Tantadel

julio 15, 2015

La segunda fuga del Chapo Guzmán

Parece título de una novela escrita por el español Jorge Semprún: La segunda muerte de Ramón Mercader, obra memorable. No lo es. Entonces es como un filme donde Clint Eastwood logra fugarse de Alcatraz poniendo fin al mito de que era un lugar a prueba de escapes, realmente de alta seguridad, un islote rodeado de un oleaje agresivo, y un complejo sistema de seguridad. Tampoco. Es una mancha más en un sistema político corrupto hasta la médula. No se fugó un reo común y corriente, se fugó un legendario criminal de una prisión de “alta seguridad”. Es evidente que tuvo cómplices y recibió ayuda de sus compinches y de autoridades y policías deshonestos. Para colmo, el tipo desaparece justo en el momento en que el presidente Peña Nieto era recibido en París por el presidente Hollande y ambos estaban rodeados por empresarios y políticos de la zona del euro atentos a la visita del mexicano. Las palabras del mandatario nacional eran esperadas como algo equivalente a vengan a México, inviertan, hay seguridad y el país es incorruptible. La fuga de un delincuente de alto rango, fue un balde de agua helada para la comitiva que recibía y la que llegaba.

El discurso de Peña Nieto fue una abigarrada y extraña mezcla de elementos políticos y económicos. Por un lado explicaba problemas de seguridad nacional, por el otro persistía en la invitación a invertir en México, un país que garantiza reformas políticas gentiles con los empresarios dispuestos a venir hasta nosotros. Al momento de escribir estas líneas, los hombres de negocios y los políticos europeos, seguían dudando de las palabras del mandatario nacional.

No cabe duda, en otra situación, la fuga de un criminal era sólo eso. Ahora sí tenemos un récord de talla internacional, algo que nos puso en la mira de todos los medios del mundo, justo cuando Peña Nieto llegaba a la zona euro para mostrar el naciente poderío mexicano o más bien para invitar, al menos a Francia, a invertir. El criminal que seguían los norteamericanos, la Interpol y todo el sistema policial mexicano, logró escaparse por segunda vez, una hazaña que estimulará las mentes de pequeños criminales. La delincuencia se anotó un triunfo. México podrá recapturarlo o hasta matarlo, pero ya conmovió al mundo y no sólo puso al descubierto el poderío del narco, sino también las debilidades del sistema político mexicano, incapaz de contener maestros revoltosos y de mantener tras las rejas a un criminal de alto peligro.

Peña Nieto podrá decir lo que quiera en su descargo. Es obvio que no fue un golpe maestro de sus muchos enemigos y rivales, lo peor es que coincidió con un momento crucial. Ya es posible leer y ver la cantidad de diatribas y acusaciones contra el presidente mexicano. De inmediato regresó al país el secretario de Gobernación. Pudo haberse quedado en París. El daño estaba consumado. El Chapo Guzmán consiguió lo que ningún político de oposición había logrado. Darle (las palabras no son mías sino de un periodista al servicio del mundo oficial) con un torpedo en la línea de flotación y con ese solo impacto sacudir (qué importa el mundo) a los mexicanos. La bomba tuvo efectos políticos y ya se aprecian desde el día en que se fugó: las redes sociales de inmediato comenzaron su tarea demoledora. Ya tendremos algunos narcocorridos circulando clandestinamente y nuevos émulos del Chapo Guzmán.

Con rigor, el asunto es complejo, lo que cuenta es que el Presidente y su equipo, sus hombres de mayor confianza, no han hecho su trabajo; México es una casa con goteras y hoyos por todos lados. La corrupción es permanente y no ha sido tocada en serio. No es tampoco únicamente culpa de ese viejo anquilosado llamado PRI, lo es de todo el sistema político actual. Ya han pasado por el poder, aparte de los consabidos priistas, perredistas y panistas y las cosas siguen igual o peor si consideramos el caso Chapo Guzmán.

La guerra desatada contra el narco no es tan sencilla, pero aparte veamos la debilidad de un gobierno que no pudo llevar a cabo reformas a fondo, y que un grupo de mitoteros ruidosos tienen en jaque a un gobierno en su conjunto. Y mientras al Presidente se le pasa el rubor de las mejillas y el Chapo consigue ponerse a salvo de una búsqueda amplia y tenaz, los ciudadanos pierden la confianza y el mundo nos regresa a la condición de tercermundistas incapaces de tener la casa en paz.

Las potencias dictan la política internacional, ya vimos el caso griego, ahora exigirán, so pretexto de luchar contra el narcotráfico, mayor injerencia en la lucha que el gobierno mexicano lleva contra el crimen organizado. Para los mexicanos comunes, aquellos que saben de la incapacidad del sistema político mexicano y no les agrada, existe un héroe más. Si Chaplin se hizo glorioso asentándoles patadas en el trasero a los policías y en general la cinematografía norteamericana nos ofrece bandidos émulos de Robin Hood, pues ya tenemos que Malverde, el santo de los narcos, le ayudó al Chapo a fugarse, sólo que lo hizo aprovechando la corrupción nacional. La espléndida obra de ingeniería que su gente llevó a cabo para que su jefe escapara, debe ser considerada como una maravilla de talla internacional.

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