Tantadel

agosto 26, 2015

Gerardo Cantú y Cuevas, humoristas del arte

Gerardo Cantú es grabador, pintor y dibujante de talento peculiar y dotado de un excelente sentido del humor, un sentido del humor agudo que le permite observar a su alrededor y captar lo grotesco, lo ridículo, lo hermoso y lo dramático. Es un artista juguetón, aunque de pronto, como en muchos de sus óleos, donde el color juega un papel importante, su visión de la vida cambia y adquiere la seriedad de tiempos carentes de imaginación y llenos de gran carga de estupideces. En términos generales, como ha dicho Arturo Cantú, agudo escritor, brillante ensayista, fallecido hace algunos años: “Gran parte de la pintura y los dibujos de Gerardo Cantú suscitan de inmediato la simpatía cordial del espectador. La vida se revela amable...” Uno puede estar atento a sus obras, tan llena de detalles de aparente intrascendencia, pero que en el conjunto del arte y de la vida juegan un papel importante.
Ver la obra gráfica de Cantú es sumergirse en un mundo aparentemente imaginario, pero real. Lo que cuenta, en todo caso, es la visión del artista, la forma llena de imaginación que el artista posee para mirar la vida y los objetos, el amor y el prodigioso cuerpo de la mujer. Yo podría estar horas mirando un cuadro de Cantú, atrapa, hipnotiza. Sus trazos juguetones, su arte deliberadamente cotidiano, no busca el impacto, como el trabajo de Siqueiros, Orozco o Rivera, prefiere el detalle. La línea que juega, el trazo caricaturesco. Y cuando usa color, cuando las líneas son protegidas o simplemente usadas con mayor fuerza, la grandiosidad del arte de Cantú aumenta.

La obra de Cantú se encuentra ya en colecciones distinguidas. Y entre sus muchos trabajos fundamentales podemos citar La cena de los apóstoles, algunos de sus autorretratos, La Celestina o Maternidad. Y aquí he citado solamente telas al óleo con una riqueza fantástica: de trazos de tendencia clásica se pasa abruptamente al desenfado y a la idea juguetona. Un estilo tan suyo, tan ajeno a los demás artistas, que uno no puede más que sorprenderse de su alto nivel estético.

Yo poseo una aceptable colección de obra gráfica, he adquirido cada trabajo porque algo me dice, algo en cada una de ellas me hace verla constantemente, pero en el caso de Gerardo Cantú me siento impelido a acercarme y a estar un largo rato frente al cuadro, sus detalles son fascinantes, hay que estudiarlos, apreciarlos, gozarlos. Sus personajes son a veces dulces, otras difíciles, duros, sus escenas son grotescas y tiernas. La ironía del artista destaca, también su macabro sentido del humor, al que no se le escapa ni siquiera la dudosa respetabilidad de la unión sexual en la cama, como esa obra donde un gordo como Rivera y una mujer como Frida hacen el amor o quizá sólo tratan. A veces pienso en el raro Orozco humorista o quizá satírico o en el mundo alegre de Franz Halls con borrachos entusiastas o en la vida cotidiana ridiculizada de Posada o en todo ello junto para tratar de explicarme quién es Gerardo Cantú y por qué pinta, dibuja y graba así, con una mirada irónica, crítica y lúcida. Lo que me impresiona más de su trabajo, aquello que me despierta mayor admiración, es que parece siempre la obra de un jovencito impetuoso e irreverente, lleno de un talento peculiar y mayúsculo, revolucionario en todos sus matices.

También José Luis Cuevas ha sido un excelente humorista, lo interesante de este artista es que lo mismo ha pintado y dibujado que escrito. Su periodismo cultural de primera época fue demoledor con sus rivales de la Escuela Mexicana de Pintura. En una segunda etapa podemos verlo escribiendo sobre el mundo inmediato que lo rodea, habló de sus amores, de sus pugnas, de sus luchas sociales y siempre era gracioso y lleno de ingenio. Del mismo modo ha producido obras gráficas que destilan su buen sentido del humor, su ironía. Alguna vez le pedí un búho para ilustrar el suplemento del mismo nombre que aparecía en Excélsior y me dio una tinta soberbia que tituló Mujer búho. No es fácil imaginarla, hay que ver esa pieza. Está en la Fundación René Avilés Fabila y cuando me asomo a saludarla, la encuentro no espantable sino lúdica y llena de imaginación y sentido de la ironía. Es una obra, dibujada por el célebre “Gato macho”, en su etapa más impetuosa, que desconcierta a quienes se acostumbraron a ver autorretratos frecuentemente humorísticos o amorosos.
En fin, el tema, que en las artes plásticas universales da para mucho, en México se constriñe. Tenemos gozosos caricaturistas que están en lo suyo y saben zaherir, pero no hay muchos que en términos de rigurosas artes plásticas se concentren en una pintura divertida, graciosa.

Oswaldo Sagástegui ha sabido trabajar ambas tendencias, pero con frecuencia ha separado la abierta caricatura de la abierta obra plástica de mayor enjundia.

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