Tantadel

septiembre 02, 2015

Los privilegiados de México

Cuando estaba en el bachillerato, en la Prepa 7, entonces en Licenciado Verdad, a un lado de dos culturas, la azteca, los restos del Templo Mayor, la española, la Catedral Metropolitana y Palacio Nacional, algún maestro solía hacer frases atinadas. Alguna se me grabó. Dijo que, hablando de privilegiados, en la Unión Soviética eran los niños, en París los estudiantes y en México los diputados. Eran otros tiempos y mi profesor no dejaba de tener razón en su ironía. Entonces los diputados, pese a su menor rango en relación a los senadores, disfrutaban de un respeto que rayaba en el temor. Mis compañeros más ambiciosos que ya no querían ser bomberos o médicos, deseaban ser diputados, era sinónimo de riqueza y poder arbitrario que le daba el fuero.

Los diputados  de aquella época, el genial Abel Quesada solía dibujarlos gordos, barrigones más bien, de traje desaliñado, con frecuencia con una pistola al cinto, prepotentes y con un habano en la boca. En la Cámara Baja había uno o dos que no pertenecían al PRI.

Los tiempos han cambiado. En París los estudiantes no son privilegiados y la Unión Soviética no existe más. Pero México es inamovible. El PRI, luego de un coscorrón que le dio la sociedad, sigue dominando. La diferencia es que gobierna un país que en sus manos se diluyó sin conseguir modificaciones de fondo. La política social que fue su orgullo, que venía directamente de la Revolución Mexicana, ha desaparecido por más que hayan oficializado las dádivas estatales. El desempleo cunde y una de las mejores pruebas está en los millones de mexicanos que han emigrado a EU. Los diputados, fieles a su tradición, siguen viviendo paraísos reales de tres años y más porque la reelección existe aunque no sea en el siguiente periodo. Sus sueldos, para los tiempos que corren, con el dólar en las nubes y el costo de la vida son asimismo muy elevados, notables. Y no quedan allí, los legisladores que ahora son esbeltos, hacen públicamente ejercicio, compiten en cuanta carrera maratónica solicitan Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera, visten con elegancia, suelen ser abstemios y no toman sal en exceso, perciben gastos extras escandalosos, Les dan viáticos, les añaden recursos por las comisiones asignadas, tienen gastos médicos mayores, choferes, un aceptable servicio de guardaespaldas y el Iphone más novedoso. Esto sin contar gastos de representación, edecanes y secretarias siempre muy atractivas o atractivos, cuestión de género.

Pienso ahora que es tarde y que he agotado mi vida dando clases en la UNAM y en la UAM, que debí ser diputado, donde no se necesita título académico, nadie te exige conocer a fondo las leyes del país, si quieres hablar lo haces, si prefieres dormitar, nadie te lo impide. El asunto, en todo caso, es pasar lista y punto. Los que ambicionan una larga carrera optan por pedir la palabra y ofender a sus opositores de otros partidos.

Pero las cosas no paran allí. Algunos, por su cercanía al partido de sus preferencias momentáneas, llegan por la vía plurinominal; es decir, ni siquiera hacen campaña. Todos dicen conocer los problemas de su región, pero el caso es que apenas la han visto. Para colmo, la política se hace un la ciudad capital y entonces es frecuente verlos arrogantes en los restaurantes de lujo o en camionetas espléndidas, acompañados por un séquito de guardias armados discretamente. Por eso debí ser diputado, no creo que su trabajo sea muy complejo. Ni siquiera hablan otros idiomas. Con trabajos hablan español. Es evidente que cualquiera puede hacerlo, supongo que hasta un maestro universitario como yo.

De la diputación es posible saltar a senador y luego a secretario de Estado y finalmente, si los dioses lo favorecen, llegar a presidente de la República. Aunque me parece que esto no es tan sencillo como antes. No recuerdo, en los lustros recientes, personajes que hayan llegado a Los Pinos arrancando o pasando por la Cámara de Diputados. Pero no es extraño en el caso de gobernadores cuya carrera política pareciera exhausta por sus magros y discutibles resultados.

Sin embargo, sigue siendo una aceptable y decorosa por bien remunerada tarea al servicio de la patria. Que ya no inspiran respeto o temor es verdad, pero los ingresos son francamente envidiables. Un profesor de alto rango, no llega a obtener una de esas magníficas dietas por sólo arrellanarse en una cómoda curul.

Finalmente, una pregunta: ¿usted ha visto un diputado triste? Siempre aparecen radiantes, como si salvarán al mundo con sus patéticas tareas legislativas y su irrefrenable parloteo, plagado de lugares comunes. Veamos un caso: César Camacho a quien como jefe del PRI vimos más de una vez con rostro de preocupación, desde que obtuvo una curul por la vergonzosa vía plurinominal, siempre aparece no sólo sonriente sino que acabo de verlo lanzar estruendosas carcajadas.

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