Tantadel

agosto 17, 2015

Peña Nieto, la eterna soledad palaciega

El recién designado presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, es ahora el hombre a vencer. Si antes no aparecía en las encuestas presidenciales (manía perversa por antonomasia), ahora ya estará. En este nuevo encargo lo acompañará Carolina Monroy, del grupo mexiquense y familiar por añadidura de Peña Nieto. Dicho en otras palabras, el presidente sigue rodeado por personajes del afamado e invisible grupo Atlacomulco. Los demás mencionados en las encuestas son figuras menores ante la experiencia y habilidad política de Manlio Fabio. Cuando fue asesinado por el propio aparato político Luis Donaldo Colosio, él pensó de inmediato en su fin y lo dijo a los medios: “La bala que mató a Colosio también mató mi carrera política”. Pero con tenacidad y talento, la rehízo y ahora es la figura fundamental en un partido que tiene únicamente personas de tercer orden y ahora se convierte en un aspirante natural a Los Pinos.

Hace años, por invitación de Enrique Mendoza, los viernes nos reuníamos un grupo raro e interesante: Gastón García Cantú, Ricardo Garibay, María Luisa la China Mendoza, Raúl Moreno Wonchee, Miguel González Avelar, muchos políticos retirados o desempleados y yo. Las conversaciones eran cordiales y amenas y de pronto había algún invitado más. Entre ellos estuvo Manlio Fabio Beltrones, quien mostró inteligencia y cultura política. Recuerdo mis preguntas: una fue sobre el candidato presidencial Enrique Peña Nieto. Sin mucho pensarlo dijo lo que esperábamos: Es un gran candidato.

Manlio tenía razón, pero de “buen candidato” Peña Nieto pasó sin transición a un candidato tímido e inseguro. Tenía el camino sembrado de minas e ingenuamente pisó varias: su desconcertante visita a la Universidad Iberoamericana quizás pensando que estaba entre los suyos y luego la pregunta sobre sus libros favoritos. El buen aspirante presidencial vino a menos, pero los mexicanos en su mayoría no tenían interés en un panista luego de dos sexenios trágicos y las llamadas izquierdas tenían como representante a un hombre que no acababa de convencer: AMLO.

El joven mexiquense ganó y pasó a ser un mal Presidente. Pierde ante cualquiera. Sin nada qué ver con tragedias como Ayotzinapa y Tlatlaya, acostumbrado, como buen priista a que sus colaboradores cercanos lo protejan, ahora cae en todas las trampas que le ponen a su paso. ¿Era tan complejo para Peña y los suyos, enfrentar públicamente a sus detractores? Claro que no. Ahora es demasiado tarde. Sus mejores momentos son los encuentros con mandatarios internacionales, a base de discursos hechos, con palabras elogiosas y buenos deseos para todos. ¿Y las dificultades internas, aquéllas que otros cometen y se las endilgan a él con el apoyo de las redes sociales? ¿Acaso sus jóvenes colaboradores no pueden llevar a cabo una defensa o una contra campaña? Les urge un curso de manejo de crisis.

Ello lo ha hecho cauto en exceso. No se presta a ser entrevistado por periodistas críticos, lo sobreprotegen, y para colmo, en un momento estelar se fuga El Chapo poniendo al descubierto la cloaca que es México. Antes habían aparecido las propiedades de Videgaray y de su propia esposa, lo que contribuyó a la baja de popularidad. Según datos de Reforma, únicamente el 34% de los mexicanos aprueban su gestión. En las redes sociales es el villano favorito para ensañarse. Todo sin que su equipo de asesores y de comunicación social haga algo inteligente y audaz. A lo sumo lo cuidan en exceso y eso lo aleja de la población.

En tal contexto ceñido, se necesitaba que al PRI llegara un hombre experto y de tal forma aparece Manlio Fabio, quien, según dicen los medios, tiene una amplia popularidad aún entre los rivales de su partido. Sin duda tratará de enmendar el rumbo, lo que no es fácil. El DF no será en el corto plazo una plaza priista, seguirá en manos del PRD y de Morena. La idea de eliminar la “sana distancia” establecida por Zedillo entre el partido y Los Pinos llega tarde y hasta hoy no veo que produzca emoción popular. Lo único que desean los priistas es darle apoyo a Peña Nieto, que tampoco es un hombre de partido sino resultado de un carisma ya exhausto.

El PRI siempre ha protegido al presidente en turno, hasta Díaz Ordaz recibió un decidido respaldo. Pero es una maquinaria gastada, oxidada, demodé, que no marcha bien. Ha obtenido triunfos más por los errores de sus opositores que por sus aciertos. El discurso oficial está trillado y es como el de Peña Nieto, tedioso y repetitivo. Se requieren golpes de audacia, un sincero arrepentimiento por los muchos desatinos cometidos y propuestas innovadoras. Reformas las hay, pero no sabemos si nos conducirán a ser como España o quedaremos como Grecia, endeudada y en manos de una plutocracia imbatible.

Me parece que la llegada al PRI de Beltrones es un acierto que obtiene más por sus méritos personales que por la generosidad del partido y de Peña Nieto. Esperemos que un sonorense se entienda con los mexiquenses, quienes hasta ahora sólo han mostrado una total inexperiencia y muy pobres aciertos.

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