Tantadel

septiembre 11, 2015

Ahora sobre el Víctor Roura, editor

Periodista y literato, Víctor Roura ha sido siempre un editor. Editó por lustros la sección cultural de El Financiero y allí hizo periodismo cultural de altísimo rango. No somos pocos quienes lo consideramos uno de los mejores en una nación que ha brindado notables ejemplos de tal especialidad. Hace algún tiempo, Roura salió del diario en el que prácticamente vivió y se lanzó a un proyecto personal: el resultado es La digna metáfora. No una sección, sino una revista cultural de amplio formato y excelentes materiales. Aparte de digna, es una muy hermosa metáfora, ojalá que en este país mal gobernado y con planes (aquí tiemblo de terror) para la SEP y la creación de la secretaría de cultura, tenga una larga y buena vida.

Pero Víctor Roura es inquieto e inquietante y ahora ha arrancado una colección de literatura en Ediciones El Ermitaño, de Alejandro Zenker. Sirvan estas líneas para agradecerle a mi querido Víctor que uno de los libros iniciales sea mío: Cuentos de hadas amorosas. Relatos eróticos y, espero, humorísticos. El volumen físicamente es hermoso y sin duda original. Su formato novedoso y bien cuidado. Por ahora, no hay escritor más contento que yo.

El problema de Víctor Roura, como el mío, es que el periodismo cultural en México más parece un espécimen en extinción que un arte vigoroso. Lo poco que tenemos a la mano es flojo y poco crítico, con frecuencia informativo y se ocupa, como ha sido tradición mexicana, de elogiar a los amigos, a las gastadas celebridades, sin dar oportunidad a los autores, viejos o jóvenes, que refrescan las letras nacionales.

Si antes México en lo cultural fue dominado por grupos y mafias integradas por glorias nacionales, lo que padecemos ahora son chiquimafias. Pequeños grupos que se unen en busca del éxito y consecuentemente de poder. Ocupan cargos políticos o diplomáticos e invariablemente se las ingenian para obtener premios y más premios metálicos, en su mayoría provenientes del poder. Forman grupos (a diferencia de los antiguos, unificados en torno a principios literarios o a generaciones inquietas y preocupadas por el arte), que aman los viajes y el gozar de becas y reconocimientos a granel.

Roura ha preferido ir a contracorriente. Es, a diferencia de los intelectuales dominantes en la burocracia, discreto y de una asombrosa sencillez y generosidad. En octubre próximo, la UAM-X tendrá a Víctor Roura hablando de su intenso trabajo literario y periodístico que ha hecho toda su vida. Será para nosotros un honor, tenerlo y escuchar de sus grandes batallas por la cultura nacional, dadas casi en soledad.

Roura sabe que los tiempos han cambiado para empeorar y trata de mantener su estilo de trabajo: limpio, agudo y sobre todo crítico. Durante los años que estuvo en El Financiero, supo formar literatos y periodistas especializados. Entre los estudiantes de Comunicación es un hombre respetado, que ha tejido su propia biografía a base de un trabajo intenso, honesto y transparente.

Ignoro cómo le va con su revista cultural del mismo modo que ignoro cómo lo tratará la vida como editor. La verdad es que algo me preocupa y no es tanto su periodismo como su literatura. La suya es una sutil e inteligente mezcla de géneros periodísticos y literarios. No son ya tan nuevos sus resultados, ha corrido mucha tinta desde que Tom Wolfe, Norman Mailer y Truman Capote inventaron el Nuevo Periodismo, pero en los textos breves de Roura la inteligencia, el sentido de la ironía y la cultura se combinan para producir un arte singular. Me gustaría que en su conferencia prometida nos hable de cómo logró manejar a su antojo dos fórmulas que por siglos imaginamos distantes, en cajones diferentes.

Cuando mi libro estuvo listo, Víctor me habló por teléfono para decirme emocionado que ya lo tenía en las manos. No supe cómo agradecerle su gesto desprendido. Ahora lo hago por escrito. Cuando “competíamos” en cuestiones de periodismo cultural, yo en Excélsior y él, muy joven, en El Financiero, jamás pensé que me ayudaría en un momento difícil, no sólo para mí, sino para multitud de narradores y poetas que trabajamos lejos de la burocracia y distantes de las adulaciones. No fuimos rivales, sino colegas en distintos medios. Ahora no sólo somos colegas como siempre, sino que él es mi editor y amigo.

Hasta hoy no he tenido que recurrir a las editoriales, a ninguna, fui afortunado, ellas me llamaron. Nuevos narradores tocan a sus puertas, yo me mantengo en mi medio, las universidades públicas, a veces editan algunos libros míos, viejos o recientes. Lo que ahora he visto en Víctor Roura es un acto de caballerosidad inaudito en un país que disfruta viendo las pugnas artísticas, cómo suben unos y otros descienden sin que medie la crítica literaria, sino la feroz enemistad.

No hay comentarios.: