Tantadel

junio 26, 2015

¿Una cultura de izquierda?

El pensamiento socialista en México tiene una larga e intensa historia (vale la pena releer El socialismo en México, de Gastón García Cantú), y es la Revolución Mexicana la que permite un mayor avance cultural. Definida por don Jesús Silva Herzog y por los historiadores soviéticos N. M. Lavrov, M. S. Alperovich y B. T. Rudenko como un gran movimiento democrático burgués de acentuadas características nacionalistas y antiimperialistas, con celeridad encontramos uno de los mejores caminos artísticos y culturales: en el país disminuye la presencia de la cultura francesa (dominante en aquella época), se redescubre a sí mismo en las clases despojadas y en la lucha que dieron contra la dictadura y por una dignidad nueva. De este modo aparece la novela de la Revolución, la Escuela Mexicana de Pintura, el muralismo, y en la música y la danza surge un rico nacionalismo que le dará prestigio a México. En esos años los obreros eran escasos y sin formación ideológica, los campesinos una abrumadora mayoría que vivía alimentando el rencor y el deseo de cambio. Madero no era ciertamente Lenin, pero su levantamiento contribuyó a despertar las pasiones de una nación que dormía el inquieto y sórdido sueño de la paz porfiriana. A la Revolución Mexicana pronto se sumarían los aires positivos de una revolución de más empuje en su contenido social y político, en sus intentos de borrar el viejo sistema y de iniciar una vida nueva partiendo del año I del socialismo como lo señala el marxista Víctor Serge. México no podía ser ajeno a la Revolución Rusa. Los libros de Marx, Engels y Lenin habían llegado a muchas manos. De este modo, en 1919 nace el Partido Comunista, nace con los errores que venían de Rusia, con la notoria ausencia de obreros, pero con una fuerte presencia intelectual y artística. La personalidad recia de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros es prueba de ello. Su escuela estética, para 1924, es ya una hermosa realidad y la convierten en credo político. En este año, por ejemplo, el Sindicato de Obreros Técnicos Pintores y Escultores crea El Machete, una publicación legendaria dirigida por Rivera, Siqueiros y Xavier Guerrero. Poco más adelante se convertiría en el órgano del Partido Comunista. Si aceptamos los datos que muchos historiadores del tema ofrecen, El Machete llegó, en sus mejores momentos, pese a la persecución y al acoso, a un tiro de 50 mil ejemplares semanales.

Pero El Machete no estaba solo, ni las inquietudes de los artistas e intelectuales eran actitudes frívolas y de simple exhibicionismo. Fueron tiempos violentos y trágicos y los comunistas supieron dar la lucha y soportar la represión. Pronto otras organizaciones culturales aparecieron. Pese a los esfuerzos de los comunistas, en el PC se hallaban muchos artistas e intelectuales, académicos, hombres y mujeres de cultura, el gran ausente era, en efecto, la clase obrera. Pero el hecho de que ellos fueran militantes comunistas hacía que su influencia fuera muy amplia y repercutiera en la cultura nacional. La lucha política y económica la llevaban a cabo ellos mismos. Y aquí resulta curioso percatarse que el arte no era su mayor preocupación, lo era el transformar la estructura de México, modificar las relaciones de producción. En tal tarea ponen su mayor esfuerzo. En este sentido, recordamos más el trabajo de Tina Modotti como aguerrida militante comunista que como la notable fotógrafa que fue.

Otro problema son las confusas relaciones con el PCUS y con la figura dominante de Stalin. Si bien es cierto que la situación internacional obliga a cierta coherencia en la guerra contra el fascismo, hay que señalar que, en diversos momentos, el PCM se caracterizó por sus discretas actitudes independientes. En este punto se ha conservado una fuerte polémica a causa de la presencia y el asesinato de Trotsky en México. Sus camaradas y herederos siempre mantuvieron una total discrepancia con Moscú, mientras que los comunistas, cuyo origen venía de la Tercera Internacional, se aliaban con facilidad a los dictados soviéticos en una URSS que había sucumbido a la personalidad de una figura política controvertida y brutal como la de Stalin. No obstante las diferencias, la presencia del luchador ruso y su relación con Diego Rivera y Frida Kahlo resultan de enorme significado para la cultura nacional a causa de las posibilidades que abre. Allí está el célebre manifiesto “Por un arte revolucionario independiente”, fechado en México, DF, el 25 de julio de 1938, firmado por André Breton y Diego Rivera, y probablemente redactado por Trotsky y el propio inventor del surrealismo. Su repercusión fue significativa, sobre todo por sus aportaciones al análisis serio de una estética marxista derivada no de las aficiones personales de los dirigentes, sino del conjunto de la obra de Marx, de su método y sus grandes intenciones. Es un hecho, que de todos los marxistas (a excepción de Adolfo Sánchez Vázquez), haya sido Trotsky quien más agudamente trató los problemas del arte y la cultura. Explicó, por ejemplo, la imposibilidad de hacer un arte proletario a causa del breve periodo histórico que le correspondía y por la aspiración de eliminar las clases sociales, o rescató figuras que el estalinismo había condenado, como Céline.

Fueron tiempos de enormes inquietudes y avances culturales.

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