Tantadel

junio 08, 2015

Parte oficial: sin novedad en el frente

Nada nuevo ocurrió ayer: resultó como estaba previsto. Entre el poder político y los medios de comunicación, los mexicanos reaccionamos como la mayoría anticipó. Los lugares dominados por esa eficaz y moderna guerrilla urbana, la CNTE, tuvieron problemas: principalmente Guerrero, Oaxaca y Michoacán, pero ninguno que realmente turbara el proceso electoral. En los estados restantes, incluyendo la ciudad capital, no hubo mayores problemas, pequeños incidentes y muchas protestas. Salvo la escasa afluencia de votantes, los inquisidores que pesan sobre los inquisidores, es decir, los vigilantes de las casillas por cada partido y los observadores nacionales y extranjeros, no tuvieron mayor trabajo. Donde yo fui a sufragar, había más personal del INE y de los partidos que votantes. Claro, no todo el país se movió de la misma manera. Hubo sitios donde algunos mostraron su oposición y chocaron con el sistema. 

A las 18:00 horas, el INE reportó que el 98.1% de las casillas abrieron con normalidad y que sólo el 0.06 no pudo ser instalado por razones de fuerza. Un puñado mínimo de luces rojas en el inmenso mapa de la nación.

Lo importante es que las debilidades del poder quedaron expuestas. La primera es el fracaso del sistema político mexicano, en donde los partidos hacen y deshacen para empeorar las cosas. El INE requiere comenzar desde cero, como está, de nada sirve. Todos los partidos violaron la ley y algunos recibieron regaños, otros, como el Verde Ecologista, fue multado y perdonado, casi al final del proceso de nuevo le llamaron la atención porque muchos “famosos” tuitearon pidiendo el voto para “el verde”. La fragilidad del INE es visible: la mejor prueba es el terror que le tiene a López Obrador. Está en campaña presidencial y ni siquiera ha sido amonestado.

Guste o no, el INE es obra de los partidos y aun así lo hacen a un lado y desdeñan sus ordenamientos. Eso sí, el presupuesto que reciben es escandaloso. La sociedad está harta de la inutilidad de dicho organismo. Lo único asombroso es su capacidad de promover propaganda que de poco sirve.

Realmente, los maestros disidentes, que crecen en fuerza y habilidades terroristas, fueron los únicos que aprovecharon los comicios y se convirtieron en una fuerza que doblegó al gobierno de Peña Nieto. Lo que no lograron los movimientos guerrilleros creados por la violencia del Estado luego del 68, lo que no pudo hacer la declaración de guerra del EZLN, al Ejército Mexicano y al “mal gobierno”, lo han conseguido fácilmente los militantes de la CNTE. Han paralizado poblados enteros, movilizado a sus “tropas” de un lado a otro, quemado papelería del INE, atacado puestos militares, paralizado grandes zonas de la capital, destruido oficinas gubernamentales, bloqueado carreteras y tomado pequeños aeropuertos en una clara estrategia de combate que el gobierno tolera y atiende con prontitud sus exigencias. Tiene en sus manos decisiones tan importantes para el futuro de México como frenar la disposición de evaluar a los maestros. En suma, un grupo aguerrido bien organizado, pero sin ningún proyecto ideológico serio, que actúa con plena impunidad, tiene a raya tanto al gobierno federal como al capitalino. Pretextos sobran para no impedirles sus conductas y formas violentas. Los indefensos y a merced del Estado mexicano, somos los ciudadanos.

Los resultados fueron los esperados. Ganaron los que mejor supieron movilizar a sus grupos y manejar mejor los recursos. No hubo un solo elemento que probara razones ideológicas, solamente palabrería hueca, ofensas e insultos, peticiones juguetonas e irónicas para llamar la atención de los votantes. Hubo un marcado abstencionismo y desdén hacia el mundo de la política. Los que votamos o al menos acudimos a las urnas para sufragar o mostrar nuestra inconformidad, no tenemos muchas alternativas.

Siguen infinidad de protestas y discusiones entre los partidos, las palabras de un secretario de Gobernación o del mismo presidente de la República que mostrarán orgullo y satisfacción. Elogiarán una victoria pírrica. Hubo partidos ganadores y perdedores. Lo claro es que tres de ellos se consolidan, por decirlo de alguna manera, como las fuerzas principales, Morena seguirá la zigzagueante conducta de su dueño y algunos dejarán de existir, por fortuna.

Los grandes derrotados somos la sociedad civil. El sistema logró su cometido: mostrar que estamos bajo la dictadura perfecta, aunque el tirano no sea una persona sino un grupo de partidos políticos llamados popularmente partidocracia, para quienes somos votos, no seres humanos. El triunfo de los comicios es garantía de que seguirá la corrupción y una falta de política social realmente seria y con deseos de transformar profundamente a México.

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