalismo a escala mundial, queda como una de las bellas utopías que arrancaron cuando la humanidad se percató que era posible construir un mundo ideal. El socialismo científico, basado en el materialismo dialéctico, hoy es un sueño deslumbrante.

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