Tantadel

junio 01, 2015

Una relación indisoluble: Goeritz y Sebastián

Este año Mathias Goeritz llega a su primer centenario. Algunas instituciones están llevando a cabo exposiciones y conferencias sobre su extraordinario trabajo que enriqueció notablemente a México. La UAM-X se ha sumado a tal reconocimiento. En esta universidad ya estaba contemplado un homenaje a Sebastián por sus éxitos nacionales e internacionales, como parte de las actividades que realiza la Coordinación de Extensión Universitaria, donde montamos una exposición, y decidimos que, dada la relación de amistad que existió entre ambos personajes, podríamos reunirlos nuevamente: “Mathias Goeritz y Sebastián, una relación indisoluble”. El maestro y el discípulo.

En el auditorio más amplio (que se abarrotó) celebramos el homenaje a Sebastián; hablamos Jorge Ruiz Dueñas, Dionicio Morales y yo; enseguida lo hizo el escultor (por cierto Doctor Honoris Causa de la UAM), quien explicó su monumental tarea y al final mostró la magia de sus transformables, lo que convierte a Sebastián en una suerte de mago, cordial y de profundos conocimientos científicos. Al concluir, inauguramos las dos exposiciones, la de Goeritz y la del propio Sebastián, seguidos por una multitud de jóvenes. El segundo, ante una fotografía donde estaban ambas figuras, el mexicano recordó su intensa relación con el artista de origen alemán, el cariño que probó al ponerle a su hijo Matías.

Goertiz estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Berlín y se doctoró en Filosofía e Historia de Artes en la Universidad de Berlín. Fundó en Santillana del Mar, España, la Escuela de Altamira, cuyo lema fue “Todos los hombres, por fin hermanos, se convierten en artistas”. A México llegó en 1949 y aquí reactivó su portentosa obra. Destaco algunos logros memorables: el Museo el Eco, 1953, una de sus obras más significativas y básica en la historia del arte moderno de México. En 1957, en colaboración con Luis Barragán y Luis Reyes Ferreira realizó las Torres de Ciudad Satélite. Parte importante de su obra permanece en México y piezas claves las tiene el Museo de Arte Moderno. Él promovió en 1968 una obra colosal: la Ruta de la Amistad, por desgracia, la “modernización” de la ciudad, ha dañado la mayoría de las obras y otras apenas pueden ser observadas. 19 trabajos de los mejores escultores de esa época en el mundo fueron colocados a lo largo de 17 kilómetros en lo que ahora se llama Periférico Sur y que hoy apenas podemos valorar. La presencia de Goeritz, quien muere en 1990, es crucial en un país que como el nuestro estaba llevando a cabo un movimiento de cambio radical denominado “La Ruptura”, cuando concluía la gran tarea de la Escuela Mexicana de Pintura y se abría a mil manifestaciones novedosas, principalmente abstractas y de caballete.

La Dra. Martha Fernández, me escribió al respecto una carta personal: “Lamento mucho que no hayas conocido a Mathias Goeritz, era la imagen misma de la sencillez, como correspondía a un verdadero genio. Nunca pensó que sus obras de arte fueran únicas e irrepetibles y de su escultura urbana decía que lo normal era que desapareciera con el tiempo, porque su utilidad era limitada por el cambio en los movimientos artísticos. Además, le gustaba que sus obras se integraran al entorno y no que se impusieran a él. Tuve la fortuna de conocerlo cuando yo tenía unos 25 años y conversó conmigo como si nos conociéramos de toda la vida; en ese momento, su obra me tenía fascinada. Aunque no lo conocía personalmente, se acercó a platicar conmigo; quedé impactada por su sencillez y calidad humana. Te hubieras llevado bien con él porque además tenía mucho sentido del humor”.

Sobre Sebastián, el notable crítico de arte Jorge Alberto Manrique precisa de manera ceñida e inteligente: “Las líneas generan formas planas, los planos generan cuerpos geométricos, planos y cuerpos generan estructuras. Ese sentido orgánico básico de las formas geométricas es el sustento de los desarrollos complejos y divergentes, siempre, sin embargo hermanados por la misma concepción personal del artista, que ha tenido la obra de Sebastián, quien hace humo la vieja oposición romántica entre arte y matemáticas, arte y razón, arte y ciencia. Y no obstante su temperamento es, en algún sentido, más el de un romántico (según una acepción concebida) que el de un clásico.”

Las palabras de Sebastián, pronunciadas (al cortar el listón) fueron emotivas. A nuestro alrededor unas veinte esculturas de formato mediano y colores vivos nos iluminaban y permitían que los jóvenes lo interrogaran y se fotografiaran con él. Una visión optimista.
Lo que la UAM-X exhibe de Goeritz proviene de colecciones particulares, así que en efecto conseguimos mostrar al maestro y al discípulo, algo único y que atrae las visitas de admiradores de ambos artistas. Estamos satisfechos de contribuir en gran forma al conocimiento de las artes plásticas.

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