Tantadel

agosto 31, 2015

El "nuevo gabinete" de Peña Nieto

AMéxico le encanta el juego de las esperanzas perdidas, cree que en el fondo de la caja de Pandora yace un país fuerte, justo, sin corrupción, con una democracia de carne y hueso y un futuro esplendoroso. Creo que un símil barato puede ayudar: desde que la selección mexicana de futbol llega al torneo que permitirá un campeón, el mejor del mundo, los compatriotas lloran, sufren, festejan por anticipado, gastan fortunas en ir a ver los juegos en Japón o en Alemania, sobre todo rezan para que el “Tri” derrote a los demás equipos y nos traiga a casa el trofeo que nos hará “grandes”. Brasil se lo ha llevado varias veces y sigue siendo un país de pobres, muchos ricos y una burocracia inalterablemente corrupta.

Nos ocurre en futbol, pero lo grave es que nos ocurra en la política. Hemos tolerado por décadas la presencia de un PRI autoritario, majadero, corrupto y sin grandeza. Pero los demás partidos no están mejor y el torneo de las esperanzas perdidas se juega con rigurosa puntualidad. Cada votante piensa en que su partido salvará a la patria. Pero como casi siempre triunfa el Revolucionario Institucional, entonces, resignados, hacemos votos para que el presidente en turno se haga todo un estadista, un Churchill, un Roosevelt, un De Gaulle o un Lázaro Cárdenas. No, llega un hombre todopoderoso, adulado por todo el partido y exaltado por los medios. El culto a la personalidad en México existe en cada partido, pero en Los Pinos han optado por asesinar el espíritu crítico que nos ayudaría mucho para avanzar.

Si la llegada de Peña Nieto para la mayoría de los mexicanos fue vista con simpatía, luego de tres años, esa visión es borrosa y su popularidad disminuye. Los famosos “cambios”, que volvieron a crear imágenes triunfales, ya los vimos y analizamos. Fueron más enroques que el ingreso de políticos de alto rango decididos a entregar un trabajo histórico en bien del país que se ha negado a crecer. Hemos vuelto peligrosamente a la fantástica capacidad de los políticos nacionales para ocupar cualquier cargo a pesar de no tener idea de qué se trata. Basta con ver las hojas curriculares para darse cuenta que son todólogos. Hoy dirigen la secretaría de Fierros Viejos, mañana la que maneja los fierros nuevos y así al infinito. La idea que sobresale es la de administrar aunque no se tenga idea de qué es la diplomacia y cómo se maneja en estos tiempos complejos de globalización o ir a educación pública sin haber visto nunca un maestro y menos conocer a la aguerrida sección 22 o haber dado una clase o mirado por encima el libro de texto gratuito o conocer una escuela en una comunidad en la sierra de Oaxaca, donde no hay ni agua. La UNAM, el IPN, la UAM y demás instituciones de educación superior que para ellos son un lastre: el futuro mexicano está en las pomposas universidades privadas, un negocio que produce mucho dinero y prepara los cuadros que conducirán al país. Olvidan que la edificación de este país partió de modestas escuelas normales y llegó a las universidades públicas. Ahora un todólogo, proveniente de escuelas privadas al servicio de Peña Nieto nos dirá, luego de recortarnos el presupuesto, cómo conducirlas.

Al contrario de su paisano, Adolfo López Mateos, Peña Nieto ni tiempo tuvo de conocer a la nación; llegó al poder mediante una enjundiosa campaña del PRI y un decidido apoyo de medios electrónicos, ayudado por los errores de los demás partidos. El primero integró un gabinete de auténticos especialistas, se rodeó de intelectuales y los escuchaba y pese a sus defectos y errores, los propios de la época, fue un gobernante preocupado por el bienestar de su país intentando hacer historia. Una lista de sus conquistas arroja cifras benéficas que en los tres años que le faltan al actual mandatario, no alcanzará a heredarnos. Con los cambios que llevó a cabo en la soledad palaciega, no tomó ni siquiera en cuenta las voces de la nación, sus sentimientos, como decía Morelos. Lo principal es dotar al inefable PRI de aspirantes presidenciales, un puñado, sí, pero con la idea de que los mexicanos los conocieran y algo más ridículo, que ellos conocieran al país. Y verán los jóvenes genios lo que es enfrentarse a la sociedad cada vez más harta del autoritarismo y de la incapacidad de salir de la corrupción, la miseria y las injusticias.

Pensar en José Antonio Meade tan sólo porque ha sido panista y ahora es priista y ha pasado por cuatro secretarías en seis años, es aceptar que México es una buena broma. Será interesante verlo, egresado de escuelas particulares, defender a los millones de pobres que luchan por una vida digna, y por una alimentación adecuada, luego de visitar cancillerías distinguidas y conversar con personajes sofisticados. Lo mismo sucede con Aurelio Nuño, por citarlo azarosamente en un gabinete sacado de la chistera, donde todos llegan a aprender y ninguno a enseñar, quien con una formación parecida, tratará de enterarse cómo funciona de cerca la educación pública. ¿De este asombroso gabinete saldrá el candidato presidencial de Enrique Peña Nieto? Habrá que buscar la aguja en el pajar ciudadano.

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