Tantadel

septiembre 25, 2015

Políticos bicicleteros

No sólo en materia de corrupción los mexicanos somos de los mejores del mundo, tenemos uno de los primeros lugares, también en demagogia, en charlatanería tenemos lo nuestro. Basta escucharlos hablar para saber que mienten, exageran y tratan de convencernos con mentiras y estupidez. Antier decidieron mostrarle al mundo cuan ecológicos son y para no contaminar y hacer algo de ejercicio, muy poco, por cierto, optaron por dejar sus lujosos vehículos y caminar o tomar el Metro o llegar a sus tareas nada productivas en bicicleta, a pie en taxi. Los fotógrafos, muertos de risa, se dieron vuelo retratándolos, los reporteros ironizando a funcionarios ridículos. No sólo pude verlos en las agudas notas de La Crónica, sino que vi a más de uno en el Centro Histórico.

Una de las notas (de Luciano Franco, Blanca Estela Botello y Omar Flores) arrancaba con marcada ironía: “Diputados de todos los partidos llegaron ayer a la Cámara baja en bicicleta, Metro y Metrobús, en cumplimiento de un acuerdo cameral, logrado días atrás por consenso y sin la menor dificultad, para prescindir por única vez en el año de los lujosos vehículo en que habitualmente se desplazan, en el Día Mundial sin Automóvil”. Imagino que en EU, Obama salió de la Casa Blanca caminando y que en Londres la reina optó por utilizar triciclo para no ser menos que los legisladores mexicanos.

Las fotografías son grotescas. Ricardo Anaya, César Camacho y Miguel Mancera (bien entrenado a causa de los dos mil maratones en los que ha participado) y cientos más de altos funcionarios se dejaban ver sonrientes, alardeando de excelente condición física, con ropa formal o deportiva, pero de lujo, caminando o en bicicleta. Mancera se llevó las palmas y seguro conquistó votos de ingenuos al llegar al Museo Tamayo en taxi eléctrico. Todavía tuvo tiempo de afirmar que sólo los vehículos autorizados a circular son aquellos de uso social como patrullas y ambulancias.

Pero toda esta faramalla para impresionar a tontos tuvo buen fin. El regreso del trabajo ya no fue en bicicleta, sino en lujosas camionetas. Los reporteros gráficos consiguieron excelentes tomas de senadores, diputados y toda clase de zoología política ya en sus hermosos transportes de gasolina: camionetas Rouge, Acadia, Navigator, Suburban y Cadillac. Obvio, con choferes bien vestidos y sus respectivos guaruras.

Los equipos de prensa de los políticos corrían entre los periodistas que cubrían el acto demagógico y explicaban cuánto tiempo llevaban pedaleando. Los ciclistas eran los más sonrientes. Hubo diputados que llegaron a caminar hasta tres calles para llegar exhaustos a dormir en sus respectivas curules. La mayoría vestía elegante traje, distinguidos cascos modernos y bicicletas de bellas líneas modernas. Todos sonreían ante los desconcertados ciudadanos que suelen caminar o utilizar el Metro. Iban felices, como a un gozoso día de campo. Muchos pensaban, estoy seguro, en sus futuros gloriosos, el asambleísta olvidaba sus fraudes y se veía ya como legislador federal, el diputado, igualmente deshonesto, como senador. Y así todos en las desconcertantes caravanas de políticos ineptos en sus tareas al servicio de México, pero orgullosos de pasar unos minutos sin contaminar al pobre DF.

Pero tuvieron cuidado, la ciudad capital no es segura y todos ellos traían encima relojes, joyas y carteras abultadas, así que, por ejemplo, el secretario de Seguridad Pública (explica Ruth Barrios Fuentes), Hiram Almeida, viajó en Metro hacia sus oficinas; durante todo el trayecto fue custodiado por sus guardaespaldas.

Para variar, la policía desvío el flujo vehicular y ello produjo no pocos problemas a los que habitualmente usan transporte público o simplemente caminan a diario hacia sus trabajos. Mancera hizo severas críticas a quienes no entienden el cambio climático, sólo lo sienten. Sin pensar un segundo en que todos aquellos políticos convirtieron de nuevo en una fuente de contaminación al Centro al provocar embotellamientos. Los rumores de que habría manifestaciones por los crímenes de Estado cometidos el año pasado, donde todos los partidos tienen dosis de responsabilidad, hizo pesado el tránsito habitual y todo ello fue una enorme molestia para los peatones.

Pero ya pasó todo el problemón. Los políticos sólo volverán a dejar sus costosos vehículos dentro de 365 días. Como ven, la ciudad capital al menos está a salvo de emisiones contaminantes. Un logro de diputados, asambleístas y senadores. Vale la pena añadir que el impetuoso panista Ricardo Anaya y su coordinador de la bancada derechista, Marko Cortés, partieron a su penosa ruta bien escoltados por unidades de la policía capitalina, esos que en serio contaminan y que nunca son usados para perseguir rufianes, sino para protegerlos.

¿Qué hemos hecho los mexicanos para tener una clase gobernante demagógica y con una marcada charlatanería?

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