Tantadel

julio 20, 2015

El antes y el después en México

Crónica publicó una excelente y amplia nota de Bertha Hernández sobre Gilberto Bosques. Pese a que en su memoria se han dicho infinidad de palabras positivas, dudo que haya muchos mexicanos que lo recuerden. En mi caso fue uno de los personajes legendarios que poblaron mi adolescencia. Por notable coincidencia, en Puebla una empresa periodística nos entregó un reconocimiento a cuatro hombres y una mujer por distintos méritos. Uno de ellos fue Gilberto Bosques (1892, Chiautla, Puebla-1966, México, DF), que sus descendientes  recogieron.

Es una pena que sean unos cuantos en un país de más de 120 millones de habitantes, quienes hagan un esfuerzo por mantener en la memoria a cientos de grandes figuras que surgieron, luego de la Revolución Mexicana, en todas las manifestaciones de la vida pública, las artes, las ciencias y la política. Fue un fenómeno asombroso. De pronto pintores de la magnitud de Diego Rivera, Orozco, Siqueiros, Tamayo, Frida Kahlo o de escritores como Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos o de músicos como Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y Moncayo poblaron el nuevo rostro de México, ejerciendo una larga serie de transformaciones positivas que incluso influyeron fuera de México, entonces visitado por infinidad de figuras internacionales. Hoy basta dar una mirada crítica (sin las simpatías o antipatías personales) para analizar el después, el hoy. Gobiernos pésimos, gobernantes apenas letrados, sostenidos por recursos de las modernas tecnologías y partidos abyectos sin ideología alguna.

En el campo de la diplomacia, bueno. México dejó de ser potencia con un prestigio adquirido por méritos intelectuales e ideológicos, para dar prioridad a los amigos del mandatario en turno. No más figuras como Isidro Fabela o Gilberto Bosques. Este último se formó en las filas de Francisco I. Madero, desde el inicio se convirtió en un decidido revolucionario que siguió tenazmente al promotor del nuevo movimiento. Ya formado como maestro, opta por la defensa de Veracruz, invadido en 1914 por los norteamericanos, y de allí en adelante la carrera de Bosque está siempre vinculada a los movimientos más positivos. Me parece oportuno -dentro de este complejo, fascinante y vigoroso pasado- destacar que Gilberto Bosques, en apoyo a las grandes tareas revolucionarias, estuvo cerca del secretario de Educación José Vasconcelos y más adelante del general Cárdenas. Con ambos personajes legendarios e irrepetibles, llevó a cabo un trabajo memorable que hoy parece borroso o de plano inexistente.

Bosques fue un hombre que supo ver el peligro del naciente fascismo, luego de pasar por la dirección del diario oficial El Nacional, del que Carlos Salinas se deshizo, y luego de participar en los trabajos de la expropiación petrolera, arrancó la parte medular de su carrera, la de un diplomático que salvó cientos de vidas que huían de la barbarie de las tiranías de Alemania, Italia y España. Fue Gilberto Bosques, remacha Bertha Hernández, “quien ya había recomendado al gobierno mexicano romper relaciones con el eje Berlín-Roma-Tokio”. Por su lucha antifascista él y su familia sufren prisión en Alemania. Pero ya había cumplido parte de su misión y puesto a salvo a cientos de españoles que huían de la brutal dictadura de Franco y judíos que trataban de poner distancia entre el escandaloso antisemitismo del fascismo.

Todavía en la Cuba prerrevolucionaria, Gilberto Bosques se vinculó a quienes ya luchaban por la libertad de la isla: Fidel Castro y los suyos. Una vida de epopeya y de gran utilidad en el México grandioso que agonizaba lentamente, luego del gobierno del general Cárdenas.
Hoy sólo las artes sobreviven, dejaron una profunda huella y los nuevos creadores siguen avanzando con o sin el apoyo gubernamental. La política se ha envilecido y es abiertamente de derecha, lo mejor que podemos hallar son personas desesperadas que están situadas en una suerte de centro-izquierda, pero que no quieren mayores cambios o transformaciones sino pintar la decadente fachada del capitalismo actual. Un centro que significa cero grados de la política y una izquierda que le basta tener un poco mejor el feo edificio que han edificado nuevas generaciones de políticos y funcionarios, sostenido por el impulso triunfal del neoliberalismo, es decir, la versión capitalista de nuestra época.

Recuerdo que durante la entrega del reconocimiento mencionado, estaban descendientes de judíos y españoles, cuyos padres habían llegado a México merced al apoyo valeroso de Bosques. Fue un momento emotivo y de nostalgias para un puñado. Afuera del amplio recinto ya otros personajes y otras ideas, en todos los casos mínimos, sin estatura moral e intelectual, carentes de motivos ideológicos, más dispuestos a obtener un jugoso empleo que a defender grandes causa, se agitaba.

Hacen bien aquellos que nos traen de nuevo a personajes legendarios como Gilberto Bosques porque así la memoria de los mexicanos no será tan débil. ¿Qué nos pasó? ¿En dónde fracasamos tan estrepitosamente?

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