Tantadel

septiembre 07, 2015

Modernidad, basura y lluvias

La modernidad, los avances de la ciencia, las nuevas tecnologías, todo lo que el hombre inventa para hacernos más confortable la existencia, tiene dos problemas, uno es la brecha social, la contradicción que Marx llamaba principal, aquélla que nos divide en pobres y ricos de distintos matices. Pero la otra dificultad es la enorme cantidad de desechos que arrojan los supuestos logros de la ciencia. Sin contar la sofisticación de las armas de diversa índole, nos hemos convertido en inmensos consumidores de productos chatarra que bien envueltos, protegidos o embotellados por elementos que no suelen ser reciclables o no lo son con la misma celeridad y cantidades que aparecen e inundan inmensos mercados, terminan obviamente por ser basura.

Las autoridades capitalinas tienen razón cuando nos dicen que las recientes y atroces inundaciones son el resultado de las toneladas de basura que a diario produce solamente la glotona ciudad de México. Un páramo para el consumismo y una fábrica eficaz de desechos. Pero a cambio no explican que no hay educación cívica y social. No hay campañas serias para educar a la población para que, como decía hace años un eslogan publicitario oficial: “ponga la basura en su lugar”. La tiran donde pueden o quieren. Pero seamos claros. Así lo hacen porque el sistema de recolección en el DF es fatal y jamás prospera por las malas autoridades y la ausencia de proyectos de recolección y reciclado de desperdicios y finalmente por la corrupción.

Las pasadas inundaciones produjeron verdaderos lagos en las calles, inundaciones severas que alteraron la vida en muchas zonas. En algún lugar salieron a relucir por el impulso de las aguas pluviales, San Antonio y Periférico, 28 metros cúbicos de desechos que agravaron la situación. Fue una tarde infernal para toda suerte de capitalinos, padecieron los ricos y los pobres peatones. En más de un punto la altura del agua rebasó el metro y medio.

Los ciudadanos, en la lógica oficial, somos los culpables y no deja de ser cierto, pero nunca aparecen campañas eficaces para que la ciudadanía sea limpia y ordenada. No sabemos las consecuencias que la basura puede traernos ni los beneficios que reciben ciudades tan populosas como la nuestra, pero ordenadas y limpias.

Pienso en mi calle en Tlalpan. Nunca barren, las autoridades delegacionales han tolerado y estimulado la presencia de toda clase de puestos de comida chatarra o poco higiénica. Los vendedores ambulantes proliferan y a los parques y bosques públicos llega gente incapaz de poner la basura en un lugar adecuado porque no existe. Unos vecinos me dicen que llevan las bolsas de basura a los almacenes comerciales donde suelen poner botes, otros las llevan consigo y las depositan en los sitios menos adecuados. El caso es deshacerse de ella porque en casa evidentemente es un estorbo y una fuente de suciedad.

Si las autoridades en lugar de promover a toda costa el deporte (que dicho sea de paso contribuye a ensuciar con vasos, botellas y bolsas de plástico las calles por donde estorban el tránsito vehicular intenso que padecemos), hicieran competencias culturales, hazañas para limpiar calles, impedir que destruyen o pongan grafitis en las paredes de casas y monumentos, la ciudad sería otra y ejemplar. Veo a Miguel Ángel Mancera correr por toda la ciudad, organiza maratones, participa en ellos, utiliza la bicicleta, está bien, pero no hay ninguna campaña real y seria para que la ciudadanía desista del uso de su majestad el auto. Me gustaría ver a las autoridades haciendo campaña personal por la lectura, estimulando el intelecto. No sólo el deporte. Sé de su valor, pero cultivar la inteligencia es asimismo importante. Si la población fuera más culta, no tendríamos tantos problemas urbanos y de civilidad.

Las delegaciones tampoco hacen su trabajo. No existen contenedores de basura adecuados, sobre todo en lugares públicos ni tampoco en las colonias. Los camiones de basura la recogen cuando se les da la gana o les pagan por hacerlo. Si de dinero se trata, deberían de poner una cuota para que la gente pague y no tire sus desperdicios en cualquier lugar. 

El problema de la basura en la ciudad de México es grave, las autoridades no han querido o no han podido solucionarlo. El sindicato del DF es poderoso y controla a los basureros. En  la cadena de recolección hay muchas personas que no reciben ningún salario, viven de las propinas. Sería un gran éxito si Mancera solucionara este terrible servicio de recolección de basura. No solo los capitalinos se lo agradeceríamos, sino sería un alivio para esta atribulada ciudad.

La capital vive en permanente peligro, es frágil, ya lo hemos visto, pero lo que hacen sus autoridades desde hace décadas es fomentar su crecimiento y no hay una planeación adecuada para evitar que la basura nos ponga en riesgo.

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