Tantadel

junio 10, 2015

Dostoievski, una literatura profunda

Hay escritores enigmáticos y complejos que debemos leer varias veces hasta conseguir desentrañar sus secretos. Pienso en Dostoievski, como tantos otros autores clásicos son multicitados, poco leídos y menos comprendidos. No obstante que todo mundo habla de él, sólo existe una buena biografía crítica acerca del autor ruso, la de Edward H. Carr. La inmensa mayoría lo analiza superficialmente, como a Proust o a John Dos Passos. Son víctimas de una criminal serie de lugares comunes. Pese a todo y cayendo en generalidades propias de un artículo, es posible asegurar que la principal característica de Dostoievski es la profundidad de sus historias y personajes. Pocos escritores han podido hurgar tan adentro del espíritu. Aquí cabe una cita de Marc Slonim sacada de La literatura rusa: “Dostoievski descubrió tanto acerca de nuestras emociones y nuestros sentimientos, exploró tan profundamente la psique humana, hizo tan sorprendentes revelaciones acerca de nuestros impulsos reprimidos y nuevos complejos patológicos que el mundo moderno lo proclamó maestro de la novela psicológica”. He aquí su mérito y también su mayor desgracia, pues ahora ha caído en manos de psiquiatras y, lo que es peor, en manos de “psiquiatras literatos”, quienes han creado un buen número de banalidades en torno al autor y su obra. Por fortuna, más de una ha sido eliminada de tajo por Carr en su extraordinaria obra Dostoievski 1821-1881.

Dostoievski, dentro de los escritores rusos, es un caso especial aunque tenga antecedentes e influencias y descendencia. Dostoievski es el resultado de un largo camino, el de la literatura rusa. Es el pináculo. Seguramente el mejor autor ruso. Su influencia es notable, pese a estar prohibido durante largo tiempo en la URSS, pero no hay equivalencias, ninguno se acerca al autor de Los hermanos Karamazov. Ni las farragosas explicaciones históricas de Tolstoi (del que salvaría sin pensarlo dos veces Ana Karenina) ni tampoco literatos como Shólojov o Pasternak. Dostoievski creó un mundo incomparable y terrible, retrató al ser humano occidental con todas sus flaquezas, sus vicios, sus defectos y sus escasas virtudes. Si la literatura es tragedia, ruptura de la normalidad, Fedor Dostoievski la reflejó mejor que nadie. Tiene antecedentes. El propio Dostoievski tuvo gran estimación, durante sus mocedades, por Pushkin; asimismo hay descendencia. Pero habría que hacer una consideración: Dostoievski fue el primer autor moderno de Rusia y uno de los primeros en conformar la novela urbana. Rodeado de una fuerte tradición rural o semi, él ya explota toda la complejidad que la ciudad brinda y que los personajes citadinos conceden.

La influencia de Dostoievski en la literatura universal es amplia y habría que rastrearla no sólo en Europa sino también en América. Por ejemplo, aquí, entre nosotros José Revueltas es un heredero de Dostoievski. De cualquier manera habría que hacer notar que la influencia de Dostoievski rebasa las fronteras de la literatura para adentrarse en otras manifestaciones artísticas: cuando uno ve filmes, digamos de Eisenstein, nota la presencia, algún aire de él. Otros elementos de esta influencia son la manera en que supo escudriñar el alma y conocer los resortes de las acciones secretas de los humanos, ésas que están ocultas en lo más recóndito de la mente.

Gracias a Dostoievski (y no a Freud) hemos logrado conocer mejor a la sociedad, ese fantástico laboratorio en donde trabajó el ruso. Encontramos a los Raskolnikov potenciales, a los humillados y ofendidos, a los jugadores, a las prostitutas, a los asesinos, a los borrachos, toda una amplia gama de mentes tortuosas que una imperfecta humanidad ha ido creando. El mérito de Dostoievski fue mostrarnos la forma en que los mecanismos mentales operan (y no hablo de modo científico, sino literario, el camino que la inmensa mayoría de las personas transitan para enriquecerse, para conocerse a sí mismas y no a las demás), explicarnos de qué manera son y por qué llegaron a cometer aberraciones o actos bondadosos. Fue, como señaló agudamente Slonim en la obra antes citada, “un revolucionario espiritual”, seguramente en contraposición a su actividad de segunda etapa, conservadora y autocrática. Es a partir de Dostoievski ?aunque hay otros autores anteriores que también llegaron a las profundidades del ser humano?, que la literatura se ve obligada a introducirse en los personajes y no a mostrarlos superficialmente, sin explicarnos la razón de tal o cual acto, un asesinato o una violación. Simplemente debemos añadir que Dostoievski fue asimismo un literato que cultivó con esmero las palabras. Muchas veces tenía que entregar las novelas, por hambre, para pagar deudas; sin embargo, cada una de sus páginas es de una extraordinaria belleza. Es decir, nos narró historias tremendas con un lenguaje excepcional, que rompía los moldes establecidos y que lo confirman como un revolucionario del arte.

Perseguido, acosado por las deudas, visto por el zarismo como un rebelde (lo era realmente), dominado por los afanes del juego, pocos como él para desentrañar las complejidades del espíritu, para mostrar las patologías humanas.

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