Tantadel

julio 22, 2015

Marco Aurelio Carballo, entre el periodismo y la literatura

Marco Aurelio Carballo, a quien conocí cuando él se formaba como reportero en el Excélsior del polémico Julio Scherer, donde yo ocasionalmente publicaba algún material cultural, solía preguntarme sobre mi formación literaria. Deseaba ser literato y en esos años pocos o nadie hablaba del nuevo periodismo, la sana y natural mezcla del periodismo y la literatura. Nos fuimos haciendo grandes amigos. La salida de Scherer alteró el rumbo de muchos diaristas. Unos cuantos lo siguieron para formar Proceso, la mayoría buscó en otros espacios.

El grueso de los grandes reporteros caminaron con Manuel Becerra Acosta para fundar un periódico brillante e inteligente: el Unomásuno. Entre los 33 que lo constituyeron quedé yo, sostenido sobre todo por la amistad de Marco Aurelio Carballo. Allí estuvimos algunos años, no muchos. Poco a poco y luego de un gran éxito, cayó en pésimas manos y aquellos que firmamos el acta constitutiva nos fuimos no sin antes publicar nuestras renuncias en la revista Siempre!, donde Carballo era muy querido y respetado por Pagés Llergo; hoy el diario es una sombra.

En esos vaivenes periodísticos, Marco Aurelio escribía una novela y cuentos que no solía mostrar. En algún momento tuvo a bien enseñármelos. Seleccioné un puñado, los que más me gustaron, y se los di a una editora argentina que hacía modestos y cordiales libros. Ése fue el arranque del Carballo literato. Comenzó a publicar novelas y relatos, sin dejar de acometer las tareas que su vocación original le exigía. De tal forma obtuvo el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Nacional Pagés Llergo.

Marco Aurelio nació en 1942 en Chiapas y siempre vivió muy ligado a su estado. Cada tanto iba a impartir talleres literarios, los que el tiempo le permitía. Marco Aurelio sentía que había comenzado a escribir literatura tarde y lo imagino así porque es casi de mi edad, es decir, por derecho pertenecía a la mal llamada generación de la Onda. Tuvo tratos con todos ellos aunque la mayoría habíamos empezado a escribir en la adolescencia. Pero a cambio, su tenacidad era sólida: siempre estaba leyendo buena literatura y escribiendo con una prosa fluida y natural, acaso producto del largo trabajo periodístico. Publicó más de una docena de libros, entre crónica, entrevista, novela y cuentos. Obtuvo asimismo diversos premios literarios, entre ellos destacan: el Premio Chiapas de Literatura Rosario Castellanos y el Premio Nacional de Novela Luis Arturo Ramos. La crítica señaló que Polvos ardientes de la Segunda Calle, Mujeriego, Diario de un amor intenso y Muñequita de barrio, son sus mejores obras.

Hombre hosco, a veces poco tratable e incorruptible, con sus amigos solía ser generoso. Cuando aceptaba ir a alguna reunión era seco, cortante. Pero tenía un sentido de la lealtad enorme. No me sorprende que ahora seamos sus amigos de unas cinco décadas quienes lo reconozcamos como un gran escritor. Rafael Cardona, muy cercano como Fernando Macías Cué, a Carballo, siempre me bromea por la poca ayuda que le di para que desarrollara su parte literaria: René, nos quitaste a un notable periodista para convertirlo en escritor de literatura. La verdad es que Carballo sumaba la realidad inmediata a la literatura (le gustaba el uso de la primera persona del singular) y su placer era utilizar una prosa de belleza notable y muy cuidada.

Juntos recorrimos media república. Nunca estuvimos juntos en el extranjero, por él y Patricia, su esposa, pude conocer al fin a Elena Garro en París y contribuir en las gestiones para que la mejor escritora de México pudiera regresar a casa, a morir entre nosotros.

No es fácil pensar en Marco Aurelio Carballo sin pensar en su generosidad y sentido de la honestidad, mucho menos imaginarlo sin Patricia Zama, su magnífica compañera. Mañana jueves, en el Hotel Geneve, a las 11 de la mañana, sus familiares y amigos estaremos para reconocer en Marco Aurelio Carballo a un gran periodista y escritor que finalmente consiguió dominar ambos oficios y en ambos probó su talento.

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