Tantadel

agosto 05, 2015

La novela de la Revolución Mexicana 2/2

Pero si México tiene cifras de miseria política, económica y social, como si la Revolución no hubiera existido, en literatura, música y pintura, dejó huellas profundas de su intensidad. Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y Pablo Moncayo plasman musicalmente la transformación nacional. En pintura, la Escuela Mexicana, presidida por Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, le concede al país prestigio internacional y exalta los valores revolucionarios. En materia de literatura, los nombres de Mariano Azuela, José Vasconcelos, Martín Luis Guzmán, Nellie Campobello, Rafael F. Muñoz, Mauricio Magdaleno, Gregorio López y Fuentes y Francisco L. Urquizo, le dan una fisonomía distinta a las letras nacionales.

A finales del siglo XIX e inicios del XX prevalecía el espíritu afrancesado, con el movimiento armado casi de inmediato comienzan las repercusiones culturales. Los artistas mexicanos dejan de observar como modelo al continente europeo y comienza la búsqueda afanosa de temas y tratamientos mexicanos.

Muy pronto arranca la literatura de la Revolución con Los de abajo de Mariano Azuela. Se trata de una obra fundamental porque ha dejado atrás los valores del siglo XIX y es una propuesta con características nacionales. Su personaje principal, Demetrio Macías, va a quedar dentro de la literatura mexicana como una metáfora del futuro fracaso del movimiento, de su parálisis y muerte: “Y al pie de una resquebrajadura enorme y suntuosa como pórtico de vieja catedral, Demetrio Macías, con los ojos fijos para siempre, sigue apuntando con el cañón de su fusil...”.

El ciclo parece cerrarse perfectamente cuando aparecen no sólo las parodias como la de Jorge Ibargüengoitia, Los relámpagos de agosto, sino también las violentas críticas a los resultados del movimiento revolucionario de 1910, ya en manos de una burguesía ávida de riquezas y con un partido, el PRI, proclive a la corrupción y al autoritarismo, que cada día traiciona los principios revolucionarios sin ningún pudor, modifica a placer la Constitución y que, por último, concluye cuando el PAN, organismo fundado justo para contrarrestar las acciones cardenistas de 1936-1940, gana las elecciones en julio de 2000. Ciertamente no es el mismo PAN de 1939, pero tampoco ofrece una salida a las dificultades y desafíos del país.

José Luis Martínez precisa: “Agotados los temas que proporcionaba la Revolución o perdido el interés por ellos, casi todos los novelistas que participaron en esta tendencia derivaron a la novela rural y de la ciudad, cuando no a la novela de tesis o de contenido social. En ambos casos, los autores continúan preocupados con las consecuencias de aquellas luchas y tratan de mantener el espíritu que las originó o de patentizar su desencanto. Fue, pues, fundamentalmente, un llamado a la tierra y a la justicia social lo que vinieron a significar las obras de este género.” (Martínez, José Luis. “La literatura”, México, 50 años de Revolución. La cultura. Fondo de Cultura Económica, México, 1962). De entre ellos destacan José Revueltas y Francisco Rojas González.

A la novela inicial, Los de abajo, obra de gran empuje tardíamente descubierta por el hombre de letras Francisco Monterde (él mismo autor de libros sobre el tema: Lencho y El mayor Fidel García), le siguen otras, todas ellas basadas en la realidad inmediata. Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos escriben obras memorables. Todos los narradores son protagonistas, hombres y mujeres que participan del movimiento armado. Son, pues, autobiográficas. Para estudiar el fenómeno de la literatura de la Revolución Mexicana, no hay duda de que es necesario acudir a la edición de Aguilar La novela de la Revolución Mexicana, en dos volúmenes, realizados por Antonio Castro Leal, y seguramente continuar con Los protagonistas de la literatura mexicana del siglo XX, de Emmanuel Carballo, independientemente de acudir a otras fuentes.

Castro Leal es quien primero estudia, agrupa y ordena a los autores de la Revolución. Lo hace de forma que no haya equívocos: en principio están aquellos que fueron testigos directos, que, como Azuela, médico de las tropas villistas y Martín Luis Guzmán cercano a Villa, toman las escenas y los personajes de primera mano. Ellos son parte del movimiento armado, igual que José Vasconcelos, quien narra en libros formidables, como el Ulises criollo, su propia experiencia, su memoria de los días violentos y soberbios de la gesta revolucionaria.

No hay comentarios.: