Tantadel

junio 15, 2015

La lucha de la “izquierda” por sobrevivir

Andrés Manuel López Obrador creó su propio partido (de él y de nadie más) para ir nuevamente en pos de la presidencia de la República. Inteligente no es, menos culto, pero posee un agudo instinto político y algo que por ahora no existe en México: audacia, romper reglas con tal de triunfar. Los demás, en especial los priistas, siempre amaestrados dentro de un presidencialismo trasnochado, viven tratando de no saltar las reglas como aquella añeja estipulada por el líder sindicalista Fidel Velázquez: el que se mueve no sale en la foto. Ahora es a la inversa, justamente, el que se queda quieto jamás aparece ni en las selfie.

No hay político que no sueñe con llegar al más alto cargo: la silla presidencial. Pero la abrumadora mayoría declara que le basta con “serle útil a la sociedad”. Una mentira más dentro de un sistema por completo obsoleto, aburrido y escasamente democrático, sobre todo cuando descubrimos que la voluntad suprema viene de una suma de partidos políticos poco escrupulosos. Somos sus peones dentro de un ajedrez rudimentario y de mal gusto.

López Obrador fue un priista recalcitrante, lo que no es grave a los ojos de un imaginario colectivo sin memoria. Lo ven atrevido, retador, dueño de unas cuantas frases y tenaz. Saltó del PRI al PRD y de allí, harto de no ser obedecido ciegamente, formó su propio partido, donde le dicen lo que quiere escuchar. Convirtió al PRD en un cascarón en pugna vejado en su plaza fuerte, el DF. Para ello rompió leyes y atemorizó a las autoridades electorales y federales, a los partidos restantes, con casi una “revolución”. Ahora mira al perredismo y aliados como sus mayores enemigos porque ya no lo aclaman ni lo siguen como autómatas.

Seguido por un puñado de leales se lanzó a la gran aventura política y en la primera elección obtuvo algunos triunfos significativos, sobre todo en la ciudad capital, que ha concentrado su odio en el priismo y es natural: al ser una megalópolis y centro de los poderes, se le pasó la mano en la férrea conducción que utilizaba en sus mejores tiempos. AMLO conquistó delegaciones que estaban en manos de su antiguo partido. Eso deslumbró a ingenuos analistas. ¿Cómo no iba a obtener tantos votos en el DF si lleva años trabajando aquí, si los capitalinos lo ven como a un dios que promete castigos pero también muchos premios a través de un populismo ramplón? Quien diga que el éxito de Morena es un milagro miente o no ha pensado bien en la situación que vive la ciudad donde sus habitantes han sido convencidos de una utopía: la izquierda nos salvará, la izquierda ahora es AMLO, luego él nos sacará del atraso y nos hará justicia social y alejará de la corrupción.

Del otro lado, el PRD, la otra parte de la “izquierda” protesta con timidez o cobardía y se defiende de las brutales críticas de los morenos. No atina a reaccionar ante los votos que perdió a causa de años de la terca corrupción de sus delegados y legisladores. Si bien dentro del espectro “izquierdista”, Morena ya tiene candidato presidencial, no así el PRD. Miguel Ángel Mancera sigue obstinado en decirse “ciudadano”, como El Bronco que luego de militar siglos en el PRI y de ocupar diversos cargos políticos se presenta en calidad de virginal ciudadano y todos le aplauden, como si en realidad acabara de salir de la escuela y empezara en calidad de gobernador sin mayor experiencia política y en consecuencia impoluto.

Mancera tendrá que dejar la pureza del manto protector “ciudadano”, convertirse en el gran líder del partido que lo cobija y ser el dirigente que la izquierda espera para modernizarse y ser vanguardia ideológica. De lo contrario será barrido por la escoba de Andrés Manuel y el PRD verá todavía más reducido su capital político. No quiero decir que Morena vaya a ganar Los Pinos por tener en sus manos media ciudad. Perdió, por ejemplo, Iztapalapa, donde tenía especial interés por su alto número de habitantes (votos) y se ubicó en los últimos lugares en los estados donde estuvo en juego la gubernatura. ¿Qué nos hace pensar que ahora sí llegará a la presidencia en 2018?

Sus rivales de “izquierda” perdieron porque no hicieron un buen trabajo y porque la corrupción los hizo cometer muchos errores. Pero también los tontos aprenden algo y para las elecciones presidenciales, los partidos sobrevivientes tendrán que reorganizar sus huestes y dar mejor pelea, no tanto con reglas sino con una ideología que nos sorprenda y convenza de que en efecto representan a la izquierda y con una moral diferente.

Sin duda todo dependerá, en la llamada “izquierda”, del propio Mancera cuando se decida salir del clóset de “político ciudadano”. En el PRD no hay mucha tela de donde cortar y sí mucho por limpiar. Ahora si Mancera y el PRD no escuchan los claros pasos de López Obrador tras la presidencia y los de Ricardo Monreal en pos del gobierno capitalino, ya serán pisoteados por Morena y adiós PAN, PRI y todos los demás partidos. Comenzará la era de un hombre patológicamente obsesionado por el poder.

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